Opiniones

Aun con sol sí le ve: la no tan secreta prostitución en Mérida (y 2)

Rumbo a la zona de tolerancia

En las décadas de 1920 y 1930 hubo hoteles con prostitutas en activo en lo que en algún momento de los tiempos coloniales había sido la cárcel pública y luego sería el cine Novedades, el actual Pasaje Picheta, y también lo hubo en la planta alta del Olimpo.

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            Ernesto Novelo Torres, gobernador de 1942 a 1946, tan empeñado en apoyar la cultura de Yucatán con acciones trascendentes, combatió como puritano el alcohol, los juegos de azar y la prostitución, en este caso clausurando las casas de citas. Me atrevo a pensar si los furiosos ataques que recibía dentro y fuera del estado no se debían más que nada a su cruzada moralista que afectaba tantos intereses y aficiones.

            Algo que me contaron es que un inversionista compró muchas de las casas del rumbo de la 66 norte, la 70 y la 45, y cuando se le hizo ver que sería muy difícil que alguien quisiera ocuparlas por haber sido casas de asignación respondió: “Dentro de unos años nadie se va a acordar de eso”. Nuestra amnesia pública es inmemorial.

            Otra esquina habría de denominar la zona de tolerancia, en este caso La Amapola, de la calle 66 x 87, aun cuando la ubicación principal estaba algunas calles atrás, en la colonia Melitón Salazar, colindante con el Cementerio General. Esa sí una zona de tolerancia con todas las de la ley, la más recordada por quienes la gozaron y, aunque solo de oídas, por sus ya viejos descendientes.

            Conforme a tantos testimonios, las mujeres meridanas veían como sospechoso al marido que no iba a la zona de tolerancia, dado que había varios —me consta— que contaban alegremente delante de sus esposas sus aventuras galantes en la misma. 

            Hace unos 35 años un viejo tahúr que había sido encargado de uno de los cabarés de la zona de tolerancia me contó con indignación una anécdota acerca de otro conocido nuestro, también anciano, pero de menor edad. Como lo viera como el único de los bebedores de la barra que le daba la espalda al show, le preguntó: “Oiga, ¿por qué no mira usted la variedad? Mire qué cuerpazo tiene la bailarina, ¡es preciosa!”. Y su interlocutor le contestó: “No tengo ninguna necesidad de estar mirando a otras mujeres. ¡Tengo esposa!”. Molesto el encargado le espetó: “¿Y entonces por qué viene usted aquí?”. “Vengo porque a mis amigos les gusta acudir a estos lugares. Yo preferiría mil veces estar en alguno de los bares del centro”.

            Decir eso de manera tan categórica en la década de 1960 era un acto de valor dentro de los rígidos códigos de virilidad de aquellos tiempos. La respuesta de aquel señor no era una cuestión de moral o de hipocresía, sino una excepcional expresión de autoafirmación y de libertad.

            Existe una tesis de María Teresita Castillo León sobre la prostitución en La Amapola, incluyendo los que quedaba a fines de los años 90. Quienes han escrito diversos textos vivenciales sobre la ex zona de tolerancia son Manuel Calero y Conrado Roche.

Las últimas seis décadas

De 1970, cuando el gobernador Loret de Mola clausuró la zona, a más o menos 1992 concurrían prostitutas a partir de las 7 de la noche en la Plaza Grande, en el ángulo suroeste, y también sobre la calle 62, a poca distancia de la plaza, aprovechando hoteles existentes más allá del cruce con la 65. Funcionaban además como hoteles de paso el Regis, a media cuadra de la catedral y frente al Palacio de Gobierno, así como la posada donde funcionaba el bar clandestino más público de Mérida, a pocos metros de la plaza de Santa Lucía.

            A veces sólo sabemos que en algún lugar hubo un prostíbulo cuando lo clausuran. Así ocurrió a principios de los años 80 en uno ubicado sobre la 59 x 68, a una esquina del parque de Santiago, y algunos años después en otro que funcionaba en una casona de dos pisos en la glorieta de Colón e Itzaes, donde las pupilas provenían de Costa Rica.

            En el barrio de Mejorada la prostitución funcionó durante años en un humilde predio cerca de la esquina de la 55 x 50, así como en el bar con show de estriptís en la planta baja de un hotel ya abandonado. Por lo demás, la avenida Itzaes al sur, los alrededores de la terminal de autobuses, la 58 x 71 y 73, el entorno de San Cristóbal y muchos rumbos más.

            Hemos vivido bajo una visión clasista que cierra los ojos ante la existencia de una realidad que está más allá de su exclusivo círculo y por ello las élites económicas han impuesto una percepción moral que no ha sido compartida por la mayoría de la población. La prostitución, sea en ámbitos abiertos o discretos, luminosa o escondida, voluntaria o forzada, de yucatecas o de otras regiones del país y del mundo, ha sido permanente, una presencia de mucho peso en nuestra tan idealizada como falseada Mérida. Para nada ha sido un secreto.

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Nota: Para más información pueden consultarse de Evelia Margarita Magaña Peralta “La medicalización de la prostitución y la salud pública en Yucatán 1891-1915”, tesis de maestría en Historia del CIESAS (2020), y de María Teresita del Niño Jesús Castillo León “La prostitución femenina en ‘La Amapola’. Representaciones sociales e imaginarios urbanos”, tesis de maestría en Ciencias Antropológicas de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la UADY. Sobre una visión histórica en México el libro Prostitución y lenocinio en México, siglos XIX y XX, de Fabiola Bailón Vásquez, Secretaría de Cultura-Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 2016. El Reglamento de 1915 decretado por Salvador Alvarado está al acceso en la Biblioteca Virtual de Yucatán.

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Ponencia presentada en el Décimo Primer Septiembre (Octubre) Cultural y Literario Mérida (in)discreta: conversaciones de confidentes, organizado por la FILEY-UADY y UC Mexicanistas del viernes 2 al domingo 4 de octubre de 2026.

Jorge Cortés Ancona

Licenciado en Derecho, con Maestría en Cultura y Literatura Contemporáneas de Hispanoamérica. Es egresado del Doctorado en Literatura de la Universidad de Sevilla con una tesis sobre teatro y boxeo, y cuenta con un DEA (equivalente de maestría) de la misma institución. Ha impartido clases y cursos en diversas instituciones educativas y culturales sobre literatura e historia de las artes visuales. Ha escrito numerosos artículos y entrevistas sobre temas culturales y figura en varias antologías de poesía.

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