Cultura

Largo aliento de una historia

Es ella en cuclillas al borde de la piscina, ha mirado atentamente al hombre. En cuanto él se sube al borde de la alberca, ella se levanta y se dirige hacia la escalera sin dar la vuelta, pero con la lentitud suficiente para que él pueda seguirla.

Así, sin decir palabra, soberbiamente mojados atraviesan la terraza, se meten por los pasillos y llegan a la habitación. Su ropa chorrea, ellos tiemblan de frío, tienen que cambiarse.

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¿Y luego? ¿Qué?

Harán el amor. ¿Qué se habían creído? Esa noche lo harán en silencio, ella tan solo gemirá como alguien a quien se le ha hecho daño. Así todo podrá seguir.

Actúa así con el fin de demostrar que ella está por encima de toda vulgaridad. Por encima del mundo vulgar al que desprecia. Lo pondrá otra vez de rodillas. Le acusará, llorará, se volverá por ello, aún más malvada, le pondrá cuernos, exhibirá su infidelidad, amenazará, le hará sufrir, él se revelará, será grosero, amenazará, decidido a hacer algo innombrable.

Romperá un jarrón, aullará espantosos insultos, momento en que ella simulará tener miedo, le acusará de ser violador y agresor, él volverá a caer de rodillas, volverá a llorar, se declarará culpable de nuevo, y luego ella accederá a acostarse con él y así en adelante, durante semanas, meses, años, para toda la eternidad.

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