La Ley de Amor, revista del Círculo Espírita “Peralta”
Raúl José Casares G. Cantón

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán, A.C. Septiembre de 2026
Introducción
El propósito de este escrito es aproximarse al periódico espiritista La Ley de Amor a partir de sus propios contenidos, para explicar qué clase de revista era, quiénes participaron en ella, qué se publicaba en sus distintas secciones y cuál fue su importancia para la historia cultural de Yucatán.
El espiritismo es una doctrina surgida a mediados del siglo XIX que afirma la inmortalidad del espíritu y la posibilidad de comunicación entre el mundo de los vivos y el de los difuntos a través de médiums. Fue sistematizado por el francés Allan Kardec, quien en obras como El libro de los espíritus (1857) combinó una dimensión espiritual con una moral basada en la caridad y el amor al prójimo, y con la pretensión de ofrecer una explicación racional de los fenómenos que estudiaba. Con estas características, durante la segunda mitad del siglo XIX la doctrina se difundió ampliamente en Europa y América.
En México, el espiritismo se desarrolló en el contexto de la república restaurada, que, al instituir los principios de la Reforma liberal (libertad de culto y de expresión), abrió paso al surgimiento de diversas manifestaciones religiosas y filosóficas, como el protestantismo, la masonería y el propio espiritismo. Su principal promotor fue el general Refugio I. González, destacado militar liberal nacido en Jalisco, quien fundó en 1868, en Guadalajara, el periódico La Ilustración Espírita, que a partir de 1872 se editó en la Ciudad de México y permitió difundir la doctrina en distintas partes del país.
Dentro de este ambiente apareció en Mérida una publicación excepcional: La Ley de Amor, revista quincenal del Círculo Espírita “Peralta”. Comenzó a publicarse en la capital yucateca el 1
de enero de 1876 y alcanzó tres volúmenes de 24 números cada uno. El último ejemplar circuló en el mes de enero de 1879.
El editor de La Ley de Amor fue Rodulfo G. Cantón, quien la estampó en la Imprenta de la Librería Meridana de Cantón. Los números constaban de ocho páginas y aparecían cada quince días. De acuerdo con la propia revista, esta “circulaba en las principales poblaciones de la República mexicana y en varias de Europa y de ambas Américas”.
Las páginas de La Ley de Amor constituyen un testimonio de lo que pensaban los espiritistas yucatecos, de los temas que los inquietaban, de su manera de entender la religión y la moral y, sobre todo, de cómo respondían a quienes los criticaban.
El Círculo Espírita “Peralta”
Para entender la aparición de La Ley de Amor hay que comenzar por el grupo que estaba detrás de ella: el Círculo Espírita “Peralta”. Este círculo había sido establecido en Mérida en noviembre de 1874. Su nombre procedía del espíritu llamado “el humilde Peralta”, considerado por sus integrantes como el espíritu protector que dirigía las sesiones.
En las reuniones se practicaba la comunicación con los espíritus mediante la intervención de un médium. Una de las personas más importantes en este aspecto fue Waldemaro G. Cantón, quien participó como médium del círculo.
Entre los miembros del grupo podemos identificar al destacado músico José Jacinto Cuevas; al literato Diego Bencomo; a Joaquín Calero, profesor del Instituto Literario; a Antonio Cisneros, profesor, servidor público, dramaturgo y poeta; a Ambrosio Cervera y a Juan de Dios Espinosa.
Entre los espíritus cuyas comunicaciones aparecen relacionadas con la publicación se encontraban Peralta, Gregorio Cantón, Domingo G. y P. Souza. El caso de Gregorio Cantón, padre
de Rodulfo G. Cantón, tiene especial importancia porque se le atribuyeron numerosas comunicaciones relacionadas con la educación.
Una parte importante del contenido procedía de las sesiones del propio círculo, puesto que la revista registró los mensajes que los integrantes consideraron provenientes del mundo espiritual.
Las razones de la revista
El editorial del primer número de La Ley de Amor explica las razones del Círculo “Peralta” para iniciar la publicación:
- la fe y la confianza en el espiritismo;
- la convicción de tener una misión que cumplir;
- el deseo de difundir el crecimiento de la doctrina;
- y la preocupación por quienes practicaban las sesiones solo por curiosidad, pues advertían que los fenómenos espiritistas podían ser peligrosos sin un propósito moral.
A ello se sumaba una razón práctica: permitir que quienes no asistían a las reuniones conocieran las ideas y actividades del grupo. Así, la revista se presentó como una publicación destinada a enseñar, informar y orientar, tal como reflejan sus lemas: “Donde hay caridad y amor allí está Dios” y, en el tercer tomo, los versículos del Evangelio de Mateo (22:37-40): “Ama a Dios y ama a tu prójimo: he aquí toda la Ley y los Profetas”. Estos lemas presentaban el espiritismo como una doctrina ligada al amor, la caridad y las enseñanzas de Cristo.
La Ley de Amor formaba parte del movimiento espiritista, cuyas raíces se hallaban en Europa y cuya difusión en México se registró a partir del triunfo de la Reforma liberal. La revista yucateca divulgó ampliamente las ideas de Allan Kardec, fundador del espiritismo kardeciano, lo que evidencia que los espiritistas de la región concebían sus sesiones como parte de una corriente internacional. Muestra de ese vínculo es que, en el número 9, del 1.º de mayo de 1876, se publicó
una breve reseña de la vida y la obra de Kardec con motivo del séptimo aniversario de su fallecimiento, ocurrido el 31 de marzo de 1869.
Principales secciones de La Ley de Amor

Editorial
Esta sección fue uno de los espacios donde la revista explicaba directamente sus ideas y comentaba asuntos que consideraba importantes para sus lectores. Desde el primer número (La Ley de Amor, núm. 1, 1876) se manifiesta una preocupación muy clara: explicar qué era el espiritismo y qué pretendían sus seguidores. Los redactores lo abordaron desde una perspectiva moral, y no científica ni filosófica.
Los espiritistas del Círculo “Peralta” aseguraban que no tenían la intención de atacar creencia alguna, pero afirmaron que combatirían con mano firme las pasiones desbordadas e inculcarían en los lectores los principios de la moral espírita, la “moral cristiana”. Insistían en que no querían atacar a ninguna religión; por el contrario, reconocían que una persona podía tener otras creencias y, si practicaba la virtud y el amor a Dios y al prójimo, encontrarse igualmente en el buen camino.
En el editorial “¿Es una religión el espiritismo?” (La Ley de Amor, núm. 4, 1877), el redactor sostenía que el espiritismo no era un culto establecido, porque carecía de los tres elementos que definen a una religión:
- no tenía dogmas, ya que no imponía verdades reveladas ni exigía fe ciega, sino que invitaba a examinarlo todo;
- no tenía culto externo, pues prescindía de ceremonias, ritos y fórmulas, al considerar que la mejor plegaria era hacer el bien;
- y no tenía sacerdotes ni más templo que el corazón humano.
Concluía que, más que una religión, el espiritismo consistía en una filosofía moralizadora, fundada en principios de moral universal y orientada al progreso del ser humano.
En otro editorial se planteó el tema del materialismo (La Ley de Amor, núm. 2, 1876), al que se consideraba “un cáncer que corroe las entrañas de la sociedad, una fuente de los males que inundan la humanidad”.
Por su parte, el editorial “La Política” (La Ley de Amor, núm. 10, 1876) establecía que esta debía separarse de la religión: “La política es una ciencia de gobernar; la religión es puramente espiritual, es la que guía al hombre al perfeccionamiento moral”.
El editorial “La Mujer” (La Ley de Amor, núm. 18, 1876) defendía la instrucción y la educación de la mujer. Sostenía que, tras haber sido esclavizada en la antigüedad, la mujer fue sometida de nuevo, moral e intelectualmente, mediante una educación viciada que combinó el miedo religioso con el lujo y la vanidad. Frente a ello, proponía la educación —y en especial el espiritismo como doctrina “purificadora”— como el medio para transfigurar a la mujer y redimir a la humanidad de “la esclavitud de la materia”; aclaraba, no obstante, que no rechazaba la elegancia en sí, sino el lujo nacido del materialismo, pues lo esencial era la perfección del espíritu por encima de lo exterior.
Los “Dictados de los Espíritus”
Esta fue probablemente la parte más característica de La Ley de Amor, la que la distinguió del resto de la prensa publicada en Mérida durante el siglo XIX. Gran cantidad de sus páginas estaba ocupada por los llamados “Dictados de los Espíritus”: textos que los miembros del Círculo atribuían a los espíritus que se comunicaban durante sus reuniones mediante un médium. En esencia, los dictados ofrecían orientación moral y consejos prácticos a los miembros del círculo.
Los “dictados” que se recibían en las sesiones se atribuían a diversos espíritus. El que aparece con mayor frecuencia, y en primer lugar, es el humilde Peralta, de quien el círculo tomó su nombre. Junto a él figuran López de Somoza, Manuel G. Cantón —hijo de Gregorio—, P. Souza, Miguel Hidalgo y Costilla, Regino M., M. F. Cámara, Ramón G. S., Comonfort, Castera, Pedro I. Pérez, el cura Sierra, Adelina, Sofía P., Joaquín D., Gregorio Cantón, Ignacio V., San Mateo, Josefina, María, A. Cervera, Barbachano y Diego Bencomo.
En algunos casos, la revista suprimía los nombres y solo consignaba las iniciales de los espíritus, con el argumento de que se trataba de personas de familias conocidas en Mérida a las que no querían “molestar”. En el caso del espíritu de Barbachano, que dictó un texto sobre los Deberes del hombre (Tomo III, pp. 172-173), hay una nota de la redacción que dice: “El espíritu que se comunica con este apellido no ha manifestado cuál era su nombre. Sus excelentes consejos demuestran que era un espíritu elevado”. Es posible que se trate del gobernador Miguel Barbachano.
Destaca un “dictado” denominado “Los enviados” (Tomo I, pp. 70-71), atribuido al espíritu de Miguel Hidalgo y Costilla, que reflexiona sobre los grandes reformadores enviados por Dios para impulsar el progreso de la humanidad —Sócrates y, sobre todo, Jesús como modelo supremo— y anhela que el porvenir se construya mediante la “pacífica renovación de las cosas” y no con la violencia.
En cuanto a quienes fungían como médiums, como ya se dijo, destaca por su frecuencia el Dr. Waldemaro G. Cantón, que actuó como tal en casi la totalidad de las sesiones del círculo. En algunas, las menos, aparecen iniciales como V. de la Torre, R. S., A. S. de A. y Dr. R. S. J.
Uno de los temas tratados en los dictados que adquiere especial importancia es el de la educación. Las comunicaciones atribuidas a Gregorio Cantón insistían en la importancia de educar
al ser humano y mejorar sus condiciones morales. Esto no resulta extraño si se toma en cuenta que Rodulfo G. Cantón estaba vinculado con el ámbito educativo: durante el gobierno de Eligio Ancona fungió como presidente del Consejo de Instrucción Pública y participó en otros proyectos culturales y educativos, como el Conservatorio de Música y Declamación.
La educación aparece así relacionada con una idea más amplia: el ser humano debía mejorar no solamente sus conocimientos, sino también su comportamiento. Para los espiritistas, el progreso no consistía únicamente en tener más escuelas, libros o conocimientos científicos; también era necesario alcanzar un progreso moral. Esta idea aparece constantemente relacionada con conceptos como la caridad, el amor al prójimo, la humildad y la responsabilidad personal. En otras palabras, los mensajes de los espíritus tenían muchas veces un carácter parecido al de un consejo moral: invitaban al lector a ser mejor persona, a controlar sus pasiones, a practicar la caridad y a comprender que sus actos tenían consecuencias.
Instrucción pública

A partir del Tomo II (1877), La Ley de Amor dedicó una atención creciente a la instrucción pública. En el número 10 (16 de mayo de 1877) reprodujo del diario La Patria la noticia de que la señorita Guadalupe Torres, joven jalisciense, se había recibido de profesora de instrucción primaria. En el número 18 (24 de septiembre de 1877) dio cuenta de la inauguración de los trabajos del Instituto de Niñas, dirigido por la maestra Rita Cetina Gutiérrez, y del Colegio Hidalgo, a cargo de Henrietta X. Dorchester.
En el número 5 del Tomo III (2 de marzo de 1878), la revista reprodujo un discurso de Gabino Barreda —director de la Escuela Nacional Preparatoria, filósofo y político mexicano, principal introductor del positivismo en México—, leído en la distribución de recompensas escolares de dicha institución.
Destacaron asimismo las colaboraciones del profesor Luis F. Mantilla1 —corresponsal de la revista en Nueva York— sobre temas como la educación objetiva y la labor de los educadores y educacionistas. En el número 19 del Tomo III (9 de octubre de 1878), la revista le dedicó, en su sección “Instrucción Pública”, un amplio y sentido texto con motivo de su fallecimiento, ocurrido en Nueva York el 18 de septiembre de ese año.
Polémica: la discusión con sus adversarios
Otra sección importante fue “Polémica”, que comenzó a aparecer a partir del primer tomo. Aquí encontramos uno de los aspectos más interesantes de la revista: La Ley de Amor no vivía aislada del resto de la prensa; tenía adversarios y respondía a ellos.
La polémica entre Gabriel Aznar Pérez,2 redactor del periódico católico El Mensajero, y La Ley de Amor (el Círculo “Peralta”, por medio de Rodulfo G. Cantón) se desarrolló entre 1876 y 1877 a lo largo de varios números de ambos periódicos.
Un rasgo notable de la actitud de La Ley de Amor fue que reproducía en sus propias páginas los artículos de Aznar —llegó incluso a insertar uno íntegro en el suplemento del número 24 (19 de diciembre de 1876)—, con el fin declarado de que los lectores conocieran de primera mano
1Luis Felipe Mantilla, de ascendencia española, nació en La Habana en 1833 y murió en Nueva York en 1878. Tras estudiar en la Universidad de Sevilla, volvió a su Cuba natal para dedicarse a la docencia y al desarrollo de la educación pública; allí fue profesor del Colegio del Salvador. Hacia 1862 se trasladó a Estados Unidos y obtuvo el puesto de profesor en la Universidad de Nueva York, donde fue uno de los pioneros de la educación bilingüe español-inglés. Fue también miembro de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística y de la Academia Científico-Literaria de Guatemala. Véase https://www.bvfe.es/es/component/mtree/autor/10152-mantilla-luis-felipe.html
2Gabriel Aznar Pérez (1843-1934), catedrático, jurisconsulto, funcionario público y periodista, nacido y fallecido en
Mérida. Su graduación como abogado, en 1864, marcó el inicio de una brillante trayectoria en la docencia, la judicatura y el servicio público. En el Colegio Católico de San Ildefonso tuvo a su cargo las cátedras de filosofía y de inglés, idioma que dominaba al igual que la lengua maya. Fue maestro en el colegio de enseñanza primaria y secundaria de Benito Ruz y Ruz y, después, en 1875, director fundador de la Escuela de Nuestra Señora de Guadalupe, sostenida por la obra de la enseñanza de la Sociedad de San Vicente de Paúl. En 1886, el obispo Crescencio Carrillo y Ancona lo nombró catedrático de derecho canónico en el Seminario Conciliar Universitario. Véase https://enciclopediayet.com/aznar-perez-gabriel/
ambas posturas y pudieran juzgar por sí mismos; una apertura que, según hacía notar la revista, su adversario no correspondía.
En cuanto al fondo, El Mensajero sostenía que el espiritismo era “charlatanismo y bobería”, una doctrina “retrógrada y oscurantista” que, bajo la máscara de máximas cristianas, buscaba engañar a los incautos y destruir la Iglesia; afirmaba además que carecía de pruebas y que su falsedad ya estaba demostrada por dieciocho siglos de tradición católica, por lo que el asunto era una “cuestión ya fallada”.
La Ley de Amor replicó que esos epítetos eran insultos sin fundamento y exigió que Aznar los demostrara; sostuvo que el espiritismo no es una religión, sino una filosofía que “ni quita ni pone religión”, basada en la caridad y la tolerancia, y que solo rechazaba puntos de “invención humana” como la fe ciega, la infalibilidad y el infierno eterno. Acusó también a su adversario de no conocer lo que atacaba e invocó el propio Evangelio en su favor. Finalmente, ante la negativa de El Mensajero a aportar pruebas, la revista cerró el debate dando por demostrado que las acusaciones se habían lanzado sin sustento.
La polémica no quedó limitada a El Mensajero. La revista también tuvo discusiones con El Artesano Católico, de Mérida, y con El Heraldo, de Toluca. Estas discusiones nos permiten conocer algo más que las ideas de los espiritistas: también permiten observar la resistencia que provocó esta doctrina entre sectores católicos y la forma en que el espiritismo comenzó a ocupar un espacio dentro de las discusiones públicas de la época. Por eso, la sección “Polémica” es especialmente útil para estudiar la relación entre espiritismo, catolicismo y libertad de pensamiento en el Yucatán del siglo XIX.
La sección Literaria
Esta sección empezó a publicarse a partir del segundo tomo, en febrero de 1877. En sus páginas aparecieron poemas de autores como Diego Bencomo, Rafael Pombo, Rafael Tejada, Antonio Hurtado, M. de la Revilla y Rodolfo Menéndez de la Peña, quien escribió una serie de 18 poemas con el título “Mesiánicas”.
Asimismo, publicaron poemas y ensayos escritoras feministas como las españolas Amalia Domingo Soler —escritora, poeta, periodista y una de las principales divulgadoras del espiritismo en España durante el siglo XIX— y Aurora Lista de Milbar, escritora y poeta española vinculada a la prensa literaria y religiosa.
Hay un dato particularmente interesante sobre Rodolfo Menéndez de la Peña. El investigador José Juan Cervera, al estudiar la relación entre literatura y espiritismo en Yucatán, señala que Menéndez colaboró con La Ley de Amor aunque él mismo no era espiritista. Su cercanía con el movimiento provino, entre otras cosas, de su hermana Sofía Menéndez, quien sí pertenecía a sus filas. Menéndez le dedicó un poema con motivo de su muerte.
La literatura se prestaba con naturalidad a los intereses espiritistas, pues muchos escritores del siglo XIX cultivaban temas como la muerte, el alma, Dios, la vida futura, los sentimientos religiosos y el mundo invisible.
Otras secciones
Además de las ya comentadas, la revista tenía otras secciones, como Miscelánea, Necrología, Variedades, Fenómenos prácticos, Remitidos y Correspondencia. En ellas se publicaban noticias del movimiento espiritista internacional y nacional, reseñas de otros periódicos y revistas espiritistas, anuncios de libros y folletos, notas sobre fenómenos como la fotografía de espíritus y el magnetismo, obituarios de espiritistas notables y noticias sobre la creación de nuevos
círculos espiritistas en México y otras partes del mundo, así como la venta de libros y folletos relacionados con el espiritismo.
Entre la variedad de correspondencia que recibía La Ley de Amor, destaca una carta publicada en el número 20 del Tomo I, del 15 de octubre de 1876, escrita por Pierre-Gaëtan Leymarie, destacado espiritista francés y sucesor de Allan Kardec, quien tras la muerte de este asumió los cargos de redactor jefe y director de la Revue Spirite. Leymarie había sido acusado por la justicia francesa de fraude por publicar fotografías de espíritus, delito por el cual purgó una condena de un año de cárcel.
En su carta, Leymarie informaba a los lectores de La Ley de Amor que se hallaba encerrado, solo, en una celda estrecha y sin ver a nadie. Aun así, expresaba una serena entereza de ánimo:
“Mi calma de espíritu es inalterable; las buenas influencias de los espíritus me dan esta resignación tan grande, la salud, y el perdón y la plegaria para mis implacables enemigos. Con mucho gusto leo el periódico La Ley de Amor. ¡Valor, hermanos! Que Dios y los buenos espíritus os ayuden siempre. Es preciso luchar contra la ignorancia y el error, aun cuando este nos cause infinitos sinsabores”.^3^
Otro espiritista con quien La Ley de Amor y el Círculo “Peralta” mantuvieron una estrecha relación fue el Dr. José Ramón Simoni, médico cubano de ascendencia italiana y padre de Amalia Simoni, esposa del héroe independentista Ignacio Agramonte. Prestigiado facultativo y hombre de considerable solvencia económica, el Dr. Simoni se vio forzado a exiliarse en Nueva York y, posteriormente, en 1871, se trasladó a Mérida con su familia, con el propósito de contribuir a la conciliación y la unificación de los emigrados cubanos en Yucatán. Andando el tiempo, regresó a residir a Nueva York, si bien continuó visitando ocasionalmente la península.
Desde su primer número, La Ley de Amor da testimonio de los vínculos del Dr. Simoni con los espiritistas yucatecos. En efecto, la revista informaba que, desde Nueva York, el doctor había obtenido un éxito “completo” en sus experimentos con la fotografía espírita, mediante los cuales afirmaba haber captado a un grupo de diecisiete espíritus, seis de los cuales eran vecinos de la ciudad de Mérida; la nota aseguraba, además, que la identidad de una de esas personas resultaba incuestionable. Al menos una de dichas fotografías fue remitida a la redacción, que la puso a disposición de cuantos espiritistas desearan comprobar su autenticidad.3
En otra nota, correspondiente al número 2, del 15 de enero de 1876, la publicación daba cuenta de que el Dr. Simoni había fundado en Nueva York un círculo espiritista denominado “Alejandro”, el cual contaba con una “profusión” de médiums: videntes, auditivos, de efectos físicos, fotógrafos y sonámbulos, entre otros.4
Como muestra de los lazos que el exilio cubano mantuvo con los espiritistas yucatecos, destaca asimismo la participación de Amalia Simoni como maestra de canto en el Conservatorio de Música y Declamación, fundado por José Jacinto Cuevas y Rodulfo G. Cantón.
Amalia Simoni tampoco fue ajena a la práctica del espiritismo: al menos en una ocasión fungió como médium en una evocación al espíritu de Sofía Menéndez —destacada cubana exiliada en Yucatán y, como ya se dijo, hermana del maestro y poeta Rodolfo Menéndez de la Peña—. La comunicación, publicada en la sección “Dictados de los Espíritus”, aparece suscrita por el espíritu evocado (“Sofía”) y, al cierre, consigna como médium a “A. S. de A.”, iniciales que corresponden a Amalia Simoni de Agramonte.5
3Fotografía espírita. (1876, 1.º de enero). La Ley de Amor: Periódico del Círculo Espírita “Peralta”, 1(1), 23-24. 4Círculo “Alejandro”. (1876, 15 de enero). La Ley de Amor: Periódico del Círculo Espírita “Peralta”, 1(2), 16. 5Evocación á nuestra amada h.ª Sofía Menéndez. (1878, 1.º de junio). La Ley de Amor: Periódico del Círculo Espírita “Peralta”, 3(11), 85-86.
También, entre los corresponsales que la revista mencionó, figura José de Agramonte,6 a quien La Ley de Amor llamaba “hermano” espiritista. En el Tomo I (página 135) lo describe como “uno de los decididos campeones de la causa del espiritismo”, que desde Nueva York envió a la revista un libro con líneas escritas de su mano; más tarde, en el Tomo II (página 32), da cuenta de que, ya desde Madrid, había prometido enviar unas revistas mensuales sobre los progresos del espiritismo en Europa. Ambas notas, de la sección Miscelánea, lo muestran vinculado a la difusión internacional del movimiento y en contacto con el Círculo “Peralta”.
Es de destacar igualmente la nota necrológica publicada en el número 10 del Tomo III (19 de mayo de 1878), en la que se da cuenta de la desincarnación (fallecimiento) del maestro José Jacinto Cuevas, uno de los fundadores del espiritismo en Yucatán.
En el número 11, del 1.º de junio de 1878, La Ley de Amor anunciaba que el reverendo Maxwell Phillips invitaba al público de la capital yucateca a concurrir al culto evangélico que se había inaugurado en la calle Porfirio Díaz n.º 23, de la Mejorada, y que dicho culto se verificaría todos los domingos por la mañana y por la noche, y los miércoles por la noche.
Conclusiones
La importancia de La Ley de Amor radica en que promovió la implantación del espiritismo y la circulación de nuevas ideas en la sociedad yucateca. En sus páginas se observa a personas que buscaban nuevas respuestas a preguntas antiguas sobre Dios, la muerte, el alma y la conducta humana, y asoma también una inquietud muy propia del siglo XIX: la relación entre religión y ciencia.
6En el caso de José de Agramonte no ha sido posible confirmar si pertenecía a la familia de los Agramonte que participaron en la lucha por la independencia cubana.
La revista revela, además, la importancia de la prensa como espacio de discusión: los espiritistas exponían sus ideas, sus adversarios replicaban y el público podía leer ambas posiciones. Por eso, La Ley de Amor es, al mismo tiempo, una revista espiritista, un proyecto cultural y un testimonio de los debates intelectuales de la sociedad yucateca.
El examen de sus distintas secciones revela que La Ley de Amor fue mucho más que una publicación dedicada a recoger comunicaciones de los espíritus. Uno de los rasgos más significativos fue el valor que otorgaba a la moral. Para sus redactores, el espiritismo no debía practicarse por simple curiosidad, pues su verdadera finalidad era contribuir al mejoramiento del ser humano. De ahí el énfasis que ponían en el amor, la caridad, la educación, la humildad y la conducta hacia los demás.
La Ley de Amor atestigua y demuestra que la sociedad yucateca del siglo XIX era intelectualmente más diversa de lo que suele suponerse. En Mérida había personas abiertas a las nuevas doctrinas, la ciencia, la educación, la literatura y otras formas de interpretar la religión. Por eso, estudiar esta revista permite acercarnos no solo a los espiritistas yucatecos, sino también a una época en la que la prensa se convirtió en uno de los principales espacios de discusión de las nuevas ideas.
Por este motivo, La Ley de Amor, que fue una voz del espiritismo yucateco del siglo XIX, es hoy una ventana para observar las transformaciones que vivía la sociedad de Yucatán de aquella centuria.
El fin de la revista
La nota “Fin del año de 1878” (Tomo III, núm. 24, 1.º de enero de 1879) anunciaba la suspensión temporal de La Ley de Amor, debida a la enfermedad de su redactor, Rodulfo G. Cantón, y a los compromisos que había desatendido por la revista; confiaba en que se reanudaría
antes de seis meses. Aclaraba que su fe en el espiritismo seguía intacta, agradecía a colaboradores como Amalia Domingo Soler, Rodolfo Menéndez y el fallecido profesor Mantilla, y cerraba con un balance de los avances de la doctrina durante el año, tanto en el extranjero como en México.
Archivos consultados
Biblioteca Virtual de Yucatán. Hemeroteca Digital Nacional de México.
Hemerografía
La Ley de Amor, Mérida, 1876-1879.
Bibliografía
Bojórquez Urzaiz, C. E. (2011). Entre mayas y patriotas: José Martí en Yucatán. Secretaría de Educación del Gobierno del Estado; Casa de la Historia de la Educación de Yucatán.
Casares G. Cantón, R. J. (2019). Rodulfo G. Cantón: Sonata de una vida. Editorial Libro de Piedra.
Cervera, J. J. (2002). El primer movimiento espiritista en Yucatán, 1869-1879. En P. Peniche Rivero y F. Escalante Tió (Coords.), Los aguafiestas: Desafíos a la hegemonía de la élite yucateca, 1867-1910. Archivo General del Estado de Yucatán; CONACYT.
Nota. Agradezco a la Secretaría de la Cultura y las Artes del Gobierno del Estado de Yucatán y, en particular, a la maestra Kandy Guadalupe Ruiz González, coordinadora de la Biblioteca Yucatanense, las facilidades brindadas para obtener los tres tomos de la revista.



