Opiniones

El parque de La Plancha

Antiguamente, en el patio de maniobras de la estación de ferrocarriles, existía un mecanismo para hacer cambiar el sentido de las máquinas locomotoras, después de terminado un viaje, y para que pudieran emprender uno nuevo, en sentido contrario. Ese juego de cambios de vía era conocido popularmente como: la plancha, y fue tan popular que, a todo el extenso patio de maniobras de la llamada Estación Central, la comunidad lo bautizó como: La Plancha. Muchos años, los Ferrocarriles Unidos de Yucatán, y luego, los Ferrocarriles Unidos del Sureste, operaron ahí con regularidad y dando un servicio de transporte seguro y económico, así que su operación era muy abundante permanentemente. Poco a poco, los ferrocarriles fueron cayendo en desuso y la Estación Central y con ella sus patios, fueron abandonados. La popular plancha se convirtió en una gran extensión llena de maleza, y sólo era útil un pequeño espacio en el que se habilitó un campo de futbol, conocido como: Campo de la Plancha.

Por un período bastante extenso, los terrenos de la Plancha sufrieron abandono y eran incluso, refugio de gente mala y malvivientes, hasta representaba un peligro para la sociedad. Ernesto Zedillo Ponce de León, en una traición a la patria, liquidó los Ferrocarriles Nacionales, y con ello dio la puntilla al servicio ferroviario en todo el país. El panorama de los trenes se vislumbraba totalmente obscuro. Siendo alcaldesa de Mérida, la arquitecta Angélica Araujo Lara, mandó desyerbar los amplios espacios de La Plancha, y dio ahí un colosal concierto, protagonizado por la cantante colombiana Shakira, pero después cayó de nuevo en un lamentable abandono y volvió a ser una gran extensión llena de maleza. Su futuro era totalmente incierto y hasta impopular.

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Pasaron muchos años, y llegó a Mérida Andrés Manuel López Obrador, ya como presidente de México, y tuvo la visión de hacer de aquel terreno inservible, el proyecto urbano más grande de la ciudad: Un parque de dimensiones jamás soñadas en nuestra ciudad. Así surgió el proyecto del Parque de la Plancha, un parque novedoso que incluía grandes espacios arbolados, grandes extensiones de césped, lago, concha acústica con graderío, restaurantes, cafeterías, refresquerías, un concepto urbano totalmente novedoso. Y dicho y hecho, se puso manos a la obra, y en unos meses de trabajo, el parque quedó listo y el ejecutivo de la nación lo entregó al pueblo yucateco para su disfrute; pero conservando la administración y vigilancia de las instalaciones. Y así estuvo por años. La presencia permanente de la Guardia Nacional, era un motivo de tranquilidad en las instalaciones.

Hace unos meses, la Guardia Nacional dejó de vigilar, la hierba creció sin control, los restaurantes empezaron a cerrar. Por su extensión tan grande, ese lugar, sin vigilancia, es un escenario propicio para cosas malas. Suponemos que el gobierno federal entregó las instalaciones a otro orden de gobierno, no sabemos si estatal o municipal, pero el caso es que, unas instalaciones que fueron timbre de orgullo para la ciudad, en la actualidad, se han convertido en un foco rojo en la conciencia ciudadana. Cualquiera que sea el administrador, debe tomar las riendas del caso y restablecer vigilancia y orden en ese lugar. No tenemos que esperar a que ocurra un hecho que tengamos que lamentar.

Las cosas se dicen a tiempo. No sé a quien me dirija, pero levanto la voz para pedir que, La Plancha, sea de nuevo un espacio adecuado para todos los meridanos.

Mérida, Yuc., a 19 de octubre de 2026.

Ariel Avilés Marín.

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