
Si bien Yucatán carece de una minería metalúrgica, sí es próvida con otro tipo de minerales como la cal, los materiales pétreos y la sal. Esta última, de fundamental importancia en la economía regional desde hace milenios, fue requerida para la producción minera de la Nueva España.
La plata fue el principal producto de exportación de México en la época colonial, pues aparte de su valor económico intrínseco se empleaba para producir objetos religiosos, de uso doméstico suntuario, de uso militar y de indumentaria (incluyendo hilos), además de monedas y medallas.
Para su beneficio, es decir, la eliminación de impurezas sin necesidad de fundición, la plata requería como elemento indispensable, además de otros minerales, abundante sal disuelta en agua, conforme al llamado “beneficio de patio”, procedimiento inventado en 1553 por Bartolomé de Medina, sevillano establecido en Pachuca.
En palabras de Felipe de Zúñiga y Ontiveros, de 1781, “la sal es un ingrediente necesarísimo en el beneficio de la plata por el método del azogue [mercurio]. Consúmese en gran cantidad y no a proporción de la ley de plata que se halla en el mineral, y se saca de él, como el azogue, sino en razón del mineral mismo”. Tras varias semanas de movimiento continuo, la mezcla se lavaba de modo que el mercurio y la plata resultante quedaban separados mediante el calor.
La necesidad de obtener sal para la producción de plata fue importante para organizar el sector salinero en la Nueva España. Por ello, la producción de plata siempre estuvo sujeta a los altibajos de la producción salina continental.
Sabiendo que se trataba de un mineral indispensable en la minería, en ciertos períodos algunos comerciantes acopiaron grandes cantidades de sal con el fin de elevar su precio, convirtiéndola en un auténtico oro blanco. Pero, aun con esas prácticas monopólicas, dicho proceso permitió obtener plata a bajo costo y estuvo vigente hasta que avanzado el siglo XIX se descubrió el beneficio por medio de cianuro.
Como ejemplo del requerimiento de la sal de la península yucateca tenemos el caso del español Pedro Romero de Terreros, Conde de Regla (1710-1781), quien fue propietario de minas en la Nueva España en el actual estado de Hidalgo y es recordado por haber fundado, en 1775, el Monte de Piedad, que persiste hasta la fecha, y por haber sido uno de los hombres más ricos del mundo en su época. Conforme a datos de la historiadora Ursula Ewald, este potentado español enviaba desde Veracruz embarcaciones suyas a Campeche para recoger altas cantidades de sal con fines de emplearla en el beneficio de la plata.
Una muestra general del beneficio de patio, cuando aún se empleaba la sal, puede verse en el óleo Patio de la hacienda de Regla, de Eugenio Landesio, pintor italiano que fue maestro de paisaje en la Academia de San Carlos. Dicha hacienda, conocida como Santa María Regla, había pertenecido justamente a Romero de Terreros.
A través del surtimiento constante de un mineral no valioso intrínsecamente, pero fundamental para la vida humana, nuestra región peninsular contribuyó a facilitar el proceso de producción de un mineral metálico que sí posee valor intrínseco y del cual México sigue siendo, con mucho, el mayor productor mundial. Una destacable relación entre dos regiones económicas contrastantes.



