Opiniones

Tus dos muertos

En estos días está en cartelera la película Tus dos muertos (Daniel Castro Zimbrón, 2025), basada en la novela homónima de Jorge Alberto Gudiño Hernández. Naturalmente, quien haya leído el libro no  dejará de comparar la versión literaria del oscuro mundo —interior y exterior— del protagonista, Cipriano Zuzunegui (Zuzunaga en la cinta), con su traducción fílmica. Como una invitación a leerla y a ver su adaptación cinematográfica, les dejo mi comentario sobre la novela, escrito para su presentación en Mérida, en octubre de 2016.

“Hablaron de ti. Del policía que investiga. Se rieron bastante. ¿Por qué solo habían mandado a un pinche loco en lugar de un escuadrón? Buena pregunta. Ni que fueras Sherlock Holmes.” En el momento de interrogar al tullido Cuco, el agente Cipriano Zuzunegui ironiza para sus adentros sobre su condición de solitario investigador del secuestro de Juan Perea, hijo no reconocido del diputado Manrique.

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Y es que el protagonista de Tus dos muertos, novela de Jorge Alberto Gudiño Hernández, se encuentra en las antípodas del famoso detective creado por Conan Doyle. Como algunos de sus antecesores mexicanos y como tantos policías de carne y hueso, Zuzunegui es más bien tradicional en cuanto a sus técnicas de investigación. Sus interrogatorios incluyen invariablemente violencia física y verbal y su aprecio por la ciencia y la tecnología es escaso. Así, al llegar antes que nadie al vehículo del joven secuestrado, luego de apropiarse del bolso de la novia, se dice: “No hay mucho más que puedas hacer. No tienes equipo para recabar huellas digitales y de poco te serviría. Esto no es una serie de televisión, no hay contra qué comparar lo que uno encuentre. Mejor permitir que hagan su desmadrito los de la Procu.”

Más próximo a los policías de verdad que a los de las series televisivas, Zuzunegui carece de escrúpulos morales y cobra cuotas a los agentes de crucero, los niños de la calle, los narcomenudistas, los ambulantes y demás víctimas habituales de la extorsión policiaca. Un dechado de virtudes que, sin embargo, tiene sus lados flacos (o humanos según se quiera ver): el remordimiento que le causa haber dado muerte a su padre; el cariño que siente por su hija Leslie, que vive en Nueva York; sus gestos de compasión hacia Nat, la niña callejera que tiene un bebé; sus reprimidos impulsos homosexuales…

Si bien Tus dos muertos es una novela negra, dado que aborda la resolución de un crimen en un entorno oscuro, corrupto y violento, trata también de la problemática existencial del protagonista, que se debate entre la soledad, su condición inferior —ha sido degradado por su probable participación en un ajuste de cuentas—, el recuerdo del padre y la ausencia de la hija. Reflejos distorsionados de sus demonios se hallan en los demás personajes del libro: el diputado que se ve obligado a reconocer públicamente que ha tenido un hijo fuera de matrimonio y parece preferir que lo maten sus secuestradores; el padre y el hijo del Matape, un loco que se masturba públicamente todo el tiempo; la familia de la novia del secuestrado, que incluye a un padre inválido y un hermano drogadicto; La Amarilla Nelson, cuya familia fue exterminada por narcos, y personajes solitarios, alcohólicos, violentos o discapacitados.

Como es propio del género, el detective debe hallar al (los) culpable(s), aunque su catadura moral sea semejante a la de los sospechosos, acaso con más zonas oscuras —como la muerte de su padre y el reciente asesinato de su amante Tamara por un joven callejero al que extorsionaba—. Las discapacidades, la mierda —motivos recurrentes— unen a “buenos” y “malos” en un mundo en el que todos padecemos algún tipo de disminución física o moral y todos debemos limpiar cotidianamente nuestros propios desechos o los de otros.

Tus dos muertos narra, pues, una pesquisa policiaca en la que el lector no queda a salvo, en la cómoda posición del que se identifica con el “bueno”. Desde el título, la novela está escrita en segunda persona, haciendo así al receptor partícipe de los actos del personaje principal, así como de sus pensamientos y emociones. Gracias a ese recurso, usado memorablemente por Carlos Fuentes en Aura, los lectores estamos más cerca del detective y participamos de sus pulsiones, sus miedos, sus acciones… Empero, el autor no abusa: dosifica las frases en segunda persona, alternándolas con enunciados en tercera persona y frases sin verbo que, sin embargo, no rompen con el discurso en segunda persona.

Dueño de su oficio, Gudiño Hernández inserta a su protagonista en un escenario que toma como modelo ciertas zonas del oriente de la Ciudad de México: la colonia El Fresno, cuyas casas arruinadas y comercio desordenado son trasunto de sus habitantes, hombres (más bien, pues solo hay dos personajes femeninos) a los que mueven el alcohol, las drogas, la violencia o el sexo. La prosa del novelista, ágil, nerviosa, hecha de enunciados breves, muchas veces unimembres (sin verbo), es especialmente apropiada para la narración de las acciones y la descripción de los ambientes sórdidos en que se desarrolla la trama de la novela.

El excepcional episodio con que arranca Tus dos muertos (no aprovechado en su adaptación fílmica) presenta al detective Zuzunegui y el motivo de la mierda y da el tono general del relato: narra la brutal acometida del policía contra un niño de la calle que no ha cubierto su cuota en el momento en que este se encuentra defecando en un baño portátil. Copio a continuación un fragmento para que tengan una idea:

El hedor a mierda te escuece la garganta.

Te estás pudriendo, cabrón. le dices a Carmelo mientras le revientas la boca de un toletazo.

Él está sentado en el retrete portátil. Las paredes de plástico reciben las gotas de sangre de su boca, sumándolas a manchas añejas. El golpe produce un eco como el que se da en la penumbra anterior a la caída de la noche. Sin dejar de mirarte, se cubre la boca con la mano.

La cara de Carmelo se descompone cuando amagas un nuevo golpe […]

¿Así que ya no quieres pagar? Preguntas conteniendo una arcada.

¿Cuántas personas cagan a diario en este agujero? Huele peor que si lo hicieran al aire libre, en una esquina oscura en el terreno baldío que se extiende por casi toda la cuadra.

Tampoco hay respuesta.

Alzas el tolete. Un miedo infantil se apodera de los rasgos de Carmelo. ¿Qué edad tiene? ¿Quince, dieciocho años? Es difícil saberlo con los callejeros […]

La trama del relato es lineal, como es usual en la novela policiaca; pero, aparte de los pasajes “de acción” indispensables, hay momentos en los que el protagonista es acosado por el fantasma de su padre o por hechos del pasado  —como los relacionados con La Amarilla Nelson—. En general, la novela es fácil de leer —por su extensión y porque atrapa desde el principio— y solamente en un par de momentos climáticos se confunden los discursos de los personajes, traduciendo formalmente la confusión reinante.

Tus dos muertas es una novela negra que lo mismo gustará a los amantes del género que a los lectores de novela a secas. A los primeros, porque en ella encontrarán los ingredientes conocidos más otros que le dan un sabor peculiar (mexicano podríamos decir). A los segundos, por su hábil y efectiva construcción de unos personajes y un relato que, para nuestra desgracia, seguramente nos resultarán harto conocidos.

Jorge Alberto Gudiño Hernández, Tus dos muertos, México, Negra Alfaguara, 2016.

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