
A través de la memoria y el testimonio del exlegislador y exfuncionario federal Noé Peniche Patrón, emerge con claridad la dimensión menos visible pero más trascendental del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano: su incansable labor como impulsor y continuador de la gran obra educativa iniciada por su padre, el general Lázaro Cárdenas, al impulsar la educación técnico-agrícola desde su trinchera, recordó Noé Peniche Patrón, quien conoció al recién fallecido político mexicano en el sexenio del presidente Luis Echeverría.
Noé Peniche Patrón conoció al ingeniero Cárdenas durante el sexenio de Luis Echeverría (específicamente entre 1974 y 1982), época en la que nuestro entrevistado se desempeñaba como subdirector general de educación agropecuaria.
Peniche recordó la visión de Cuauhtémoc Cárdenas vinculada a la de su padre, el general Lázaro Cárdenas, fundador del Instituto Politécnico Nacional.
Explicó que Cárdenas veía con orgullo la expansión de la educación técnica y agropecuaria en el país, como los tecnológicos agropecuarios y secundarias técnicas creadas durante el sexenio de Echeverría —donde se alcanzaron más de 700 planteles—, considerándola como la continuación natural de la obra educativa iniciada por su padre para llevar la educación más allá de las grandes universidades autónomas y de la capital.

Aunque Cárdenas no era gobernador de Michoacán en ese momento, tenía a su cargo la comisión del río Balsas, y ambos coincidieron en labores de consolidación e impulso a la educación técnico-agrícola e infraestructura escolar en la región de Michoacán.
Peniche destacó que Cárdenas impulsaba fuertemente esta área debido al antecedente de su padre, el general Lázaro Cárdenas, fundador del Instituto Politécnico Nacional.
Peniche Patrón añadió que, a pesar de militar en fuerzas políticas distintas posteriormente, describió que su relación con Cárdenas nunca fue de amistad personal cercana, sino de «un respeto de mucha integridad y admiración», caracterizada por una comunicación muy seria, formal y de trabajo que se mantuvo intacta con los años (incluso cuando Cárdenas visitó Yucatán y dio pláticas en la Universidad Modelo).
Noé Peniche formaba parte de la LIV Legislatura en la Cámara de Diputados por el PRI y le tocó participar en el complejo y «tortuoso» proceso de calificación de la elección presidencial de 1988, donde Cárdenas contendió y en el cual se presentaron serias irregularidades.
A pesar de haber calificado dicho proceso y de los momentos tensos (como la ruptura del cerco perimetral de San Lázaro), Peniche reconoce firmemente la postura de Cárdenas como un líder que «siempre luchó porque los cambios se diesen en México por la vía democrática y sin violencia». Peniche señala que la actitud pacifista de Cárdenas evitó que la protesta en el Zócalo y los disturbios posteriores escalaran a una tragedia mayor similar a la del 2 de octubre de 1968.
La relación, hasta hace algunos años, siempre fue cordial. Peniche recuerda una ocasión en la Universidad Modelo en la que alguien le preguntó a Cárdenas por qué no había apoyado en la sierra a los maestros disidentes vinculados a Lucio Cabañas y Genaro Vázquez (egresados de Ayotzinapa). Cárdenas respondió de manera tajante: «Yo lo respeto, pero buscamos lo mismo, pero por diferentes métodos. Yo no estoy de acuerdo con la violencia», desmarcándose por completo de la vía armada, lo cual siempre fue una constante en el ingeniero Cárdenas.
En la entrevista, Noé Peniche recordó a aquel político Gonzalo Martínez Corbalá —quien fungió como un enlace diplomático clave en gestiones con figuras como Fidel Castro para tranquilizar el clima político del país—, quien era muy amigo del general Lázaro Cárdenas y mantenía una estrecha cercanía con el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas.
Peniche recalca que, a pesar de haber participado en la calificación de la elección de 1988 (donde Cárdenas fue contendiente), la relación posterior fue de amistad y respeto. Relata que Cárdenas nunca fue rencoroso, jamás le cuestionó temas políticos en privado y que su trato personal era sumamente sencillo.
Peniche Patrón mencionó una anécdota en la Ciudad de México —gestada con el apoyo de un delegado de la delegación Miguel Hidalgo de apellido Carlos y de la comunidad judía (a través de una fundación filantrópica vinculada a Israel)— en la que Cuauhtémoc Cárdenas asistía con total sencillez a las entregas de talleres de cómputo y programas educativos para secundarias y escuelas técnicas.
Peniche Patrón reflexionó con tristeza sobre el final de la trayectoria de Cárdenas, señalando que se fue «a la tumba sin ver el país por el que luchó» debido a las múltiples luchas y traiciones políticas, dejando ahora la responsabilidad de esa causa a sus hijos.




