
¡Me caigo al mar! -se abruma la columna Viernes Cultural, luego de leer en la prensa capitalina, que “12 secretarios de Estado ganan sueldos mayores al de la presidenta Sheinbaum”.
– ¿Y qué? -filosofa El Transcriptor, bebiendo su espresso doble en tazas de porcelana china, de las dinastías de Shang y Zhou-, ellos tienen siempre presente la célebre máxima mexicana que dice que “es un error vivir fuera del presupuesto”.
– Pero, balbucea su querida de los viernes, la Constitución prohíbe que cualquier servidor público reciba un sueldo superior al de la presidenta de la República.
– ¿Y qué?, insiste El Transcriptor, ellos no son iguales a los otros. Tienen que estar “forrados” y preparados para resistir en la defensa de la soberanía y del “pueblo bueno y sabio…”.
No estoy de acuerdo, dice la legalista columna Viernes Cultural. No es justo que la presidenta gane menos, sobre todo que al finalizar su mandado, según ha dicho ella misma, se jubilaría recibiendo unos 30 mil pesos.
– ¡Madre mía!, se angustia, ¿cómo va vivir con esa pensión?
Cuestiona como el dueño del primer piso de la transformación, “¿y cuánto gana Loret?”.
Y se retira a encender una vela a la Virgen de Altagracia para que tenga mayor sueldo la presidenta de la República.
Se pregunta, ¿la Aseguradora Pública especializada en el pago de pensiones le garantizará una mejor pensión presidencial?
¿O serán más productivos unos “piadosos” sobre amarillos, o una tómbola o una “coperacha” de los morenos puros e impuros?



