
Gloria Steinem, periodista y escritora considerada una de las voces más influyentes del feminismo moderno, murió este miércoles a los 92 años en su casa de Nueva York, Estados Unidos (EU); la noticia se confirmó en sus redes sociales, aunque no se precisó la causa.
Durante más de cinco décadas defendió la igualdad de las mujeres y se convirtió en uno de los rostros más reconocibles de la segunda ola feminista en EU, con sus lentes de aviador y su larga cabellera rubia como parte de la imagen de un movimiento que abrió conversaciones que no existían en la vida pública.
Su influencia fue más allá de las calles y los discursos políticos: desde el periodismo expuso desigualdades poco atendidas por la prensa y defendió causas como el derecho al aborto, la igualdad salarial y los derechos civiles.
Para Gloria Steinem su trabajo fue el de una “emprendedora del cambio social” y a lo largo de su trayectoria cuestionó los papeles tradicionales asignados a las mujeres para que cada una pudiera decidir la vida que quería construir.
Del periodismo al movimiento feminista
Su acercamiento al feminismo ocurrió poco después de los 30 años, cuando en 1969 asistió a una reunión en la que varias mujeres compartieron públicamente sus experiencias con abortos ilegales, un episodio que, según relató después, fue lo que transformó su manera de entender la desigualdad.
A partir de entonces Steinem se involucró cada vez más en el movimiento de mujeres y años después convirtió su propia experiencia con un aborto clandestino en Reino Unido en 1957 en parte de su activismo por la libertad reproductiva.
Antes de convertirse en una de las principales voces feministas de EU, Steinem ya había forjado una carrera como periodista independiente y en 1963 se infiltró como conejita de Playboy para documentar en un reportaje las condiciones laborales de las mujeres en el club.
Para realizarlo usó el nombre de Marie y documentó los bajos salarios, las exigencias físicas y el trato hacia las empleadas; el reportaje, publicado en la revista Show bajo el título «A Bunny’s Tale», le dio notoriedad aunque durante años sus detractores intentaron desacreditarla con esa experiencia.
En 1972 Steinem impulsó la creación de Ms., una revista que rompió con el modelo de publicaciones femeninas centradas en moda, belleza y hogar y desde cuyas páginas se abordaron temas como violencia contra las mujeres, aborto, acoso sexual e igualdad salarial.
La revista Ms. se convirtió rápidamente en un referente y agotó su primer número en una semana; además, Steinem participó en la creación del Caucus Político Nacional de Mujeres, desde donde impulsó una mayor presencia femenina en la vida política y pública.
Su activismo también la enfrentó tanto con sectores conservadores como con integrantes del propio movimiento feminista, y se le cuestionó por su apariencia, su exposición pública y su cercanía con los medios. De hecho, algunos críticos sostenían que se había convertido en una celebridad más que en una dirigente.
La periodista respondió a muchas de esas críticas con humor y durante décadas mantuvo una posición incómoda frente a las estructuras de poder; incluso ironizó sobre el expresidente estadounidense Richard Nixon al decir que algunos lo consideraban «el jefe de Estado más inseguro sexualmente desde Napoleón».
En 2013 Barack Obama le entregó la Medalla Presidencial de la Libertad, la máxima distinción civil de la nación americana, y ocho años después recibió el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades por una trayectoria que el jurado consideró fundamental en una de las grandes transformaciones sociales de la época.
Aunque con los años redujo su actividad pública, Steinem nunca abandonó el activismo y en 2021, al ser consultada sobre qué consejo daría a las jóvenes feministas, rechazó hablar como una líder consagrada y respondió: «No les daría consejos, les preguntaría qué quieren hacer y les pediría que me dejaran ayudar».
La autora murió mientras se preparaba para publicar un nuevo libro de memorias y hasta sus últimos años mantuvo una vida alrededor del trabajo, los viajes y la defensa de la justicia social.
Su legado acompañó a una generación de mujeres que encontró en el feminismo una forma de cuestionar reglas que parecían inamovibles y dejó también una huella en el periodismo al convertir asuntos que se consideraban privados en temas de debate público.
En una entrevista para la BBC al cumplir 90 años, expresó el deseo de que su legado ayudara a las personas a convertirse en «la persona única, valiosa, querida y digna de ser amada que desean ser».
La mujer que alguna vez dijo que quería vivir hasta los 100 años porque había «tanto por hacer» murió a los 92, aunque su voz siempre será parte de una de las transformaciones sociales más importantes de EU.



