Cultura

Mérida en 2005 (y 3)

Hermann Luyken: Personas caminando por la calle 60 x 61 (2002), [Fuente de la imagen: https://commons.wikimedia.org/wiki/
File:2002.12.19_25_Mestizas_Mérida_Mexico.jpg]

—Me llama la atención que no todo sea colonial en el centro. Veo que hay otras etapas.

            —Por supuesto. Un centro histórico es un espacio vital, tiene que evolucionar y adaptarse. Se ha destruido muchísimo, con criterios erróneos, desgraciando la integridad del centro histórico. Para que un edificio se conserve hay que tenerlo en uso, darle mantenimiento constante.

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            —No convertirlo en estacionamiento como lo hacen aquí.

            —Así es, eso de conservar un cascarón arquitectónico no tiene sentido. Si acaso lo justifico cuando se trata de mantener cierta continuidad de estilo en las fachadas, pero eso, si no está bien apuntalado, implica riesgos. Ve cuántas paredes hay que sólo son eso, escenografía que no sostiene nada, que sólo disimula lo que hay detrás.

            —Sí, y mucha gente no se preocupa por ayudar a conservar el centro. Me molesta ver cómo pisan las paredes y las llenan de propaganda.

            —Ha sido un problema constante desde hace tiempo. Antes colocaban unos letreros elegantes que decían “Prohibido fijar carteles”.

            —Últimamente he estado viendo muchas grafiteadas en las paredes del centro. En verdad, se me hacen de mal gusto.

            —Bueno, hay de todo. El grafiti es una forma de expresarse. Algunos grafitis tienen valor artístico o literario, verdaderas muestras de creatividad juvenil, que deben ser apoyadas. O quizá no, no sé, porque luego cuando el Gobierno mete mano en algo lo echa a perder, le quita su esencia popular. Hay otros grafitis que tienen un valor más de identidad de grupo, otros son nada más pendejadas para manchotear paredes y otros más sirven para guiar a los que buscan dizque extasiarse, o sea, son pintas que se usan como señales de nomenclatura… Tú sigue el camino.

            — ¡Uf, claro!, pasando a otra cosa, eso me recuerda algunas placas de nomenclatura antiguas y también las que llevan los nombres de las esquinas.

Gerd Eichmann: Vista de un estacionamiento (1980). Ahí se ubicaba una hermosa casona que fue demolida. [Fuente de la imagen: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Merida-18-Spiegelung-1980-gje_flipped.jpg%5D.

            —Esas placas de nomenclatura que mencionas estaban hechas de porcelana. Ahora sólo quedan unas pocas. En cuanto a los nombres de las esquinas son relieves en piedra. Se mandaron a hacer hará unos veinte años más o menos. Tienen diseños muy ingenuos, pero que se llevan bien con el contexto de la ciudad.

            —Ahora que dices eso de los relieves, también me han llamado la atención que en la fachada de una tienda de decoración haya unas imágenes de vírgenes y de símbolos mayas, ¿qué son?

            —Son relieves en piedra recientes. Es significativo que los rostros de la Virgen de Guadalupe y de la cubanísima Virgen de la Caridad del Cobre tengan facciones netamente mayas. Seguramente las talló un escultor maya de ahora.

            —La presencia maya es muy fuerte en Mérida. A uno siempre le enseñan que los mayas se extinguieron y viene uno a la Península de Yucatán y se los encuentra en todos lados. Esas mujeres con huipiles, con esas alhajas tan bonitas…

            —Cuestión de orgullo. El hipil es una prenda cómoda, apropiada para el calor. Pero no todas las mujeres mayas lo usan. A veces las verás con vestidos coloridos o con playeras de distintos diseños. Lo de las alhajas es distintivo. Observa a las venteras, luciendo sus aretes, sus anillos, sus collares y pulseras. Oro que a veces tiene muchos kilates, filigrana tradicional.

            —Sí, el otro día vi a una mujer maya con huipil y rebozo. Se abanicaba con un abanico muy fino. Estaba sentada con un señor de sombrero de palma y con huaraches…

            —Más bien dirás alpargatas. Seguramente de llanta.

            —Estaban en esas sillas dobles que hay en muchos parques de aquí… Oiga, joven, ¿me trae por favor más agua? Tengo mucha sed.

            —A mí tráeme otro exprés… Esas sillas se llaman “confidentes”. Ignoro qué origen tengan, pero parece ser que son de principios de siglo. Bastante distintivas de Mérida.

Calle 71 x 66 y 68 (2013). [Fuente de la imagen: https://commons.wikimedia.org/wiki/ File:Merida_Street_-_panoramio.jpg].

            —Como las guayaberas…

            —Que son caribeñas. Ahora hasta las traen de China, pero por suerte todavía hay fábricas en Yucatán. La creatividad no se ha perdido, porque como te podrás dar cuenta, realizan nuevos diseños, les hacen cambios a las guayaberas, las elaboran para que se usen en ocasiones especiales. Y también hacen otro tipo de camisas.

            —Sí, como la ropa de manta que a mí me encanta.

            —¡Mare! Hasta en rima te salió… Esa es producción nueva, de hace pocos años. También en eso hay mucha creatividad.

            —Sí, no son cosas hechas en China, como tantos objetos de plástico que se venden en todas partes.

            —No tengo nada en contra del plástico. Hay muchos objetos útiles que se venden en la calle. Ve cuántas cosas de plástico tiene la gente aquí en el café: mira esa diadema, esos prendedorcitos, las pulseras de esa chava. Tiene que haber de todo. En este centro de Mérida, como supongo que ocurre en toda ciudad, tienes un montonal de objetos a tu alrededor, a tu alcance o fuera de tu alcance. Aquí coexisten desde una computadora hasta un alfiler. Artesanías hechas a mano y baratijas industriales. Pizzas para llevar y chicle natural, que por cierto creo que sólo una o dos señoras venden.

            —¿Chicle natural? El único que conozco es el que se me pega a las sandalias a cada rato.

            — Por culpa de esos marranos que tiran todo al suelo. En realidad, el centro de Mérida es un xeek cultural.

            —¿Un qué?

            —Un xeek, una mezcla. Aquí encuentras diseños de todas partes, a veces en su forma original, otras veces trasformados. Oyes música de todo tipo y de muchos lugares. La comida también está mezclada.

            —¿Y a qué se debe eso?

            —A muchas causas. La avorazada publicidad de todos los medios, la presencia de gente de diversos orígenes: yucatecos mayas y mestizos, huaches y chilangos como tú, gringos, europeos, canadienses, cubanos y últimamente hasta sudamericanos. Todo eso da lugar a imágenes y objetos comerciales, populares, individuales además de los tradicionales. Se come, se habla y se viste de manera mezclada: como xeek de naranja, jícama y chile.

            —Órale… Sí que se escucha rica esa mezcla.

            —Oye, ¿no es hora ya de ir al teatro? ¿Te fijaste a qué hora empieza la función?

            —Sí, pero me costó trabajo. Había tantos carteles en la vidriera, tan amontonados, que estuve a punto de pasarlo por alto. Además, el cartel del espectáculo estaba tan saturado de letras con una imagen superpuesta que con trabajo lo pude leer.

            —Así diseñan. Para que nadie lo pueda leer ni entender. Vamos a pagar en la caja porque si no nos vamos a quedar esperando al mesero y se nos va a hacer tarde. ¡Vamos, aligera!

            —Sí, ya voy, pero permite que me pongan el agua en un vaso desechable. Caramba, qué carácter tienes.

Jorge Cortés Ancona

Licenciado en Derecho, con Maestría en Cultura y Literatura Contemporáneas de Hispanoamérica. Es egresado del Doctorado en Literatura de la Universidad de Sevilla con una tesis sobre teatro y boxeo, y cuenta con un DEA (equivalente de maestría) de la misma institución. Ha impartido clases y cursos en diversas instituciones educativas y culturales sobre literatura e historia de las artes visuales. Ha escrito numerosos artículos y entrevistas sobre temas culturales y figura en varias antologías de poesía.

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