
El Transcriptor se fija en un reporte de prensa capitalino: “Diversas organizaciones como la Alianza Mexicana de Abogados, el Colegio de Abogados y la Alianza Cívica de Sinaloa manifestaron que el gobernador habría vendido el alma al diablo”.
– Cruz, cruz, que se vaya el diablo y venga…, llora enseguida la columna Viernes Cultural, y cuestiona: ¿cuál será su destino, la cárcel del vecino del norte o el infierno de Dante? Él dice que preferiría irse a “La Chingada”.
– ¿Y cómo la compró, en adjudicación directa o en subasta o en tómbola?, se pregunta. Y sigue: En cuánto la vendió? En dólares o en euros o en pesos? ¿En abonos?.
El Transcriptor supone que le salió baratísima al maligno, ya que el gobernador con licencia está devaluado desde hace mucho tiempo, habrá sido una ganga, sus adláteres de la cuarta ya no gritan “todos somos Rocha”.
A lo mejor quiso ser como el papa Silvestre II (946-1003), que se dice vendió su alma a un demonio femenino llamada Meridiana, para lograr el trono pontifical.
Por cierto, acota El Transcriptor, Anunciación no vende su alma, no, ella carga al “diablito de carga”, según estrenó en sus redes un video propagandístico el pasado lunes 29 de junio; y duda: se le diría ¿“diablitera” o diabólica”?
– Chuch, pobrecito de Rocha, sigue acongojada la querida de los viernes, estaría desesperado, no quería “pisar” la cárcel y prefirió al diablo, y se convirtió él en un “pobre diablo”.
“ Y tú, querido, ¿lo conoces?”
– “No, a Rocha no lo conozco ni me interesa conocerlo”.
– “¿Y al otro?
– “Bueno, te diré la verdad. Yo de joven lo conocí. Se hacía llamar Blue Demon. Tuvo un hijo. A ese no lo conocí.
Y El Transcriptor se pierde en la añoranza de los cuadriláteros mexicanos y bebe su espresso doble, servido en tazas de porcelana china, de las dinastías de Shang y Zhou.



