Cultura

¿Hubo rock and roll en la tierra de la trova?

Durante décadas nos contaron que en Yucatán solo se escuchaba trova y bolero. Que el rock era cosa de chilangos, de fronterizos, de rebeldes sin causa del norte. Mentira. Mientras en Mérida se cantaba «Peregrina» en las serenatas de Santa Lucía, en los patios de Santiago y en las fiestas de las colonias ya sonaba una guitarra eléctrica desafinada que quería ser Chuck Berry.

Eso es lo que cuenta Yucanrol, no es solo una historia del rock hecho en Yucatán. Es la historia de cómo una generación de yucatecos se atrevió a despeinarse.

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Me causó gran emoción leer esto relacionado a uno de mis libros, la cual retrata en mucho el poder de las palabras de un servidor.

Aquí se las comparto la reseña realizada por Laura Cáceres:

Trece relatos con distintas voces relacionadas a la nostalgia rocanrolera, podría decir que el estilo de Conrado Roche Reyes es un estilo que quedó aparte de la onda, pero a la vez con ella. Es algo ácido al principio cuando en «Música, dulce música» agarra el tono insoportable de un mamón hablando sobre la decadencia de «nuestros jóvenes» (¿a quién me recuerda?). De ahí se pone un poco juguetón con «Era una vez un gato, con sus pies de trapo y su cola al revés» donde con el cuento que nos dormían cuando niños se burla un poco del negocio de las artesanías, y el hacerse mártir de ello. En «Solidaridad» el bullying aparece, aunque como otra forma de ser culeros entre compañeros de secundaria. Con «Tiburón, tiburón…» no puedo desenvolver mucho la historia, pero ya imaginarán que está relacionada a la canción y a la playa, pero no por eso deja de ser buena. «Rock, nena linda», «Guitarras cruzadas» y «Verano del 86» son los relatos cargados con más Yucanrol (que es propuesta del autor en cuanto a hacer la experiencia del Rock and roll más mexicana, como la yuca, algo tan familiar para nosotros los mexicanos que aún vivieron de lo rural a la urbanización). Y como cierre en este viajesote yucanrolero «un día en la vida», «Qué güerito más…» y «El mirón» vuelve a recuperar el humor con el que arrancó. Tal vez pudiera decir que no es una narración perteneciente a la onda, pero pareciera recuperarla con todo. Además de que en la introducción el autor mismo dice que estos fueron relatos con lo que muchos de sus amigos y allegados se entretuvieron, pero el sistema (siempre el sistema) no dio oportunidad a publicarlos hasta 1992.

Puedo decir que es mejor así, al menos tiene algo que me gusta en los libros, que es honesto y habla con el corazón, sin grandes pretensiones, solamente lo que está en la ficción, su brevedad lo hace muy fácil de leer, hasta se puede acompañar la lectura de una buena dosis de música, y eso lo hace maravilloso para poder yucanrolear.

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