Opiniones

Mi diario y yo / 47

Literatura de la Onda

Querido diario:

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Hace tres semanas, mientras curioseaba en una sucursal de conocida librería, vi la edición conmemorativa de La tumba de José Agustín en una de las mesas de novedades. Leí el prólogo y examiné el índice, pero no lo compré porque me entró la duda. Cuando llegué a mi casa consulté mi base de datos y solo encontré estas obras del autor: De perfil, El rock de la cárcel, Ahí viene la plaga, Tragicomedia mexicana I, II y III y La contracultura en México. “Será para la próxima”, me dije.

Hace dos semanas, regresé a la librería, pero se me atravesaron otros textos: En busca del paraíso, de Jean Delumeau, Los malos de la historia / Maximiliano de Will Fowler y La nueva era del kitsch de Gilles Lipovetsky y Jean Serroy.

No fue sino hasta el lunes 6 de julio que pregunté por ella, luego de buscarla infructuosamente en la pila donde la había visto originalmente. Una diligente empleada fue por él y me lo entregó en la mano. Solo quedó un ejemplar en uno de los anaqueles.

Esta edición, que conmemora los sesenta años de la publicación de la citada novela, es atractiva por varias razones: contiene abundantes fotografías inéditas, testimonios de familiares, amigos, escritores y académicos, además de que arroja luz sobre la personalidad y trayectoria del autor, quien falleció en enero de 2014.

En el prólogo Brenda Navarro escribe que se identifica con José Agustín porque los temas que este aborda son también los suyos: […] la urbanidad, el desencanto, la desilusión de nacer y vivir en México, la pulsión de vivir intensamente, y de que las y los personajes existan en un eterno loop de sorna y autoescarnio y que se rebelen frente al hecho de que el nacimiento y el derrumbe del posible México moderno nunca termina por dejar de suceder(les) […] (pp. 15-16)

Por su parte, Leopoldo Lezama destaca que La tumba y, en general, toda la obra de José Agustín, está hecha con un lenguaje anti-solemne, irreverente, ácido que en su momento se confrontó con el que utilizaban los escritores consagrados de entonces. Remarca el paso del autor por el taller literario de Juan José Arreola, con quien durante meses pulió los cuentos Tedio, Tedio 2 y Tedio 3, que desembocaron en La tumba, así como su estancia en el Centro Mexicano de Escritores, sus lecturas de la generación beat y la de otros creadores estadounidenses, como Nabokov y Fitzgerald; asimismo se refiere al contexto social en el que se publicó la novela, que estuvo marcado por la represión política, la influencia de la revolución cubana, los cafés literarios, la sicodelia, la liberación sexual, el movimiento pacifista, etc.

[…] El hecho de que el novelista haya dedicado sus primeras obras al tema de la juventud fue un acierto porque logró lo que muy pocos escritores: incitar a la inconformidad y, más aún, mostrar que existe otra realidad que proviene de la hoguera interior, de la frustración y el miedo, pero también de la energía creadora […] (p. 152), añade.

Por su parte, Dalila Carreño entrevista a Margarita Bermúdez, quien fuera la segunda esposa de José Agustín y madre de sus tres hijos; a Margarita Dalton, su primera esposa, con la que el autor fue a Cuba unos meses a participar en la campaña de alfabetización; a la poeta Elsa Cross, amiga y comadre del matrimonio Ramírez Bermúdez; a sus hermanos Hilda y Alejandro, a los escritores Enrique Serna, Sara Sefchovich y Yuri Herrera; a Leticia Araujo y Rosario Casco, amigos de la familia y finalmente incorpora una crónica de Daniel de la Fuente.

Las aseveraciones de Sara Sefchovich se apartan del tono celebratorio que campea en el texto. La académica y también escritora de ficción recordó que en su libro México, país de ideas, país de novelas (1988) colocó a la literatura de José Agustín […] como la última expresión de la tendencia de afanes totalizadores que siempre caracterizó a la literatura mexicana, y con eso quiero decir que convierte a sus historias y a sus personajes en encarnación de los grandes temas y colectivos sociales […] (p. 252)

Empero, inmediatamente riposta que José Agustín pretendió representar a los jóvenes de la época como si todos fueran un grupo homogéneo, aun cuando sus personajes eran de clase media urbana. No obstante, admite que su aportación más significativa fue mostrar la cotidianidad de esas clases medias, lo que en su momento no hicieron Fuentes, Spota, Rulfo, Arreola, Garro, etc. y también que supo captar los nuevos modelos culturales que ya no provenían de Francia o España, sino de los EE.UU.

[…] Sus personajes son de familias pudientes, aunque no ricas, despolitizados completamente, que ya no creen en la educación como forma para ascender socialmente, que escuchan la música de la época que es el rock; le llegan a las drogas, que por entonces se empezaban a volver más accesibles; se inician en la sexualidad, entre comillas libre, que es todo lo que el México de entonces consideraba modernidad y que quería decir desarrollo económico, un Estado fuerte y estabilidad social, lo que se consiguió después de la revolución y que para esos jóvenes resultaba aburrido y quisieran rebelarse contra ello […] (p. 253); de hecho lo hicieron, pero desde la comodidad de sus propias casas y con todas las necesidades básicas ya resueltas.

Aún hay más: Sefchovich corrige a la entrevistadora, pues le dice que La tumba no es una novela actual simplemente porque los jóvenes de hoy son diferentes a los de hace sesenta años; todo ha cambiado: las relaciones con los padres, maestros, compañeros, parejas, etc. Concede, sí, que es vigente por la importancia histórica del propio José Agustín, quien escribió muchas más obras y durante mucho tiempo, y también porque su familia se ha ocupado de que se reediten. Finalmente considera que en realidad el autor no trazó un nuevo camino en la literatura mexicana porque ese camino terminó con él, ya que no tuvo seguidores y ni siquiera imitadores. (pp. 254-256)

A mí me encantó La tumba y opino que la juventud que proyecta José Agustín no era del todo vacía, pues consumía libros, música, alcohol y otras drogas con el propósito de expandir el repertorio de sus experiencias sensoriales. Creo asimismo que retrata bien a las clases medias en ascenso o ya de plano consolidadas.

Hasta la próxima.

P. D. Me pregunto si el talento se hereda o se forma porque los tres hijos de Margarita y José Agustín no pasan desapercibidos: Andrés es poeta y escritor; Jesús es neurosiquiatra e investigador, autor del libro La melancolía creativa publicado en 2022 por Debate y que compré en su momento sin conocer su vínculo con el escritor-roquero; finalmente Agustín es escritor y dibujante.

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