Opiniones

Ciudad y agua, o Agua y ciudad

El verdadero dilema de la planeación urbana para Mérida y su zona metropolitana

La expansión urbana de Mérida y sus efectos en la zona Metropolitana representan un desafío de gran impacto para la gobernanza y la toma de decisiones en todos y cada uno de los municipios que conforman este conglomerado urbano. Uno de esos desafíos es la captación, distribución y tratamiento del agua. El hecho de estar sobre un manto freático que parece infinito se ha convertido en un tema que implica acciones especificas para que lo que es una gran oportunidad, no se transforme en una tremenda amenaza. Es decir, el suponer que el habitar sobre agua, nos permita disponer de ella sin pensar a futuro y, sobre todo, a carecer de una política integral de tratamiento de aguas negras que evite filtraciones permanentes de fosas sépticas, biodigestores y otros dispositivos, pone en alerta nuestra relación con el agua, en una ciudad que se expande y cada día ejerce presión hídrica.

Tenemos 4 fisuras históricas o hechos tanto internacionales, nacionales y locales que dan cuenta de la importancia del problema o de la capacidad previsoria que debemos de tener con respecto la inminente relación de agua y ciudad.

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  1. El agua comenzó a cotizar en el Mercado de los futuros en al Bolsa de Valores de Wall Street de Nueva York en diciembre de 2020, en plena pandemia cuando ni siquiera había vacunas. Esta iniciativa esta vinculada al Nasdaq Veles California Water Index en CME Group. Este hecho invita a reflexionar sobre la gestión económica del riesgo hídrico, promovida en este caso, por un grupo de empresarios californianos. Es una llamada de alerta en el mercado internacional de alto impacto. Podría interpretarse con la metáfora del Rinoceronte gris, toda vez quepermite interpretar las presiones previsibles sobre la disponibilidad y el costo del agua. La existencia de estos instrumentos puede leerse como una señal de que algunos actores ya consideran necesario gestionar económicamente el riesgo hídrico.
  2. Desde 2016 habitantes de diferentes sectores de la zona metropolitana de Guadalajara empezaron a reportar que el agua les llegaba turbia y con sedimentos. Para el 2020, 140 colonias reportaban el mismo problema. En días recientes, la población se ha manifestado en contra del problema que ya no es posible sostener en su vida cotidiana. Por lo tanto, las pasadas movilizaciones muestran cómo un problema persistente puede desbordar la gestión cotidiana y convertirse en conflicto social. Lo que inicialmente podrían ser Medusas Negras, los eventos aislados e incipientes que fueron visibilizados desde el 2016, evolucionaron y escalaron en el tiempo, hasta llegar convertirse en el Elefante Negro “hídrico”, hechos obvios y conocidos para todos, pero sin acción. Hasta que finamente las movilizaciones sociales representaron el Rinoceronte Gris, el cual emerge desde la desesperación de la población y toman acción públicamente. Por lo tanto, la atención se concentra en las advertencias conocidas y en las consecuencias de su atención tardía.
  3. En 1993 se creó la Reserva Ecológica Cuxtal en Mérida y en 2004 el Programa de Manejo de la Zona Sujeta a Conservación Ecológica “Reserva Cuxtal”. En esta reserva se localiza la recarga acuífera que suministra casi del 30% del consumo de Mérida. Su protección expresa un reconocimiento temprano de la importancia ambiental de este territorio. Para el argumento urbano, el reto es que la conservación tenga efectos verificables en las decisiones sobre el suelo y el agua. En este caso, Cuxtal representa una decisión anticipatoria de protección territorial. Desde la metáfora del Elefante Negro, corresponde preguntar si ese reconocimiento se traduce en vigilancia, recursos y cumplimiento. Las Medusas Negras permiten explorar cómo afectaciones dispersas podrían acumularse hasta comprometer las funciones ambientales e hídricas que la ciudad necesita preservar.
  4. En mayo pasado, el Gobierno del Estado de Yucatán gestionó un préstamo de 1500 millones de pesos para atender la infraestructura hídrica de la JAPAY, toda vez que se estima que, si no se atiende el suministro del agua a la brevedad, para el 2030 Mérida se enfrentará a “una crisis hídrica estructural” que pondría en riesgo la calidad de vida de los meridanos. Es una advertencia pública condicionada. Por lo tanto, la advertencia sobre una posible crisis hídrica hacia 2030 sitúa a Mérida frente al Rinoceronte Gris: una amenaza reconocida que demanda actuar dentro de una ventana de oportunidad. Las Medusas Negras obligan a evaluar si la inversión responde al sistema completo y a sus interdependencias. Si las advertencias no se traducen en resultados verificables, la postergación reforzaría la lectura del Elefante Negro.

Desde estos hechos, habría que tejer estrategias previsorias sobre las capacidades hídricas de nuestro entorno, así como los mecanismos que hoy en día tenemos tanto para la captación y distribución del agua, como también para la gestión del tratamiento de esta.

El dilema entre ciudad y agua se resuelve cuando el agua se convierte en una condición de la planeación urbana. Cada decisión sobre expansión, densificación o cambio de uso del suelo debería explicar cómo se garantizará el abastecimiento, qué ocurrirá con las aguas residuales y cómo se protegerán las áreas que sostienen el acuífero. Esto requiere coordinar autoridades y municipios, vincular las decisiones territoriales con la inversión y hacer públicos los resultados.

Las metáforas del riesgo nos ayudan a comprender que una emergencia puede hacerse visible en pocos días, aunque sus condiciones se hayan acumulado durante años. Para Mérida, anticipar significa reconocer los problemas que se han normalizado, intervenir ante las advertencias y comprender los efectos conjuntos de decisiones aparentemente aisladas. También significa conservar capacidad de respuesta frente a lo que todavía no sabemos imaginar.

El futuro hídrico de la ciudad se construye con las autorizaciones, las inversiones y las omisiones del presente, así como con nuestra capacidad de aprender críticamente del pasado. Por ello, si las advertencias actuales se materializaran en una crisis hacia 2030, sería inadecuado hablar de un «cisne negro hídrico»: estaríamos ante un riesgo reconocido cuya prevención habría resultado insuficiente. El desafío consiste en convertir las advertencias de hoy en decisiones oportunas que eviten la emergencia de mañana. La pregunta que debemos responder es ¿qué estamos haciendo hoy para que el agua siga haciendo posible habitar Mérida mañana?

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