Cultura

Mi diario y yo / 75

Las complicaciones del amor

Querido diario:

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Transcribo la conversación que tuve hace unos días con mi amigo Odilón Bonaparte:

–Tuuskeep, ¿por qué nos resultan tan complicados los asuntos amorosos?

–¿Nos resultan, kemosabi?

–Bueno, no a todos, pero sí a muchos.

–¿Por qué lo dices?

–Por lo que leímos en el trabajo de José Luis Ramírez Luengo de Hablar y vivir en América.

–Interesantísimo su texto “La cotidianidad perseguida: lo prohibido en la América virreinal”.

–Sí, sobre todo lo relacionado con lo que en esa época se consideraba hechicería.

–Pero estarás de acuerdo conmigo que lo que allí se retrata en el fondo no es más que el miedo a la alteridad, como diría un ensayista pedante.

–Tienes razón. Estoy convencido que las relaciones interpersonales siempre han sido complejas porque involucran factores evolutivos, sicológicos, ideológicos, económicos, etc.

–Y como esos factores forman parte de la cultura del homo sapiens todavía sobreviven en la actualidad, aunque bajo otras formas.

En seguida Odilón y yo repasamos las insólitas transacciones que llevaban a cabo hombres y mujeres de aquella época para, mediante la intercesión sobrenatural, conseguir la atención o los favores de la persona amada o deseada, y que el autor sintetiza así:

[…] habitualmente por medio de unos indeterminados “polvos” que era necesario poner en contacto con ella –bien fuera aprovechando las costumbres higiénicas del momento […], bien incorporándolos a los alimentos, sobre todo al chocolate […], pero también con ayuda de algunas hierbas a las que se atribuía el poder deseado […] Incluso se creía que el agua utilizada para lavar los genitales obraba el mismo efecto […] (p. 237)

Así, vemos que había ensalmos con títulos curiosos como verga del lagarto o el mapachín para anular el hechizo de quienes no podía consumar el matrimonio (¿por disfunción eréctil?) o bien bebidas para asonsar a los hombres, en las que se mezclaban gusanos del caracol del monte, huesitos de sapo y cabezas de sompopos (una especie de hormiga). Había polvos que se hacían machacando determinadas raíces o variedades de flores combinadas con las barbas de guajolotes y en ocasiones, con trozos de nalgas de difuntos.

Esos polvos había que echarlos discretamente en alguna prenda de la persona a la que se pretendía o en su cabeza, mientras se pronunciaba un conjuro.

También se apelaba al poder de oraciones no autorizadas por la iglesia.

[…] Virgen de la Soledad, madre del Verbo Divino, echame tu bendición, que ya me pongo en camino; ya pongo el pie en el estrivo para arrancar a correr, ya me voy, que Dios me embía, el Espítitu Santo me guíe, que no sienta yo más mal que el que sintió Cristo, vida nuestra, en el vientre virginal de nuestra señora la Virgen María; Jesús, Jesús, riscos y montes razos se me vuelvan, y a mis enemigos las manos atadas lobos y canos, a todos mis enemigos se les oscuresca la vista, con el manto de Abrahán sea yo tapado, con la leche de mi señora la Virgen María sea yo rociado […] (p. 239)

–Tuuskeep, tú decías que aún hoy se recurre a prácticas que rememoran las de hace más de cuatro siglos. ¿Como cuáles?

–¿Has oído hablar de amarres de amor, endulzamientos, rituales encaminados para atraer el ser amado o deseado, mapas astrales, lecturas del Tarot, códigos sagrados, usos de determinadas piedras semipreciosas, baños de florecimiento, intercesión de arcángeles como Chamuel, Jofiel y Zadquiel, que ni siquiera figuran en los textos sagrados? ¿Y de la locura del looks-maxxing, que consiste en modificar el cuerpo hasta hacerlo perfecto y atractivo recurriendo a cirugías, ejercicios o dietas más extremos?

–No, para nada.

–Pues estás atrasado, actualízate.

La conversación derivó entonces en qué nos dice de una sociedad el hecho de que no sean pocos los que temen entrar en contacto con personas reales, es decir, de carne y hueso, y, aunque no lo creas, terminan sustituyéndolas por juguetes sexuales como muñecas inflables, consoladores, vibradores, vaginas artificiales, por citar unos cuantos artefactos disponibles en cualquier sex-shop o, no sé si es peor, conversando y contándoles sus cuitas a aparatos de inteligencia artificial.

–Por lo mismo que decías hace un rato: no es fácil relacionarse con los otros y las otras.

–Pero siempre debemos intentarlo, pues de lo contrario corremos el riesgo de convertirnos en misántropos y misántropas. ¿O no?

–De acuerdo.

Luego de despedirme de Odilón Bonaparte me alegré mucho de jamás haber recurrido a Tinder, Bumble, Facebook Parejas, Grindr, Gringe, Badoo y demás plataformas para relacionarme con el sexo opuesto.

Hasta la próxima.

P. D. Mi amigo Rolando Zapata Bello me hizo llegar un ejemplar de Víctor Cervera Pacheco. Ideario y praxis política, obra que él compiló y de la que escribió el prólogo. La publicaron este año Fundación Colosio y Miguel Ángel Porrúa. El título es casi homónimo al de Francisco Luna Kan. Expresión y praxis I y II publicados en 1980. Le agradecí el detalle.

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