
El 2 de septiembre de 1958 un grupo de niños inició la educación primaria en la Escuela Modelo. La primera semana de clases estuvimos como invitados en el salón de Lucrecita Vadillo, pues la maestra de primer año, Socorrito Castilla, se había retirado de la escuela. En la segunda semana, se puso al frente de nuestro grupo la Mtra. Telma Rosa Patrón Góngora, quien había llegado a la Escuela Modelo por recomendación de la Mtra. Purita Escalante de Cantillo, directora de la Secundaria “Agustín Vadillo”.
Telma había egresado de la Escuela Normal “Rodolfo Menéndez de la Peña” apeas en junio, de modo que, fuimos el grupo de niños con los que se estrenó en la docencia, y lo hizo maravillosamente.
De aquel grupo que iniciamos la primaria en 1958, algunos avanzamos juntos por todos los grados de primaria, secundaria y concluimos juntos la preparatoria en 1970. En la especialidad de Ciencias Sociales estuvieron Francisco Calero Mézquita, José de la Cruz Briceño, Efraín Mena Solís, Álvaro Abraham Pérez Ramos, Luis Cetina Morales, Rafael Molina Solís, Carlos Escofié Pompeyo, Carlos Sosa Castillo, y alguno más que escapa a la memoria. Compañero de esa generación, que se inició con nosotros desde el primero de primaria, y que se graduó al mismo tiempo que nosotros, pero en la UNAM, era Francisco Javier Hevia Salazar, el querido Paco Hevia. Paco Hevia, llegó a ser un destacado abogado laborista.
Hombre honrado a carta cabal. Llegó a tener un despacho muy grande e importante que atendía asuntos de su especialidad. Paco era un amigo entrañable y que, a su vez, tenía en muy alta estima la amistad y el compañerismo. En nuestra generación, siempre fue un permanente promotor de que el grupo se mantuviera unido y se reuniera con la mayor frecuencia que fuera posible. Paco, siempre nos decía a todos: – Tenemos que reunirnos las más veces que podamos, nadie sabe quien podrá venir a la siguiente reunión. Y Paco, predicaba con el ejemplo, pues dos veces al año, en su casa de Sitpach, ofrecía una generosa comida a todo el grupo, donde disfrutábamos de variados guisos en cazuelas, que para la ocasión preparaba su hermana con gran generosidad.
Los recuerdos con Paco Hevia se remontan a mi más temprana infancia. Como dije, estudiamos juntos desde el primero de primaria. Mi madre tenía un aprecio muy especial por Paco, del cual decía: “Tiene unos ojos muy grandes y azules, uno ojos bellos”. Su familia era una familia trabajadora, de clase media; su padre era propietario de una panadería que fue muy famosa, ubicada en pleno centro de la ciudad, la Panadería “La Colonial”, ubicada en la calle 60, entre 65 y 63, al lado del tradicional café “La Sin Rival”.
Desde muy pequeño, Paco aprendió del Profr. Alfredo Dorantes Tun a tocar perfectamente la tambora, llamada caja de la banda de guerra. Desde que estábamos en tercer año de primaria, Paco se hizo miembro de la Banda de Guerra de la Escuela Modelo, y desde esa temprana edad, ya participaba en los desfiles cívicos militares. Era admirable verlo marchar al frente de todos los mayores tocando la caja con gran precisión. Con el tiempo, Paco llegó a ser la primera caja de la Banda de Guerra de la Escuela Modelo.
Otro aspecto destacado en la vida de Paco, fue su gran labor como promotor del deporte. Paco, como yo, no fue practicante del futbol, pero ambos tuvimos siempre muy claro la importancia del deporte para los niños y jóvenes y lo promovimos e impulsamos. Paco, presidió por muchos años, la Liga de Futbol “Erick Díaz Palma”, y su gestión al frente de esta agrupación fue brillante y muy efectiva.
La enfermedad fue minando el cuerpo de Paco. Luchó, cómo el guerrero que era. Nuestros desayunos de generación se constriñeron a los martes y jueves, pues eran los días en que no tenía que ir a recibir tratamiento médico. Su convicción sobre el valor de la amistad lo llevó a asistir a los últimos desayunos acompañado de un enfermero. Tuvo un ingreso a la clínica; una bacteria oportunista se alojó en su pierna; Paco luchó y venció otra vez. Al amanecer del lunes pasado, Paco pasó tranquilamente del sueño a la trascendencia, se fue como se van los hombres buenos, sin sufrimiento.
Querido Paco, ya no tendremos más fiestas en Sitpach. Nuestras reuniones seguirán en tu memoria.
¡Querido Paco, ya nos encontraremos en donde el horizonte se junta con el tiempo!
Mérida, Yuc., a 4 de junio de 2026.
Ariel Avilés Marín.



