Opiniones

Brillante segundo concierto de la OSY

Andrea Herrera, Ruth Bennett y Alfonso Scarano con la OSY.

La cuadragésima sexta temporada de la OSY sigue viento en popa. Con un programa compuesto por tres obras, nuestra orquesta tuvo el poder de convocatoria para llenar totalmente la sala de conciertos del Palacio de la Música, y la ejecución de cada una de estas obras trajo consigo tremendas ovaciones del respetable. La sala de conciertos del Palacio de la Música tiene una acústica de excelencia, y esto se ve reflejado en la sonoridad que la orquesta adquiere en las partes más fuertes y emotivas de las obras ejecutadas, dando así mayor lucimiento a los conciertos.

Este segundo concierto de la temporada tuvo una significación especial por varios motivos. El programa tuvo un magnífico equilibrio en su composición; el concierto ejecutado en segundo término incluyó como solista a una ejecutante muy nuestra, Andrea Herrera; la otra concertista es muy querida aquí en Yucatán, pues Ruth Bennett fue por mucho tiempo integrante de nuestra orquesta; el solo de corno inglés ejecutado por Mahonri Abán fue un derroche de sentimiento delicado; la batuta de Alfonso Scarano, poderosa como siempre, y por último, la sinfonía de Dvorak nos cayó como una avalancha de alegría sonora que desbordó el alma y nos llenó de un intenso placer sonoro y emocional.

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Las tres obras que compusieron el programa fueron: La Obertura “Romeo y Julieta”, de Piotr Ilich Tchaicovski; el Concierto para flauta, arpa y orquesta, de Wolfgang Amadeus Mozart y la Sinfonía No. 9, en Mi menor, Op. 95, Del Nuevo Mundo, de Antonin Dvorak.

Piotr Ilich Tchaicovski fue un compositor muy controvertido. Es uno de los máximos exponentes del romanticismo ruso, sin embargo, formó un aparte en este movimiento en su país. Sus contemporáneos habían formado un cerrado grupo que se conoce en la historia de la música como: Glinka y los Cinco Grandes, del cual, desde luego, Piotr estuvo excluido. Sus colegas lo tacharon de cursi, pero sus obras tuvieron mucha más trascendencia que las de ninguno de sus contemporáneos. De Piotr Ilich Tchaicovski la OSY interpretó la Obertura “Romeo y Julieta”, obra llena de pasión y emotividad desbordada. La apasionada obra fue brillante en unos pasajes, y llena de sensibilidad en otros. Una obra brillante y equilibrada. La batuta de Scarano supo llevar a la orquesta por la emotiva partitura y conquistó con ella la primera gran ovación de la noche.

En seguida, vino el Concierto para flauta, arpa y orquesta, de Wolfgang Amadeus Mozart. El genio de Salzburgo escribió una amplísima variedad de conciertos, para casi todos los instrumentos. Para la flauta, Mozart escribió varias obras, entre las que destacan sus dos conciertos para flauta y orquesta, el K 313 y el K 314, a estos dos viene a añadirse éste, en el cual incorpora al arpa, también como solista. El concierto consta de tres movimientos: Allegro, Andantino y Rondó – Allegro. Andrea y Ruth formaron una pareja equilibrada y armónica. Sus cadencias fueron diálogos deliciosos y cordiales que iluminaron la sala con su armonía perfecta. Esta obra, es muy conocida y gustada, lo cual añadió un reto para las concertistas que supieron remontar perfectamente la partitura. Al sonar el último compás del concierto, estalla tremenda ovación, con el público de pie y con gritos de ¡Bravo!

Cierra programa la Sinfonía No. 9, en Mi menor, Op. 95 Del Nuevo Mundo, de Antonin Dvorak. El gran músico checo visitó Nueva York para dar una serie de conciertos, esta visita a América causó una profunda impresión en el compositor que, a su regreso a Europa, creo esta brillante obra. La sinfonía consta de cuatro movimientos: Adagio, Largo, Scherzo y Allegro con fuoco. La obra es profundamente descriptiva. En el desarrollo de su interpretación, la orquesta nos llevó mágicamente a las grandes y verdes praderas de Norte América, pudimos ver a las grandes manadas de bisontes corriendo por los verdes pastizales, a los cheyenes, siux y comanches cabalgando tras ellas. También están retratadas las pesadas carretas de los colonos en su épica conquista del antiguo oeste. En el tercer movimiento, conocido como el canto de amor indio, el corno inglés nos deleitó con su dulce voz en su espléndido solo. Al concluir esta obra, estalla tremenda ovación con sonoros gritos de ¡Bravo! La sala entera puesta de pie rindió justo tributo a la brillante interpretación de nuestra orquesta.

Salimos del Palacio de la Música con las emociones desbordadas.

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