
El Transcriptor, modestia aparte, es un extraordinario internacionalista y geopolítico universal. Está convencido que los “seres humanos deben unirse más allá de las fronteras nacionales, políticas, culturales, raciales o de clase para promover sus intereses comunes”.
Hoy está apurado, revisando su pasaporte y su visa, no para viajar a Estados Unidos, sino a Letonia, un país ubicado en el mar Báltico entre Lituania y Estonia. Escribe y escribe, y no deja de escribir, en su agenda, pequeña pero abultada.
– ¿Y eso? -cuestionada la columna Viernes Cultural-, ¿qué vas a hacer en Letonia?
– No lees, querida -se inquieta El Transcriptor-, ayer leí en las redes que la “falta de hombres en Letonia lleva a muchas mujeres a contratar maridos por una hora”.
– Y como dice Anunciación, “yo estoy donde la gente nos necesita”, así que me voy a Letonia, y al ritmo de la marcha de Zacatecas, el erotómano de los viernes, repasa su agenda y se marcha:
– Amelija, de 7 a 8; Emilija, de 8 a 9; Katrina, de 9 a 10; Gabija, de 10 a 11; Patricija, de 11 a 12, Pausa para comida, 12 a 13, Dzintra, de 13 a 14…
Y así, ad infinitum.



