
Como cada año, la compañía teatral “Havanafama”, de Miami, se ha hecho presente en “Casa Tanicho” con una brillante y breve temporada de obras selectas. El grupo, dirigido por Juan Roca, ha venido a refrendar entre nosotros la justa buena fama que ha conquistado con sus anteriores presentaciones, “La Casa de Bernarda Alba”, la mejor de todas ellas. Este año, no ha sido la excepción, un par de obras estupendas saltaron al escenario, y han triunfado, pues el grupo ha tenido teatro lleno en cada presentación, lo cual ha sido un acto de justicia, por la buena calidad de sus trabajos escénicos.
El sábado 5, a las ocho de la noche, al dar Jorge Iván Rubio la tercera llamada, tuvimos la oportunidad de ver en escena una obra de una delicadeza que raya en la exquisitez. Se trata de una deliciosa y delicada tragicomedia titulada “El Milagro de Madame Kirovska”, de la autoría de Héctor Santiago. Esta obra, tiene una trama de profunda sensibilidad y buen gusto; todo en Madame Kirovska es elegancia, glamur y sofisticación. Sus relatos, independientemente de si son reales o no, revisten una fantasía que, si no son reales, merecerían serlo.

Madame Kirovska, es una encantadora viejecita, que ha tomado bajo su protección a una joven mariposilla que ha conocido en la arboleda de un parque, donde la joven ejerce el oficio más viejo del mundo. Lulú Marchand es su nombre de batalla, pero Madame Kirovska se empeña en que ha de llegar a ser Camelia, como el inmortal personaje de Dumas. Y ese, es precisamente el milagro; paso a paso, como un moderno Pigmaleón, Madame Kirovska hace de Lulú Marchand, ¡Camelia! Un milagro de amor y sutileza.
Toda la acción de la obra transcurre en un saloncito amoblado con buen gusto: Un sofá Reina Ana con un cojín de gobelino, un sillón victoriano, una lámpara de pie, un par de cómodas con retratos, jarroncillos y una exquisita escultura de marfil, que es nada menos que la propia Madame Kirovska. Todos los demás detalles de la escenografía son también de un gusto selecto; la tetera de plata, las tazas de porcelana francesa, la mesita de servicio. Madame, vive rodeada de un mundo a la altura de sus recuerdos y vivencias exquisitas.

Los diálogos entre Madame y Lulú son salpicados con relatos de aventuras en los lugares más increíbles: El rey de Siam, el conde de Borgoña, personajes maravillosos han tenido aventuras galantes con Madame. De las pláticas entre Madame y Lulú se va coligiendo que la anciana ha encontrado en la joven el reflejo de su propia vida inquieta y es por eso que la ha tomado bajo su protección.
Poco a poco, Madame va haciendo que Lulú se vaya transformando en Camelia. – Levanta los dos últimos dedos al tomar la tetera. – Levanta la barbilla. – No sirvas el te, ni demasiado alto, porque salpicas, ni demasiado bajo, porque se tira en el plato. La va enseñando a caminar con gracia, la va enseñado a elegir un vestuario apropiado, va haciendo de Lulú, Camelia.

Con Madame vive un nieto suyo, Albio Frizky, que es un empresario exitoso y lleno de compromisos. Albio ha tenido un matrimonio fracasado, y su vida solitaria es una preocupación permanente para Madame. La amorosa abuela, en secreto, concibe el proyecto de hacer de Camelia y Albio una pareja perfecta. Madame va poniendo en suerte a Camelia con Albio en cada oportunidad que tiene. No descarta el chantaje cada vez que se necesita para lograr sus propósitos. Su salud está quebrantada y da señales de ello. Poco a poco, Madame va logrando su plan. Al final triunfa y, felizmente, ve a Camelia y Albio como una pareja feliz. La vida se le escapa al dejar caer al suelo una delicada copa de cristal.
La obra es exquisita y delicada, como una figurilla de blanco biscuit. El milagro de Madame Kirovska, es eso, un milagro. Las actuaciones son muy afortunadas. Dairín Valdés, nos da una Lulú creíble y asume con gran maestría su metamorfosis en Camelia. Un gran aplauso para ella. Dennis Mencia, está muy exacto en su papel de Albio. Tiene una gran presencia y fuerza en escena, además de ser muy varonil y atractivo. Julie De Grandy, es una actriz consumada, una actriz que sabe lo que hace. Nos regaló una Madame Kirovska exacta, elegante, encantadora. Realizó durante la obra, una gran cantidad de cambios de vestuario, todos ellos de un gusto exquisito, lo cual le dio al personaje el halo de frivolidad que lo hace maravilloso. Siendo una mujer joven, nos dio la credibilidad de una anciana de gran belleza y naturalidad. Le damos una ovación de pie.

La dirección de Juan Roca, impecable, como siempre. Su mano firme se deja sentir a lo largo de toda la puesta. Qué excelente iluminador es Eddy Díaz Souza. El monólogo de Albio se cubrió de magia por su juego de luces y sombras.
Una puesta en escena redonda y brillante. Un nuevo acierto de “Casa Tanicho” al traer de nuevo a “Havanafama” a nuestros escenarios.
Podemos resumir esta puesta en la frase de Madame Kirovska: “Sin amor, sólo hay espinas en la rosa”.



