
Por Faulo M. Sánchez Novelo
Agradezco la invitación de mis amigos José Antonio Ruiz Silva y Jorge Victoria Ojeda para ingresar a la Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán, A. C., lo mismo que a todos sus integrantes que amablemente me han dado la bienvenida el día de hoy.
El título de mi charla es La educación primaria en Yucatán en 1892, pero antes de entrar propiamente en materia me gustaría referirme a un documento que encontré en el Archivo General del Estado de Yucatán (AGEY) cuyo contenido no refuta, sino que respalda la creencia ancestral de que siempre es prudente tener precaución con las cifras oficiales.
En un oficio que N. C. Otero le envía al gobernador del Estado en mayo de 1902, luego de ser designado como encargado de la sección de estadísticas de la administración, le dice que en la información relativa a Yucatán, remitida por las jefaturas políticas, había encontrado datos que le parecían imprecisos, poco claros, exagerados y en última instancia falsos. Añade que al tratar de corregirlos, con base en la información contenida en los anuarios publicados por la Secretaría de Fomento federal, se encontró, no sin sorpresa, que también esos impresos estaban llenos de errores. Un ejemplo: allí se consignaba que en la entidad se publicaban en aquel entonces 25 periódicos, cinco de ellos en inglés. (1) Una fantasía.
(Es pertinente acotar que en época de elecciones sí proliferaban periódicos de todo tipo, pero una vez pasada la calentura política, desaparecían del panorama como por ensalmo).
Si en 1902 había problemas para recabar información precisa es válido preguntarnos cómo sería la situación una década antes, cuando se confeccionó la Reseña Histórica de la Administración del C. Coronel Daniel Traconis, Gobernador Constitucional del Estado de Yucatán, escrita por el Lic. Rodolfo S. Pérez Peniche. 1890 a 1892 (2), de la que tomamos parte de la información sobre nuestro tema.
¿Debemos, pues, andar con cautela y mantener la guardia en alto? La respuesta es afirmativa, pero con matices.
Recordemos brevemente que esta obra salió a la luz en 1893 con dos objetivos evidentes: resaltar la trayectoria militar de Traconis y dejar constancia del cambio que, a juicio del autor, experimentaban para bien la administración pública en particular y la sociedad yucateca en general, bajo la guía de don Daniel.
El 30 de enero de 1890, con base en la ilustración, laboriosidad y otras prendas personales, el gobernador Traconis comisionó a Pérez Peniche para formar una reseña histórica documentada de su administración. De Pérez Peniche se sabe que era político –fue electo diputado a la XIII Legislatura por el VI distrito– y le entendía a la estadística.
El 7 de abril de 1891, Pérez Peniche dirigió un oficio a las autoridades superiores de la entidad, en el que les pedía abocarse a responder un interrogatorio, pero también que lo hicieran con base en documentos auténticos y mediante entrevistas con las personas que poseían la información pertinente, a fin de que los trabajos de la comisión revistieran el carácter de verdad.
El diputado Pérez Peniche subrayaba que, ante la desconfianza de los ciudadanos, aquellos autoridades tenían que esforzarse por convencerlos de que la investigación que llevarían a cabo no era un ardid para descubrir los elementos de riqueza que sirvieran de fundamento a nuevas contribuciones, sino que sus fines eran genuinamente elevados: conocer más y mejor nuestra realidad para ensanchar las relaciones mercantiles de la entidad con el resto de la república y el extranjero.
Para lograr homegeneidad en las respuestas, para luego agruparlas y consolidarlas con mayor facilidad, el presidente de la comisión elaboró cuarenta preguntas, si bien dejaba abierta la posibilidad de que los compiladores hicieran las acotaciones que juzgaran necesarias. Las preguntas iban dirigidas a identificar el lugar de donde procedían, es decir, si era ciudad, villa o pueblo, a qué partido correspondía, quiénes habían fungido como autoridades en 1890 y 1891, qué ingresos había tenido la caja municipal en esos mismos años, cuántos habitantes tenía, de qué sexo eran, cuáles eran los nombres de las haciendas, ranchos y sitios, qué número de cabezas de ganado, caballar, lanar y de cerda tenían, qué se producía, qué tipo de maquinaria se utilizaba en las industrias, en caso de que hubiera, etc.
Pero las que a nosotros nos interesan van de la 14 a la 28, pues son las que indagan sobre educación:
14 ¿Cuántas escuelas de varones tiene esa población?
15 ¿Cuántas de hembras?
16 ¿Quiénes son los directores?
17 ¿Qué dotación tienen?
18 ¿Con cuánto contribuyen las cajas del Estado?
19 ¿Y las del municipio?
20 ¿Y las de los particulares?
21 ¿Los locales en que están establecidas son propios o rentados?
22 ¿En este caso qué renta ganan y quién la paga?
23 ¿Cuántos alumnos concurren, por término medio, a ellas?
24 ¿Cuántos niños hay de cada sexo que siendo aptos para recibir instrucción no concurren a las escuelas?
25 ¿Cuál es, a juicio de Ud., la causa de esta omisión?
26 ¿Cuáles son los muebles que tiene cada escuela?
27 ¿Qué reformas y mejoras necesita cada una a juicio de su director?
28 ¿Cuándo se estableció cada escuela?
Las autoridades superiores –jueces, alcaldes, jefes políticos—respondieron el interrogatorio, aunque ninguno de ellos lo hizo en el plazo perentorio originalmente previsto de 15 días. Con esos materiales se integraron expedientes por partido, que incluían información sobre las poblaciones que los conformaban.
Pérez Peniche, obligado a hacer una síntesis, utilizó algunos datos contenidos en estos documentos para su trabajo, pero omitió otros importantes. Estos informes de 1892, que utilizaremos para introducir los matices a los que ya hice referencia, son radiografías de las comunidades urbanas y rurales; en esa época, las segundas estaban escasamente pobladas, vivían en la pobreza y consumían poca proteína animal. Y por lo que se puede percibir en la información que contienen estos documentos, los que respondieron el interrogatorio sí se tomaron la molestia de ser escrupulosos en lo que consignaban en ellos.
Empero, antes de pasar a los números me gustaría hablar un poco sobre el contexto de la educación mexicana a finales del siglo XIX.
En términos generales se afirma que durante el porfiriato la educación fue positivista; sí lo fue, pero no de manera absoluta, pues tuvo que admitir algunos principios del liberalismo.
[…] El sistema positivista plantea tres premisas principales: la ley de los tres estados, la clasificación de las ciencias, y la religión de la humanidad.
Con respecto a la primera, considera que una vez superados los pensamientos teológicos y metafísicos, serán solamente las verdades científicas, es decir, lo probado y lo real, los elementos que puedan aceptarse en la explicación de las leyes que producen y definen el acontecer.
En la segunda, las ciencias deben seguir un orden lógico a partir de las matemáticas; prosiguen la astronomía, la física, la química, la biología, hasta llegar finalmente a la ciencia más compleja, la sociología.
La tercera, se excluye la necesidad de culto hacia deidades metafísicas y se considera que es la humanidad misma quien merece respeto y veneración …
Por su parte:
[…] El liberalismo político es la doctrina que proclama los derechos del hombre y la soberanía del pueblo. En contra de la forma de gobierno absolutista, enseña que todos los hombres son libres e iguales; que la libertad de cada persona se extiende hasta el punto en que no daña a los demás; que nadie impunemente puede atentar contra la persona o propiedad de otro; que todos los ciudadanos pueden desempeñar cargos públicos; que, en fin, todo hombre es libre para pensar y escribir …
La conciliación de ambas posturas filosóficas se plasmó en el lema: Libertad, Orden y Progreso.
Por otra parte, en las últimas dos décadas del siglo XIX hubo varios acontecimientos relevantes que influyeron de manera decisiva en el rumbo de la educación pública. Veamos algunos de ellos.
El Congreso Higiénico Pedagógico de 1882
Los participantes en este congreso, que se agruparon en comisiones para abordar el temario, hicieron recomendaciones como las siguientes: los edificioes escolares y los salones de clase debían estar convenientemente orientados; se debía procurar la existencia de un patio de juegos; los mesabancos deberían ser binarios (para dos alumnos), con respaldo, descanso para los pies y caja para guardar libros; el tamaño de la letra en los libros de texto debía permitir una lectura fácil y debía ser mayor en los primeros años escolares; las pizarras individuales debían ser de fácil manejo; el método de enseñanza debía cultivar todas las facultades físicas, intelectuales y morales del niño; los ejercicios debían ser graduales para desarrollar cada una de esas facultades; tenía que haber un régimen disciplinario a fin de inculcar en los alumnos el hábito de hacer el bien; los alumnos enfermos no debían acudir a la escuela para evitar el contagio de los demás y finalmente en cada escuela debía haber un servicio médico atendido por personal competente. (5)
Muchas de estas recomendaciones se pusieron en práctica, aunque de manera desigual, en tanto que otras no fueron más allá de lo asentado en el papel.
Ley sobre instrucción primaria del 23 de mayo de 1888
Desde 1885, Justo Sierra Méndez abogaba porque la educación fuera obligatoria; sin embargo, no fue sino hasta 1887 que la Cámara de Diputados comenzó a prestarle atención a la propuesta. El proyecto de ley tuvo tres etapas: se propuso el 8 de octubre de 1887, se reformó en noviembre de ese mismo año y se aprobó el mayo 23 de 1888.
Según ese ordenamiento, la enseñanza primaria comprendía estas materias: instrucción moral y cívica, lengua nacional, lectura y escritura, nociones de cálculo aritmético y geometría, elementos de las ciencias fundamentales de observación y experimentación, datos elementales de geografía y nociones de historia natural, dibujo, canto coral, manejo de útiles de los oficios mecánicos, ejercicios gimnásticos, ejercicios militares (para niños de la primaria superior) y labores manuales para niñas. Las escuelas debían laborar diez meses al año, cinco días a la semana y seis horas al día. (6)
Primer Congreso de Instrucción. México, D. F., diciembre 1º de 1880-marzo 31 de 1890
El objetivo de este primer congreso fue uniformar los diversos programas de enseñanza que existían en el país a nivel primaria, preparatoria y profesional y hacer de la educación un instrumento de unidad, engrandecimiento y prosperidad nacionales.
De los numerosos temas abordados en este congreso nos interesa el relacionado con el proyecto de currículo para la primaria elemental, que fue como sigue: moral práctica, lengua nacional (enseñanza de escritura y lectura), nociones de ciencias físicas y naturales, nociones de historia patria, canto, labores manuales, instrucción cívica, lecciones de cosas, aritmética, nociones prácticas de geometría, nociones de geografía, dibujo y gimnasia.
Otros temas importantes fueron los relacionados con el establecimiento de escuelas rurales –en haciendas, rancherías, y pueblos que no fueran cabeceras municipales–, el servicio de maestros ambulantes para atender comunidades aisladas y el establecimiento de colonias infantiles, a semejanza de las que existían en Motzorongo y Zongolica, Veracruz.
Sobre los métodos se estableció lo siguiente:
[…] En la forma de enseñanza, se ajustará el maestro a las siguientes condiciones: las lecciones de memoria se harán por medio de un texto; las clases serán orales; la forma socrática se usará de preferencia y se limitará el uso de la forma expositiva dogmática a los casos de estricta necesidad; el maestro dirigirá las preguntas a todo el grupo, y permitirá que un solo estudiante conteste; las respuestas a coro se limitarán a los casos en que aquéllas exijan pocas o determinadas palabras …
En materia de escuelas normales se recomendó fundarlas con base en el modelo de la que operaba en el Distrito Federal, es decir, con planteles de enseñanza elemental y superior anexas para la práctica de los futuros profesores. También se propuso un currículo que debería cursarse durante cinco años. Los docentes debían estudiar antropología pedagógica, español, inglés, gramática general y literatura, geometría plana y del espacio, historia natural, física, geografía, instrucción cívica, lógica, teneduría de libros, dibujo, gimnasia, higiene escolar, francés, aritmética, álgebra, trigonometría rectilínea, mecánica, química, historia, economía política, moral, caligrafía, música vocal y pedagogía.
Segundo Congreso de Instrucción. Diciembre 1º de 1890-febrero 28 de 1891
Se convocó a este segundo congreso para desahogar los numerosos asuntos que dejó pendiente el primero. Entre los acuerdos más importantes figuraron los siguiente: libros de lectura con ejercicios adecuados para los alumnos, según el grado que cursaban; el maestro debía echar mano de guías metodológicas para la enseñanza de las diversas materias del currículo; se recomendó abandonar la memorización como base de la enseñanza, así como la violencia para lograr disciplina; los profesores debían ser los siguientes principios pedagógicos: ir de lo fácil a lo difícil, de lo conocido a lo desconocido, de lo concreto a lo abstracto y de lo empírico a lo racional. El congreso también presentó un nuevo currículo para las escuelas normales; en este renglón las novedades fueron incluir un idioma indígena y la reincorporación de la urbanidad, aunque las asignaturas se redujeron de 25 a 23. (8)
La reseña histórica y los matices
Ahora sí vayamos al meollo de nuestro tema. Veamos primero qué nos dice la Reseña histórica sobre educación para después contrastarla con el contenido que encontramos en los informes elaborados por las autoridades de ciudades, pueblos y villas.
El apartado sobre Instrucción Pública de la Reseña histórica va de la página 88 a la 103. Se ocupa de la instrucción pública en general, es decir, desde la elemental hasta la superior. Así, encontramos datos estadísticos e históricos del Instituto Literario, Escuela Normal de Profesores, Instituto Literario de Valladolid, Colegio Católico de San Ildefonso, Colegio de Enseñanza Primaria y Secundaria del Lic. Benito Ruz, Seminario Conciliar, Instituto Literario de Niñas, Colegio del Sagrado Corazón de Jesús, Colegio de Niñas Nuestra Señora de Yucatán e incluso sobre la apertura del Liceo Teresiano de Niñas, que comenzó a operar el primer día de 1893.
Enseguida proporciona los montos dedicados a la instrucción pública en Yucatán desde la restauración de la República hasta 1892. Centremos nuestra atención en los de los tres últimos años de este periodo: en 1890 se destinaron a las escuelas primarias 87,890 pesos; en 1891 subió a 88,710 pesos y finalmente en 1892 sumaron un total de 92,862 pesos. Un 46.4 por ciento de este monto se concentraban en 15 poblaciones: Mérida, Progreso, Acanceh, Ticul, Motul, Valladolid, Maxcanú, Hunucmá, Espita, Tixkokob, Tekax, Izamal, Temax, Sotuta, Tizimín y las islas tres islas que pertenecían a Yucatán.
La distribución de esta suma era notoriamente desigual: para la capital yucateca, donde se ubicaba el mayor número de escuelas, se destinaba 29,274 pesos anuales, mientras que el partido de las Islas, que incluía Holbox, Isla Mujeres y Cozumel, apenas recibía 156 pesos anuales.
Hasta el 1 de agosto de 1890 había en Yucatán 320 escuelas públicas de enseñanza primaria, de las cuales 215 eran de varones y 105 de mujeres. Concurrieron a las primeras 8,572 alumnos y 4,120 a las segundas; el total de 12,682 reflejaba 485 alumnos menos que el año anterior; la explicación oficial: entre 15 y 20 escuelas estuvieron vacantes por falta de profesores idóneos.
Desde su fundación en 1882 hasta 1892 se habían formado en la Escuela Normal 78 alumnos y se habían graduado 40 profesores que ejercían su ministerio en diversas localidades. Se aseguró que en 1893 egresarían otros 17, de manera que sumarían un total de 57 las personas que se encargarían de la enseñanza. La escuela normal tenía un presupuesto de 815 pesos mensuales. (9)
Además de las escuelas públicas elementales, había en Yucatán 20 de índole particular con un número aproximado de 1,100 asistentes y otros colegios, como el Católico, de Enseñanza Primaria y Secundaria, a los que acudían unos 150 alumnos, según se calculaba.
Pérez Peniche resaltó que durante el periodo 1890-1892 se fundaron escuelas nocturnas de varones en Tekax, Oxkutzcab y Sucopo. Escuelas diurnas en Mérida, Tizimín, Tixcancal y Pisté. Liceos de niñas en Cholul, Komchén, Papacal, Chumayel, Tixméuac, Tekom, Sucopo, Xanabá, Pixoy y Yaxkukul. En la capital se inauguraron cuatro.
Añadía que también se reabrieron muchos liceos y escuelas que estaban cerrados por falta de directores y se proveyó de útiles y libros a otros planteles, adquiridos con fondos municipales, donativos o a cuenta del erario estatal. También se distribuyó en 1892 una colección de cromo-litografías que representaban pesas y medidas del sistema decimal, que habían sido enviadas por la Secretaría de Fomento.
Recordemos que el sistema métrico decimal se había adoptado en el país en marzo de 1857; el presidente Juárez lo hizo obligatorio en 1861, pero su implementación tomó muchos años. México se adhirió al tratado internacional del metro en 1890, durante el porfiriato.
Con base en los números anteriores, el autor de la reseña histórica concluyó lo siguiente: […] En ningún periodo de la vida social de Yucatán la instrucción pública ha alcanzado el brillo que tiene actualmente […] (p. 92)
¿Cierto o falso? Vayamos al detalle de lo que ocurría en los centros urbanos y en los del área rural. Ante la imposibilidad de referirnos a los 32 informes que hemos recabado hasta ahora en el AGEY, tomaremos como ejemplos un partido grande, como Valladolid, en el oriente; uno mediano, como Motul, en el noreste, y un pueblo pequeño y rural, como Pencuyut, en el sur.
Valladolid
El Partido de Valladolid tenía 21,569 habitantes y la cabecera, unos 8,000 aproximadamente, es decir, el 37 por ciento del total. Había escuelas de varones en el centro, en los suburbios y en 24 de los 25 pueblos del partido, con excepción de Sisbicchén. Los pueblos eran Chemax, Temozón, Pixoy, Ebtún, Yalcón, Kanxoc, Tixhualahtún, Dzitnup, Popolá, Nabalam, Humkú, Tesoco, Tahmuy, Yalcobá, Tikuch, Uayma, Cuncunul, Kaua, Tinum, Pisté, Chichimilá, Xocén, Tekom y Tixcacalcupul.
En cuanto a escuelas de niñas, las había en el centro, en los suburbios y en los pueblos de Chichimilá, Tekom, Tixcacalcupul, Tizimín, Uayma, Chemax y Pixoy.
Los sueldos de maestras y maestros iban de los 15 a los 30 mensuales. La mayor parte de esos emolumentos eran suministrados por el Estado, aunque algunos municipios también aportaban cuotas, por lo general reducidas. Los ciudadanos no daban ningún quinto para el sostenimiento de las escuelas públicas y en el caso específico de la sultana del oriente se precisó que en ese entonces tampoco había escuelas particulares. En cuanto a los locales, los había propios y rentados.
En el partido de Valladolid asistían 1,258 niños y 537 niñas, es decir, 1,795 en total. Según informaron las autoridades, no había niñas ni niños sin atender y los planteles estaban en buenas condiciones y contaban con suficientes muebles y útiles para llenar sus necesidades. (10)
Casi el paraíso.
Motul
El Partido de Motul tenía 14,135 habitantes y la cabecera, poco más de 5 mil habitantes aproximadamente. Había cuatro escuelas en la cabecera (una nocturna), y una en Ucí, Kiní y Muxupip, que eran los pueblos del municipio. También las había en Baca (3), Tixkuncheil (2), Dzemul (2), Telchac (2), Sinanché (2), Bokobá (2) y Cacalchén (2), poblaciones que conformaban el partido. En total había 22 escuelas, a las que asistían 280 alumnos de uno y otro sexo, pero en este caso se informó que había 90 niños y 150 niñas en rezago, es decir, que no asistían a recibir instrucción. ¿Cuál era la causa de esta omisión?
[…] 25.- A juicio de esta jefatura, la causa de esta omisión es la de estar más bien dedicados a las labores agrícolas y carecer de los recursos necesarios para presentarse con alguna decencia en los establecimientos de educación […]
Enterémonos, mediante un ejemplo, de los muebles, útiles y textos que tenían los planteles en aquellos años.
[…] 26.- Los muebles y útiles que tiene cada escuela son los siguientes: Motul 1ª escuela de varones:
Una mesa que sirve al director, tres id. largas en que escriben los alumnos, ocho bancos de madera con espaldar, uno id. grueso sin espaldar, uno id. corto y sencillo sin espaldar, un pizarrón de madera con su trípode, un estante pequeño para libros, seis percheros para sombreros en mal estado, un juego de instrumentos para la clase de dibujo lineal, varios cuerpos geométricos para la misma clase, un timbre llamador, una campanilla, una tabla en que está fijado el Reglamento interior del establecimiento, una escribanía pequeña en mal estado, un ejemplar del Romancero Nacional, uno id. de Historia Patria, uno id. Memoria sobre la Instrucción Pública en Yucatán, ocho ejemplares Curso Elemental de Geografía por Rafael Reyes Spíndola, seis id. Catecismo Constitucional por [Nicolás] Pizarro [Suárez], diez id. libro 1ºs de Mantilla, siete id. 2ºs de id., cinco colecciones del 1º al 5º año y dieciocho ejemplares del 6º de La Escuela Primaria; un libro de inscripción, un cuaderno de faltas de asistencia y un copiador de oficios […]
¿Y cómo estaba el liceo de niñas?
[…] El 1er liceo de niñas de esta ciudad tiene los muebles y útiles siguientes: tres mesas, dos para la clase de escritura y una para la directora; seis bancos, un pizarrón con trípode, un estante pequeño, un compás, una escuadra, un plano de Yucatán, un mapamundi, periódicos de La Escuela Primaria correspondientes a los años 1º, 2º, 3º, 4º, 5º y 6º, docena y media libros 1ºs de Mantilla, media docena id. segundos, del mismo autor, un libro de Historia Patria, otro titulado Memoria sobre la Instrucción Pública en Yucatán, un “Romancero Nacional”, media docena Geografías, un libro de matrículas, otro de asistencia, un timbre todo en buen estado exclusive las mesas de escritura, los bancos, el pizarrón y el plano de Yucatán […]
A diferencia de Valladolid, donde no se informó sobre qué mejoras necesitaban las escuelas, porque los profesores a quienes se solicitó esa información no la proporcionaron a tiempo, en el caso de Motul sí contamos con ella.
[…] 27.- Las mejoras que necesita cada establecimiento[,] a juicio de su director, son las siguientes:
Primera escuela de varones de esta ciudad.
Un mapa de la península de Yucatán, dos botellas [de] tinta para escribir, una cajita [de] tiza, una id. plumas de acero número 27, tres docenas [de] cabos de plumas o palillos, dos percheros para sombreros, tres colecciones [de] cuadernos de escritura método Garnier Hermanos del número 1 al 8, un tinajero, una tinaja, dos jarras, un pote de hojalata.
Escuela nocturna de id.
Tres quinqués, dos docenas libros 1ºs de Mantilla, una id. id. 2ºs de id., una cajita [de] tiza, una id. plumas de acero número 27, dos docenas [de] cabos de plumas, una botella [de] tinta, un pizarrón con trípode.
Primer liceo de niñas de id.
Un plano de la República Mexicana, una regla y dos paralelas, un semicírculo graduado, un ábaco para la enseñanza de los primeros rudimentos de Aritmética, cuatro docena cuadernos de escritura de los números 4, 5, 6 y 7, dos cajitas yeso, dos botellas [de] tinta negra …
Pencuyut
Este pueblo, que formaba parte del Partido de Tekax, tenía 604 habitantes. Solo tenía una escuela de varones, a la que asistían 25 alumnos y había 10 en rezago a causa de la pobreza de sus familias. El maestro ganaba 20 al mes y el local donde operaba el plantel era propiedad del municipio. En el renglón de útiles únicamente contaba con 1 mesa para la dirección, 2 mesas para la clase de escritura, 4 asientos, 1 pizarrón, 2 bancas. El director Apolonio Cantillo solicitó que se repararan el local de la escuela y los útiles en mal estado. (12)
Antes de concluir, me gustaría incluir dos datos relacionados con la educación. En la Reseña histórica se consigna que en 1892 había un Museo Yucateco, alojado en el local del Instituto Literario, y una muestra de objetos arqueológicos que el obispo Crescencio Carrillo y Ancona mantenía en el Palacio Arzobispal, además de cinco bibliotecas: la Cepeda, con 5 mil volúmenes; la del Instituto de Niñas, con 300 volúmenes; la Iturralde de Valladolid con 300 volúmenes, la Traconis de Ticul con 300 volúmenes y la del Colegio Católico con 5 mil volúmenes. (13)
Pues bien, diez años después, es decir, en 1902, se mantenía el Museo Arqueológico, no había ninguna sociedad científica ni literaria y en cuanto a bibliotecas el panorama era así: la Cepeda tenía 2,340 (2,660 volúmenes menos que en 1892); la del Colegio Católico, 4,068 volúmenes (932 volúmenes menos que en 1892); la Iturralde de Valladolid tenía 280 volúmenes (20 volúmenes menos que en 1892); ya no figuraba la Traconis de Ticul, pero sí otra con el mismo apellido solo que ubicada en Motul, con 322 volúmenes. En la relación figuraban cuatro nuevas: la del Apostolado de la Prensa, con 300 volúmenes; la de la Escuela de Jurisprudencia, con 250 volúmenes; la del Seminario Conciliar con 570 volúmenes y la Eligio Ancona de Progreso con 438 volúmenes. (14)
En número de usuarios a estos repositorios era el siguiente: a la Cepeda concurrían 5,400 al año; 7,300 a la del Colegio Católico; 100 a la del Apostolado de la Prensa; 40 a la de la Escuela de Jurisprudencia; 60 a la del Seminario Conciliar; 720 a la Iturralde de Valladolid; 10 a la Eligio Ancona de Progreso y 120 a la Traconis de Motul, para un total de 13,750 personas, entre niños, jóvenes y adultos al año. (15)
En síntesis, podemos decir que en 1892 las escuelas primarias rurales carecían de lo básico y los menores que no recibían instrucción eran tantos como los que sí asistían a las aulas. Las niñas estaban en desventaja, pues muchas veces no había planteles para ellas. El tono optimista que se desprende de la Reseña histórica oficial difería de la dura realidad que enfrentaba el grueso de hombres, mujeres y niños que habitaban lejos de los escasos centros urbanos en aquellos años, lo cual se reflejaba claramente en el número, condición y operación de las escuelas.
Muchas gracias.
Referencias
(1).- Fondo: Poder Ejecutivo / Sección: Instrucción Pública / Serie: Correspondencia / Año: 1902 / Caja 372.
(2).- Pérez Peniche, Rodolfo S. (1893). Reseña Histórica de la Administración del C. Coronel Daniel Traconis, Gobernador Constitucional del Estado de Yucatán, escrita por el Lic. Rodolfo S. Pérez Peniche. 1890 a 1892. Mérida, Yucatán, México. Imprenta Gamboa Guzmán, 122 pp. de texto + 25 pp. de tablas + 1 p. índice + 1 p. fe de erratas.
Véanse también: La Razón del Pueblo Núm. 826, miércoles 8 de abril de 1892, p. 4 y La Razón del Pueblo Núm. 828, miércoles 13 de abril de 1892, p. 3.
(3).- Solana, Fernando, Cardiel Reyes, Raúl y Bolaños Martínez, Raúl. (Coords.). (2010) Historia de la educación pública en México (1876-1976). México: FCE / SEP, 4ª reimp. de la 2ª ed., pp. 43-44
(4).- Solana, op. cit., p. 44.
(5).- Solana, op. cit. pp. 52-53.
(6).- Meneses Morales, Ernesto. (1983). Tendencias educativas oficiales en México, 1821-1911. México: Porrúa, pp. 360-361.
(7).- Meneses, op. cit., p. 384.
(8).- Meneses, op. cit., pp. 400-403.
(9).- Pérez Peniche, op. cit., p. 97.
(10) Valladolid: Fondo Poder Ejecutivo / Sección Ayuntamientos / Serie Correspondencia: Año inicial: 1902 / Caja 273.
(11) Motul: Fondo Poder Ejecutivo / Sección Jefatura Política de Motul / Serie Administración / Año inicial: 1892 / Caja 448 / Vol. 398 / Exp. 26.
(12) Pencuyut: Fondo Poder Ejecutivo / Sección Gobierno del Estado de Yucatán / Serie Administración / Año inicial: 1892 / Caja 448 / Vol. 398 / Exp. 21.
(13).- Pérez Peniche, op. cit., p. 103.
(14).- Fondo: Poder Ejecutivo / Sección: Instrucción Pública / Serie: Correspondencia / Año: 1902 / Caja 372.
(15).- Íbid.
(Ponencia de ingreso del autor a la Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán, A. C. Mérida, Yucatán, México, a 28 mayo de 2026)



