Opiniones

¿Realmente estamos solos?

Algo faltó en la película de Steven Spielberg “El día de la revelación”, con la cual regresó a uno de sus temas preferidos, la vida extraterrestre. Después de haberse creado una gran expectación con el tráiler promocional, donde vemos a la actriz Emily Blunt encarnando a una meteoróloga de televisión que de pronto comienza a hablar en un lenguaje desconocido, después de 2 horas y 25 minutos apoltronado en la butaca del cine, al encenderse las luces de la sala, uno se encuentra con una extraña sensación de que algo no salió bien.

La gran expectación sobre la película también tuvo que ver con los documentos desclasificados provenientes del antiguo Departamento de Guerra y de otras agencias del gobierno estadounidense que están publicando mensualmente a través de internet, una serie de oficios, transcripciones y videos que se habían mantenidos bajo reserva y que tienen que ver con el fenómeno de vida extraterrestre en todo el mundo, principalmente los Estados Unidos.

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Los seguidores de este fenómeno, y fanáticos del cineasta, también pusieron la expectativa muy en alto. Aseguraron que esta producción cinematográfica incluye escenas reales de vida alienígena, fenómenos aéreos no identificados (FANI) y Objetos Voladores No Identificados (OVNI). Entonces, a la luz de todo este entramado publicitario, uno esperaba una especie de “datos duros” visuales que, como en aquella serie de los 90’s, “Los expedientes secretos X”, nos acercaran a la verdad.

Pero la verdad es que la película lleva el sello inconfundible de la cinematografía de Spielberg, y es solo eso, una película. En todo momento el aclamado director se asegura, a través de sus magistrales tomas, de que estamos ante una obra de ficción y no documental. Y una vez establecido este pacto implícito entre creador y auditorio, debe mirarse como una obra cultural de entretenimiento y no como un documento que deba descifrarse en busca de una verdad oculta.

Y desde ahí, quizá –cada quién emitirá su juicio– creo que nos quedó debiendo. Aunque el film es disfrutable, como muchas de las películas de Spielberg, sobre todo por el tema en sí, esa fantástica ficción que representa el “qué pasaría si se confirmara que no estamos solos en el mundo”. La película pretende responder esa pregunta a través de una revelación impactante.

Si hiciéramos el ejercicio de imaginar la confirmación de vida extraterrestre quizá equivaldría al momento en que los habitantes originarios de nuestro continente observaron por primera vez la llegada de los conquistadores españoles. Los grandes navíos en altamar acercándose a la costa. ¿Cuánto miedo habrá generado, cuánta incertidumbre? Algo similar, con la vida extraterrestre generaría un impacto profundo en nuestro horizonte de expectativas, en nuestra manera de comprender la vida y el mundo.

Es interesante, en la película, el momento cuando se liberan los documentos clasificados en pugna. Todos los personajes a través de una pantalla, ya sea de televisión, computadora o celular, pero se quedan absortos mirando los videos de avistamientos de naves y vida alienígena, la contundente confirmación de lo que se sospechaba desde hace más de ocho décadas, la existencia de vida extraterrestre en nuestro planeta.

Fuera de la pantalla, el tema de la desclasificación del Departamento de Guerra de los Estados Unidos, no ofrece evidencia concluyente respecto a la vida extraterrestre. Sí se interpreta, en cambio, que la situación del fenómeno ovni fue una preocupación real para el gobierno estadunidense desde la tercera o cuarta década del siglo XX, pero la preocupación estaba ligada principalmente a que otros países como la entonces URSS estén desarrollando una tecnología superior de guerra. Algunos de los documentos desclasificados que hemos podido revisar, refieren que los primeros avistamientos fueron principalmente de pilotos de la fuerza aérea cuyas descripciones de lo observado podrían resumirse, de acuerdo a un oficio fechado el 22 de agosto de 1947, en lo siguiente:

Son objetos de superficie metálica, “cuando se observa una estela, se trata de una neblina azul-marrón clara, similar al escape de un motor de cohete. A diferencia de un cohete de combustible sólido, una observación indica que el combustible podría estar regulado, lo que sugeriría un motor de cohete de combustible líquido”, “en cuanto a la forma, todas las observaciones indican que el objeto es circular, o al menos elíptico, plano en la base y ligeramente abovedado en la parte superior”, “se han reportado vuelos entre tres y nueve objetos similares, volando en formación, siempre a velocidades superiores a 300 nudos (más de 500 kilómetros por hora)”, etc.

Otro documento, fechado meses después, luego del análisis científico realizado por los militares estadunidenses, señala que los fenómenos reportados han sido reales y no una ficción. Que, del mismo modo, “existe la posibilidad de que algunos de los incidentes sean causados ​​por fenómenos naturales, como meteoritos”. En una de las conclusiones, el documento señala que “con el conocimiento actual de EE. UU. —siempre que se lleve a cabo un desarrollo exhaustivo— es posible construir un objeto descrito en el apartado (e) anterior, con un alcance aproximado de 7000 millas a velocidades subsónicas”.

Y también precisa que es probable que los objetos hayan sido construidos por otras agencias de Estados Unidos que en aquel entonces no eran de conocimiento para el ejército. Lo que refuerza la teoría de que una de las principales preocupaciones siempre fue el avance militar. Incluso, el posterior desarrollo de un sistema satelital que resguarda el espacio más allá del planeta, forma parte de esa idea de mantener una supremacía armamentística.

Hasta la fecha, los videos desclasificados, provienen también de aeronaves del ejército gringo, que no muestran más que objetos opacos pasando a gran velocidad en algún lado de la toma. Nada concluyente ni irrefutable. Ningún cuerpo o constancia de vida extraterrestre hasta el momento ni visual ni en algún documento.

De curiosa relevancia algunas transcripciones de diálogos de astronautas con la base terrestre, reportando avistamientos en el espacio y movimientos extraños al aproximarse a la luna. Incluso con algunas fotografías de un objeto suspendido en la oscuridad, pero cuyo análisis tampoco es concluyente de vida extraterrestre.

Un dato curioso lo ofrece es un informe acontecido entre septiembre y octubre de 1947, donde un general estadunidense, el General Bertnall, reporta que fue contactado por una dama de nombre Madelina Gwynne Merchant, de Santa Fe, Nuevo México, quien describió una teoría novedosa sobre «discos voladores».

Y cito textual: “Según su teoría, se están lanzando <discos voladores> desde un laboratorio operado por los rusos en el centro de México. Afirma que estos misiles tienen como objetivo Estados Unidos para atacar importantes instalaciones de energía atómica y aeronáuticas. No hubo seguimiento de dicho informe.

Creo que aún no hacemos la pregunta correcta. Quizá nunca ha sido si estamos solos. La verdadera cuestión reside en cuánto estamos dispuestos a creer antes de contar con evidencia concluyente.

Buscamos pruebas en un momento de la historia en el que incluso es posible falsificar lo que vemos y escuchamos. Tal vez la prueba definitiva nunca exista. Apenas contamos con documentos desclasificados, indicios e interpretaciones para intentar comprender aquello que todavía se nos escapa.

La verdad está allí afuera.

Manuel Tejada Loría

Escritor, Gestor cultural, Licenciado en Literatura Latinoamericana por la Universidad Autónoma de Yucatán. Premio Internacional de Poesía Mérida (2016) con el poemario "Inmóvil en el viento", y Premio Estatal de Poesía "José Díaz Bolio (2015). Autor del libro "Inmóvil en el viento" (Ayuntamiento de Mérida, 2018). Coautor del libro "El éter de las esferas (Ayuntamiento de Mérida, 2006).

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