Acróstico

Querido diario:
Mis amigos Eduardo Epístola de la Hoz y Braulio Estebano de la Estrella se ganan la vida escribiendo brindis para quinceañeras y aniversarios matrimoniales, uno que otro discurso para políticos semi-ilustrados y, no lo vas a creer, también oraciones fúnebres.
Muchos años lo hicieron de manera altruista y para impresionar al auditorio con su florido vocabulario, hasta que se percataron que los influencers, que no son precisamente unos letrados, monetizan sus contenidos. Ahora, muy a su pesar, según dicen, cobran por palabra, como en el telégrafo.
A raíz de que me comentaron que últimamente la chamba escasea, porque ahora las quinceañeras y las parejas prefieren irse de viaje que gastar una fortuna en grandes recepciones, en tanto que los políticos han renunciado a las ideas y han optado por exhibirse con sus gatos y perros en Tik Tok, Instagram y otras plataformas, anteayer los invité a una cantina para tomar las cervezas, mientras yo me zumbaba las botanas. En reciprocidad, Eduardo y Braulio me mandaron ayer por la noche este acróstico:
Tragalibros con gola, mas de etiqueta informal,
Una mente brillante de ingenio conceptual,
Un alérgico crónico a la pompa cortesana,
Saboteando discursos con gracia que condena.
Kilos de protocolo que manda al cadalso,
El arte del decoro para él es puro falso,
En medio de un banquete de la alta nobleza,
Prepara una ocurrencia que rompe la entereza.
Kilométricas charlas de mística y locura,
Acabarán seguro en una caricatura,
Solemne jamás, ni ante el Papa o el Rey,
Porque su lengua irreverente es su única ley.
Es el terror del drama y el llanto profundo,
Rompiendo el hielo del rincón más rotundo,
Con un chiste prohibido en este aniversario,
Haciendo que el protocolo quede en el olvido,
Aunque cumpla más años bajo el sol estirado,
Con sus libros y burlas os dejará desarmado,
KO a la etiqueta, ¡viva el cumpleañero descarado!
Inmediatamente después de leerlo, nos enlazamos por teléfono para aclararles tres cosas: primero, que no era necesario esta gentileza de su parte; segundo, que mi cumpleaños es hasta finales de abril del 2027 (si es que llego); tercera, que el texto del acróstico fue generado por IA. Es decir, que ellos no habían escrito ni una sola línea.
¿Cómo lo sabes?, preguntaron. Les repondí que usé Pangram, un programa que analiza textos para determinar si fueron elaborados por humanos, asistidos por tecnología o generados en su totalidad por una inteligencia artificial.
Bueno, admitieron, nos descubriste, pero eso te pasa por codo: primero nos llevaste a una cantina sin aire acondicionado y que olía a pinol, segundo, solo nos invitaste a tres rondas de lúpulo nacional, cuando nosotros queríamos saborear varias botellas de vino europeo. Además, te comiste toda la botana y solo nos dejaste las tostadas y el pico de gallo.
Luego de limar asperezas y colgar fui al encuentro de los dos tomos de Ramilletes para quinceañeras y alocuciones varias de la autoría de ambos, que se presentó en el paraninfo de la universidad ante numerosa concurrencia, con el patrocinio de una fundación privada, que obsequió los bocadillos y las bebidas espirituosas, hoy ausentes en la mayoría de las presentaciones que organizan las instituciones culturales de la entidad, donde solo abundan discursos llenos de lugares comunes. ¿Será por la austeridad republicana?
Quería verificar si el contenido de esa obra no había sido producto de alguna IA, pero inmediamente lo descarté porque se publicó a finales de los ochenta del siglo pasado bajo el sello de Imprenta La Amadita, cuando aún no había ni internet.
Allí abundan términos como crisálidas, mariposas, capullos, primaveras, princesas, cuentos de hadas, luceros, pequeña, latidos, tesoros, pensiles, rosas, estrellas, destino, universo, radiante, resplandeciente, sino, fragilidad, esperanza, angelical, dulzura, etc., así como también conciudadanos, patria, pueblo, prohombres, gesta, pendón, libertad, tiranía, despotismo, emancipación, oprobio, inmortalidad, posteridad, providencia, alborada, perpetuidad, fervor, abnegación, inmolación, martirio, etc., etc.
Releí el acróstico de falsa apariencia barroca, sonreí y me dije: lo conservaré como una refutación a los tiempos apocalípticos que vivimos en los que se concibe a la IA como una potencial arma de destrucción de la especie humana, pero que en manos de inocentes no es más que una herramienta útil para procurarse un poco de diversión.
P. D.
Para que no me den más sopa de mi propio chocolate, la próxima vez invitaré a Eduardo y Braulio al exclusivo bar del Country Club, pero que cada quien pague su consumo, aunque primero habrá que sortear la aduana de la entrada, pues los vigilantes del sitio intimidan tanto como los agentes del ICE estadounidense. Le preguntaré a mi amigo Raúl Casares G. Cantón si no tiene vara alta allí. Feliciano de plano no la tiene y yo tampoco.



