Bienestar Espiritual

Vivir y cumplir con razón, es equilibrio (4)

He aquí mi secreto.
Es muy simple:
No se ve bien sino con el CORAZÓN.
Lo esencial es invisible a los ojos.

El Principito.

rel="nofollow"

Antoine de Saint Exupéry.

              La Gracia, en nuestras vidas potencia la libertad de creer. Formados en el camino de la verdad, es seguro que se vea más clara la realidad.

¿Qué significa, creer?

Por momentos lo relacionamos con hacernos parte de una religión, y listo.

Sí, las bases religiosas son muy importantes, mas el corazón no puede dejarse de lado. Cuando se abre la parte emotiva y se hace genuinamente unida a las bases y postulados de buenas ideas, se entona lo anímico y se logra tener armonía entre lo que sentimos y lo que pensamos. El pensamiento sí que se va moldeando con los años, es un hecho.

 Claro que es totalmente factible que, al creer, el círculo virtuoso del alma, se abra más evidente en el ser y se tenga más paz interior, para lograr: ese crecer en el interior. El asunto de creer, no es tan solo estar, hay que repensar lo que se cree y percibir el crecimiento de las ideas. A casi todo ser humano se le propone desde niño un camino, ya luego, el profundizar por ahí, es asunto personal. Llega así la cosmovisión, que es eso mismo que empalma todo, lo otorgado de base junto a preferencias en el alma y éstas se van moldeando. Cada día hay necesidad de implementar con estudio, así es como respira el espíritu: estando atentos.

Cada vez, hay mas flojera mental.

Comprender, es lo que proviene de las lecturas elegidas para cada día, esa combinación de la palabra divina y la literatura elegida son los dos ingredientes necesarios para el corazón, es decir lo emotivo que no solo es movimiento interior. Es idea, sentimiento y realidad de que lo que creemos nos lleva con mas sentido.

Lo que uno cree no es un adosamiento que se pega por fuera, es parte del ser.

En casa, por un lado, mi madre quiso que creyésemos sin más. He de reconocer que a fin de cuentas ha dado frutos buenos, mas, si nos costó a los tres hermanos que somos, mucha más argumentación personal. Con todos los postulados de la religión que ella tenía y que venían desde su familia extendida, nos hizo partícipes. 

 Nos costó trabajo entender que era eso que ella proponía. Lo logramos cada quien a su manera.

La religión católica que es tan basta y profunda, si no se complementa con buena reflexión, se vuelve un tedio. ¡Tanto que aportar!, no es solo que uno participe en el rito, hay que saber un tanto los argumentos, los porqués. Sin mayores explicaciones se puede entrar en inercias que vacunan, entra como flojera de pensar. Jamás dejamos de apreciar la buena voluntad que tuvo nuestra madre, y eso mismo nos hizo querer entrar a la vida espiritual, sin duda alguna.

Por el lado de mi padre no se infundió nada como verdad única.

Solo la vida llevada con disciplina, que a su lado dio el asiento de la base activa.

El modo de afrontar el mundo nos era lo más evidente, con buena actitud. El orden y la rutina aceptada como un bien para avanzar, fueron las prácticas.  En nuestra infancia, la realidad estaba adosada a tener los porqués de los actos emprendidos.

Buena parte era saber que, en lo elegido, siempre habría un esfuerzo. Si se jugaba tenis, se tocaba la guitarra o se hacía arte, habría que acatar con buen talante.

Sí existe una gran diferencia en el acatar en lo elegido y comprender claramente que todo esfuerzo, reditúa. El mero divertimento, es solo complemento.

Las elecciones de las acciones de vida han de llevar un ingrediente muy personal: no se hacen por imitación. Propiamente hay que cuestionarlas desde dentro, y el sentido sí es genuino, se aparece.  El niño, puede y debe equivocarse, eso mismo, dará base para lo realista. Nunca creer en el exceso de perfección, puede rompernos. Propiciar al crio la fantasía, para que de ella recomponga su visión.

La parte sustancial de las propuestas de mi madre a todos nos motivó.

En la infancia, lo emprendido habría que hacerlo con cierto grado de conciencia de todos los pormenores. Desde el buen comer, apreciar los momentos de descanso.

En casa, todos los hijos pusimos condiciones. Mi padre con una visión más creativa de la vida, siendo que era un arquitecto prácticamente nato, nos dejó fluir; mi madre lo entendió y supo que lo que él proponía era bueno. Había buena coordinación entre ambos, existió consenso, aun siendo tan diferentes entre ellos mismos. 

Las creencias se asentaron primero en los cimientos. Los que puso mi madre que practicamos por momentos a regañadientes, siendo que ella logró por un tiempo a mi padre como partícipe de los ritos de su religiosidad. Aunque él no estuviese del todo convencido, acompañó. En eso se complementaron silenciosamente.  Luego nos dimos cuenta que ser de pensamiento original venía de nuestro padre.

Si los padres logran ser de la misma línea de bien, de proponer vivir vidas dignas y moralmente asentadas en las verdades lógicas, la creencia se amalgama.

 Sí cuesta mucho mas encontrar los caminos personales de esta forma, porque se pueden dar discrepancias, en nuestro caso lo positivo, permeó.

 Vivir en la paz de Dios es lo más deseado por todo ser terrenal. Conjuntamente, si se está en serena observancia se elige el camino a tomar, aun en la adultez.

Dentro de todo se encuentra la bondad de la Gracia, misma que no es otra cosa que: ese viento fresco que nos invade cuando nos sentimos seguros de lo que creemos.

 Cada ser puede vivirla desde sus personales creencias, y nadie se escapa de que es el ingrediente que aglutina lo importante, que da ese toque de bien.  En lo personal nunca había optado por los fundamentos de mi propia religión, la católica, hasta que mi hijo me los trajo en bandeja de plata, y hoy los compartimos.

 Con los años, he llegado a darme cuenta que nada de lo filosófico se asienta al aire, como se propuso cuando los filósofos hablaron de la razón, en el siglo de las luces y solo ésta fue lo valido. Lo razonable viene como parte de la religiosidad, aunque muchos la tachen de magia.  Todo pensamiento humano está asentado en las observaciones que se dieron en los primeros tiempos, nunca ausentes de esa dimensión que, no siendo física y tan palpable, existe, la metafísica.

 Así es como crece el conocimiento y seguirá creciendo, aun lo científico más profundo e intrincado, todo tiene bases metafísicas. En lo ideológico vamos por otro camino, claro que las ideas nos sustentan como individuos únicos.  Privilegiados en el orbe como homos, avalando con claridad esa donación de ser inteligentes, ¡no nació de la nada! es parte de nuestra condición, homo sapiens. ¿Cómo nos vamos a nombrar a nosotros mismos doblemente sapiens, si aún no terminamos de comprender lo dual?: somos ideas y alma en uno solo.

Hay que aceptar, el proceso aún no está concluido. Los avances en el mundo van y luego regresan como bumerangs que nos azotan, para volver a empezar, siempre.

La filosofía contesta muchas cuestiones. Nunca es tan solo es pensar ideas, es saber cómo se asientan en las épocas, en la vida de cada ser. Nada se logra si no hay preguntas a resolver. Ojalá fluyésemos con la sencillez del vuelo de un pájaro, o del deslizarse de las olas del mar, eso es imposible, mientras mas inteligencia hay, mas responsabilidad es necesaria. 

Comprendamos, que entendernos entre todos como especie sería la razón última de compartir esa condición, mas eso no se ha logrado y cada día se ve más lejano.

Obvio que jamás será pensar igual al otro, es demasiado lo que se ha dejado en manos de gente que ha perdido el pensamiento virtuoso, moral,  en aras de la ganancia material. Era y es aún importante el pensamiento en equilibrio, que a fin de cuentas nos une como un todo. Eso, se soltó, y la tecnología y el provecho de unos cuantos parece que ha ganado la partida.

Cuesta, y cuesta mucho hasta en el pequeño grupo en el que nos desenvolvemos, saber que nuestra parte por mínima que sea, aporta. En el ámbito cultural y social que nos toca vivir, ni se diga, hay que llevar por dentro la pulsión creativa, transformar el espacio en que vivimos.

Cuando se hizo a un lado en la época de la ilustración la parte anímica del ser humano, y se apeló a todo conocimiento solo asentado en la comprobación de asuntos encontrados en los ámbitos de la ciencia, fue que las divergencias nos separaron para beneficio de unos cuantos. Conocimientos religiosos se sacaron de la escena, por ser considerados como un ámbito inventado y sin aporte, esto tan solo nos alejó de observarnos como una sola especie y que tan solo por eso mismo merece un profundo respeto cualquier ser que esté a nuestro lado.

Ya hablamos de la muerte del Eros. ¡Claro que está muriendo en el mundo! porque no entendemos que papel juega el entendimiento de las verdades de cada ser, y ya sea unidos en pareja o no, el eros es la pulsión del amor lícito en la verdad de nuestra especie. Teniendo la oportunidad de un mundo grandioso que explorar, nos limitamos a creer que en todo habremos de coincidir, de otra manera se dan las rupturas. El varón ya no es el proveedor por antonomasia, y no toda mujer ha venido tan solo a parir hijos. Nuevas propuestas nos esperan, saber que es en verdad lo que une, quien acompaña a quien, y como ante todo podremos creer de nuevo en nuestra especie otorgada.

Ya sabemos que para este siglo XXI se nos presenta la oportunidad de revalorar, de no lograr esta encomienda, se va a quedar mucho en el tintero.

Ojalá nos comprometamos para darnos la fuerza necesaria de transformar en los ámbitos, con lo que sí creemos. Aportar ahí en donde estamos. Con eso mismo nos bastaría para que en la transformación esperanzadora tanto en lo individual como en lo social y cultural, se logre.

Es aquí mismo en donde el verbo creer debe dar los frutos.

No necesariamente estamos hablando de los frutos para poblar al mundo, porque sí es una verdad que no todo ser nace con los dones de la paternidad, pero si podríamos pensar en que lo que creemos, de a luz nuevas ideas propositivas. Aceptar, que los ámbitos terrenales también tienen preferencias.

No solo se cree o se duda en los ámbitos del amor de pareja, profesión o religión.  Volver a creer en los amigos, en los colegas y más que nada en las vivencias en las que se pueda coincidir con buena fe en el ser humano.

Claro, que en la amistad es mucho más difícil porque a veces es una realidad que no se puede convivir con personas que no entienden ese valor de la cercanía genuina, parte de lo desvirtuado es querer ver en el amigo un potencial social del que se quiere obtener provecho,  antes que buena compañía y buen acompañamiento.

 Nos olvidamos que toda relación humana es ante todo un crecimiento mutuo.

Habiendo tratado de hablar un tanto del verbo creer, podríamos decir que es asentar la fe en la vida, en eso que sí nos mueve, que nos da sentido, buenas razones.

El ser que aún no puede contestase si cree o no en un Dios omnipotente, es asunto personal, mas no olvidemos que hasta el mismo ateo puede decir:

 -soy ateo, gracias a Dios-.

Ya vemos que la época del desprecio a la religiosidad está revirtiéndose. Esos seres que solo se asentaron en los postulados científicos como único camino, ya están volteando a ver ¿Qué ha pasado?, porque sus ideas no lograron cambios drásticos y buenos como creyeron. Hay necesidad en el mundo de tener espiritualidad genuina.

Hace unos días escuche en una entrevista muy interesante, a un estudioso científico de la vida misma, y nos decía que nada aún se asienta en totales certezas, aun en las biologías mas estupendas y bien estudiadas de los ámbitos moleculares, en el mismo asunto de la neurociencia y mucho mas en la microbiología, están aún descubriéndose miles de novedades. Él movimiento sigue, nada está cerrado. La conjunción de las creencias con respeto nos hará una especie libre.

Investigar, a cualquier edad es un buen camino. (Continuará)

Deja un comentario

Botón volver arriba

Descubre más desde EstamosAquí MX

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo