Opiniones

La Marcha de la Diversidad, un ejemplo de civismo y respeto

La marcha en la calle 58.

El pasado sábado 6 junio, se llevó a cabo en la ciudad de Mérida, la colorida y alegre marcha de la diversidad, que representa a todos los sectores de la comunidad LGBTTTQ+. Llama la atención el contraste tan significativo de este evento con otros de semejante propósito. Pues en esta marcha no hubo destrozos, no hubo daños a las instalaciones públicas, no hubo vejaciones y daños a monumentos. La marcha fue un caudal de colorido, música y gran alegría. A ella, concurrieron no sólo miembros de la comunidad LGBTTTQ+, sino gente común y corriente, familias enteras participaron en apoyo y dando a sus hijos una temprana lección práctica de educación sexual.

Esta es la vigésima cuarta ocasión en que esta marcha se lleva a cabo. En sus inicios, la convocatoria reunía un puñado de varios centenares de personas de gran valor civil, pues en ese entonces, el evento no contaba con ningún tipo de apoyo ni popularidad. Quienes idearon y promovieron las primeras marchas no estuvieron exentos de amenazas y riesgos, y en más de un caso, sufrieron de agresiones, tanto verbales como físicas. Desafiando a todo y a todos, hace veinticuatro años, un puñado de personas valientes, marcharon para decir en un acto público: “Así soy, y aquí estoy”. Es de total justicia nombrar a tres personajes que fueron columna vertebral de este movimiento: Gonzalo España, Alfredo Candiani y Germán Pasos Tzec. La memoria de cada uno de ellos se ilumina con la realidad en la que se ha convertido su fértil iniciativa.

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Otro aspecto de la marcha.

Hubo presencias muy destacadas, como la del matrimonio formado por el Dr. Douglas Canul y el Antrp. Pablo Alemán, quienes, con sus hijos, marcharon al frente de un turibús repleto de gente. Este vehículo circuló en representación de REPAVIH, importante asociación que lucha por la prevención y control del VIH – SIDA. Otro colorido carro fue el del centro nocturno “PAPI’S”, que llenó de música y baile el derrotero. Hubo muy destacados ejemplos de amor familiar, como el de una digna madre mestiza que portaba un cartel en el que con gran énfasis declaraba: “Soy madre de un arcoíris”.

Si bien, la primera marcha de hace veinticuatro años aglutinó poco más de trecientas personas, la marcha actual tuvo una asistencia de más de veinticinco mil gentes, de las más diversas condiciones y extracciones. Es muy importante señalar que, una gran cantidad de gente que participó en la marcha, es totalmente heterosexual, y lo hizo como un ejemplo de civismo, respeto y apoyo a la comunidad LGBTTTQ+, y dio una muestra de lo que una buena educación sexual hace en la gente de bien y con conciencia social.

Mención aparte nos merecen los hombres que, ya siendo adultos, salieron a manifestar con carteles, los sufrimientos y discriminaciones que les marcaron las infancias por la convivencia con gente intolerante y sin educación sexual.

La marcha fue concurrida, terriblemente concurrida, y dio un ejemplo de buena organización, respeto y una educación cívica relevante.

Ya quisiéramos ver esto mismo en la marcha del 8M. Aclaro: No descalifico la marcha feminista per se. Señalo con fundamento que, sus organizadoras debieran cuidar que no se les añada esa partida perfectamente identificable, pues son las que marchan a los costados y embozadas, de mujeres pagadas por quien sabe quién, y que son las cometen destrozos y tropelías que hacen que, un amplio sector de la sociedad descalifique el movimiento en su conjunto.

Pero nuestro tema de hoy es la marcha de la comunidad LGBTTTQ+, y esa fue una fiesta de luz y de color, de música y baile, de alegría contagiosa, y, lo más importante: Fue un ejemplo de civismo y respeto.

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