
A cada quien, un denario.
A.J. Cronin.
Extendiéndonos mas allá, en relación al libro de A.J. Cronin, conocido en inglés como -Beyond this place-, que algunos de nosotros conocimos como -A cada quien un denario- y que leímos en la década de los años 60(sesenta) del siglo pasado, en el que hace referencia a la parábola de la Biblia en la que se habla de los denarios, es pertinente tratar en algún modo de comprender. El sentido de esta enseñanza en Mateo 20, 1-16. Nos dice: El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: -Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo-. Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo.
Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía a otros que estaban en la plaza y les dijo: ¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar? Ellos les respondieron: -Porque nadie nos ha contratado-. Él les dijo: Vayan también ustedes a mi viña. A todos y cada uno, al final del día, se les pagará: Un denario.
La justicia no se mide por cantidades. Mucho menos la temporalidad. Así hubieren llegado a la viña más temprano o más tarde los trabajadores, lo que se pagó fue el trabajo que dio fruto, comprender que no se mide la fuerza del alma observando las horas invertidas en su progreso, todo importa mientras haya crecimiento.
En la vida diaria, estamos acostumbrados a medir las cosas en cantidades. Demasiado demandante, ¿no crees? Y nos dirigimos a pensar, que ahí se encuentra lo justo. Lo que nos da certeza de vida es cuando la realidad en el ámbito del alma todo se asienta y pueda que tan solo en un solo segundo se dé la luz. La revelación de la verdad no tiene ni tiempo ni hora, simplemente, llega.
Para vivir de verdad es necesario un equilibrio. Este, se da entre lo que la vida nos permite vivir con la máxima plenitud de calidad, y el cumplimiento de la misión encomendada. Si vamos de la mano de las enseñanzas atinadas, no hay miedo que valga, y aunque la vida pareciera como un objetivo a cumplir en cantidades, es justo y necesario no olvidar la calidad de lo que se vive, es lo que dará una cuenta verdadera.
Cuando cumplimos y nada más nos importa eso, nos engulle como un monstruo, como aquel come galletas, reducimos la vivencia a algo demasiado contable, y siempre tenemos un sentimiento de que ¿algo falta…? Ya que nunca es suficiente lo contable. De esos ámbitos nace la insaciedad.
El formato de la verdad es único. Es la realidad la que le contiene y es la mente la que le comprende. En algunas ocasiones nos da datos como de sinsabores, que nos implican un sufrir que no logramos abatir. Para saber en cuanto y cómo estamos dispuestos a transformar eso engañoso, que no es sufrimiento sino tan solo pruebas de vida, hay que apelar al interior, ya que solo transitar cumpliendo tareas asignadas y contables, que creemos que se pagarán en la viña de la vida como un jornal de tiempo completo, pueda que sea falaz. En los lares de la luz, no se miden tareas por el tiempo que uno les asigna, no es lo numérico lo que cuenta, es la sustancia. Cuando transformamos los eventos vitales, hacemos parte de nosotros la esencia de Dios. Es por eso que cuando la realidad se trastoca, y le exigimos de mas, pareciera que vamos como robots y no como seres humanos.
A la vida diaria se le asigna la creatividad con la buena actitud. Esa es la porción que podremos aportar y eso mismo dará claridad a las razones y ordenamientos. Es probable que, sin ser de gran cuantía, sean eventos mas remunerativos al ser.
Se dice mucho dentro de la tradición católica que no somos creadores. La acción de crear pertenece tan solo al creador, somos meros transformadores. Si la realidad se nos confunde ¿Cómo vamos a poder dar esa parte que transforma? Es por eso mismo, que hay que saber distinguir lo que nos toca hacer, para no entrar en ámbitos amargos o indefinidos. El distinguir la acción creativa, es todo un don otorgado, mas hay que tener intuición y paciencia para que se haga evidente, eso mismo nos permite no caer en la acción de meros cumplidores, a veces de exigencias que no solo nos demanda la vida misma como personas, sino en el ámbito en el que nos desempeñamos. El transformar la realidad, es decir vivirla, nos aleja de estar dando pan y circo a la existencia. Puede aparecer la necedad.
Es muy cierto lo que ha dicho San Agustín:
-Vuelve a tu corazón, y ahí encontraras a aquel de quien te apartaste-.
Volver al corazón no significa que seamos emotivos ante las acciones, sino que seamos genuinos en lo justo del camino otorgado.
Todo ha partido del corazón inquieto del homo. Convertir más allá lo conocido en teoría y práctica, es la transformación de la razón que se lleva con orden, la base de la ciencia. Cuidar la teoría en la que creemos, si nos vamos con las fintas de las ideologías, a veces es solo conocimiento que no se ha depurado, y es engañoso.
Los pasajes de los libros muestran solo parte de la verdad absoluta. Están a la orden del día y cada vez más, los postulados falsos, las mentiras. Todos necesitamos acrecentar la espiritualidad, y esto, no se hace al garete.
En las páginas del libro comentado, de la autoría de Gogol,-El diario de un loco- se aparece el sentido del remordimiento, el de la inquietud, así como el dolor, todas inquietudes de la condición humana muy validas y todas salvables con actitud y conocimiento realista.
Sí se aparece el sentido de la misericordia, como la define Graham Greene:
-Mirar con adecuación la miseria del otro, esa que está en su corazón-.
Esa adecuación nunca es crítica. Mucho menos de desprecio al otro, es compasión bien entendida ese mirar con misericordia, es ponernos en los zapatos de quien está a nuestro lado.
Nunca minimizar a nadie. Cuando nos toca acompañar a quien lo necesita, es unirnos a su situación con empatía, dejando que resuelva desde su propio centro.
Vamos revisando la libreta número 100 (cien), de los escritos personales.
El corazón, sigue inquieto, y seguirá.
Si las actitudes no se proponen con el bien en la mano, se afecta todo. La psique del ser humano con facilidad se trastoca, entra el stress, vamos como a ciegas.
Nos dice Santo Tomás de Aquino:
1.Ignorancia: Perdida de la claridad, sí que hay que hacer esfuerzos para estar en la verdad.
2.Malicia: Perdida de la voluntad del bien, somos egoístas por apatía espiritual.
3.Debilidad: Perdida del esfuerzo, sabemos que no se puede hacer todo, pero hay que saber infundirnos fortalezas, para lo que sí es posible.
4.Concupiscencia: Perdida de la razón, afectamos la templanza.
¿Puede la vida misma, paralizarnos?, es un hecho que sí. No venimos al mundo para que con lo vivido nos pasmemos, sino a transformar en acción vivida.
Y, lo que queda claro es que no es fácil llevar la buena teoría a la práctica, mas esa es la encomienda.
¿Qué define, la afinidad entre los seres humano?
Pensaríamos que es una facultad espiritual difícil, o que puede darse sola, o como si tan solo debiéramos pensar todos de la misma manera. Nada de eso. Aun teniendo tareas diversas y siendo muy discrepantes entre nosotros los homos, podremos ser compañeros mentales con las convicciones y postulados que se complementan. Eso es afinidad.
¡Interactuar! Solo por el gusto de hacerlo. No todo mundo lo logra. Hay personalidades que solo buscan beneficios materiales tangibles, contantes y sonantes.
Creemos que todo se puede solo con la razón terrenal, sin darnos cuenta del valor de que hay una diferencia entre lo que se vive, con lo que se cumple.
Si cumplimos, ¡claro que avanzamos!, un tanto cómo en sequedad. El pulsar dentro de uno mismo es de otra índole, es luz que guía a la vida misma.
En el taller de filosofía analizamos como le afectan al ser humano los excesos en los deseos actuales. Desordenados los ámbitos, solo crean más confusión.
Se quiere todo, a toda costa. Al precio que sea tener lo que demanda el mundo. Luego averiguamos, luego recomponemos. El precio es alto.
Vimos una película llamada -The Room-. En español: -El cuarto de los deseos-.
Filmada en 2019. Muy inquietante, interesante. Doloroso en sí mismo el tema, nos hace notar a cada paso la consecuencia del exceso de ese desear, que pareciendo tan natural, no lo es. Puede corromperse al alma.
Pareciera que hemos venido a cumplir órdenes de afuera de nosotros. Como pedidos que le hacen creer al ser humano que existen por ser genuinos y que ahí habita un tópico feliz, luego vemos que dura nada, la Nadidad se impone.
Hoy día, que todo se percibe mucho más fácil de lograr, la comercialización nos ha hecho entrar a ese cuarto, casi tal cual sucede en la película, en donde todo lo que se puede tener con solo desearlo, se hace realidad. Realidad hueca.
De pronto, como que no hay realidad a la medida de cada ser. Se llega a pensar: si todos tienen, todos tienen que tener. Como si fuera obligación poseer todo.
La vida misma ante todo es, un Don.
Si no entendemos ese sentido de donación, es claro que creemos que podremos manejar las cosas al antojo. La vida no es de caprichos, es de verdades reales.
En la película se da una situación pico: La joven quiere ser madre y no lo logra. El cuarto le proporciona un hijo, producto del deseo y es imposible que sea realmente un hijo, como tal. Todo lo que ese cuarto les daba, solo podría ser parte del interior de la casa, no podían salir, afuera nada de eso era real ¡se ¡desintegraba! Así que cuando el niño tiene que quedarse dentro de casa porque si sale se desvanece, empieza la realidad de la película a ser espeluznante, como diciendo: todo deseo mal habido se vuelve en nuestra contra, y el trabajo de redención comienza.
La abundancia absurda se hace presente. Como que nos rodea y nos aplasta.
Carcome toda posibilidad de disfrute real, el deseo absurdo. Más y más es la tónica que se cree valida. En mucho como se impone hoy día, el sentido de estatus.
Si hay algo sesgado que no llena tu corazón, tal vez está anclado a una serie de deseos desordenados.
Los deseos, no solo son buenos por nacer de la condición humana. No por ser seres que creemos poder con todo, eso mismo es para nosotros. Los deseos solo son ciertos si son reales. Discernir, nunca es banal ese verbo, es la esencia.
Es natural desear. Todos tendremos carencias de algún tipo y es ahí donde se cuela el acto mismo de querer eso mismo que no tenemos, como obligación.
Mas ¿Qué tan cierto es lo deseado? ¿O tal vez solo sea una ilusión?
La plenitud de la vida no es desear, es saber qué elegir.
Estamos en una época de mucho vacío existencial. Es decir, creer que sí hay cosas que nos hacen falta y las obtenemos, la vida pareciera completa. Las implicaciones de tal camino se harán evidentes con los días, animales abandonados, niños rotos.
El Eros, que es el amor en búsqueda del otro ser; según nos dice la psicofilosofa Mariluz Gonzales, -El eros está en agonía-. Creemos, que si le encontramos será la solución de vida. ¡Craso error!, el eros no solo es encontrar, sino es vivir para hacer de una pareja un plan de vida. No es el amor, es el cómo lo vemos. Se ha de lograr como donación, ante todo. Es esfuerzo vital de encontrar en el otro lo que no conocemos, descubrir. Solo es real la vida de pareja si en verdad podemos implementar en ambos sentidos: da el ser hacia el otro ser.
Luego nos damos cuenta que si ese Eros no se lleva con la dignidad profunda de la verdad, lograr admirar y proponer a quien se ha elegido, hacer todo para su bien, tal bien personal siempre se siente insatisfecho. No hay Eros que cuente mientras no veamos que el otro ser es nuestro motivo de hacer felicidad.
No todo lo que se puede, se debe. (Continuará)



