
El «Rey de los Deportes» corre por las venas de Alfredo Harp Helú, una pasión indomable, cuyo lema personal es «Vivir y morir jugando béisbol». Este profundo amor nació en su infancia, moldeado por la intimidad del hogar.
Desde muy pequeño, sintonizaba con fervor los partidos a través de la radio familiar y frecuentaba el emblemático Parque del Seguro Social. Con los años, este idilio infantil maduró hasta convertirlo en el dueño de los Diablos Rojos del México en 1994, el equipo de sus amores.
Movido por la firme promesa de otorgarle a su afición una casa permanente a la altura de su historia, Harp Helú impulsó la creación de su propio recinto: el Estadio Alfredo Harp Helú. El proyecto arquitectónico, bautizado como el «Diamante de Fuego», comenzó a edificarse en noviembre de 2015 bajo el talento de los arquitectos mexicanos Alonso de Garay y Francisco González Pulido.
Tras cuatro años de compleja planeación y construcción, el imponente estadio abrió sus puertas el 23 de marzo de 2019, destacando por un icónico diseño que fusiona la herencia prehispánica en bases de piedra volcánica con una espectacular cubierta vanguardista en forma de tridente.
Detrás de este coloso se esconden hazañas de ingeniería y momentos deportivos inolvidables que le han otorgado un alma única, por ejemplo, el terreno donde se construyó presentó condiciones extremas que obligaron a clavar más de 1,200 pilotes de hasta 60 metros de profundidad; los ingenieros recuerdan con asombro que, por el mismo peso del piso, los pilotes con punta adiamantada se hundían casi solos y debían usar maquinaria pesada únicamente para sacarlos.
Una vez inaugurado, el estadio no tardó en consagrarse como un escenario de hitos históricos: apenas a dos meses de su apertura, el 5 de junio de 2019, atestiguó la paliza más grande registrada en la Liga Mexicana de Béisbol, con un triunfo de los Diablos por 29-0 frente a los Bravos de León.
Asimismo, el inmueble se ha ganado una mística especial por sus regresos imposibles, pues en dos ocasiones el equipo local remontó desventajas de 10 carreras gracias al empuje de su afición. Esta magia no solo ha cautivado al público local, sino que ha atraído los reflectores de las Grandes Ligas con series oficiales de la LMB y el histórico regreso de los Yankees de Nueva York a México, consolidando así el majestuoso templo que el filántropo construyó para inmortalizar el eco de aquella vieja radio de su niñez.



