Opiniones

A la FIFA le gustan los dictadores

Juan Villoro

Me gusta el futbol, lo reconozco, aunque mi primera pasión deportiva fue el Box, siendo honesta me aficioné a él por los momentos maravillosos que viví sentada en el mismo sillón con mi papá mientras me explicaba todos los trucos de ese deporte. Llegué a poder reconocer desde los primeros rounds a los buenos boxeadores y ganar varias apuestas, lastima que sin dinero de por medio.

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El entusiasmo por el futbol se los debo a mi mamá, la maestra Mary, quien disfrutaba ver los partidos. Cuando sus recuerdos y realidades se empezaron a fugar de su mente, solía hablarme por teléfono para preguntarme: ¿hija hay partido de futbol hoy?, complementado con un ¿juega México?, la mayoría de las veces no había ningún encuentro en ese momento.

Se incrementó mi afición al tener un hijo varón enamorado de ese deporte desde pequeño. Con él vi muchísimos partidos sin importar a que equipo o país representaban y por supuesto si se trataba de México me aprendía los nombres de todos los jugadores, posiciones, habilidades, etc. lo que me permitió tener muchas y valiosas conversaciones con él y claro que junté e intercambié figuritas en parques y escuelas, para llenar álbumes que hoy son un tesoro que le he legado.

Durante estos días de junio de 2026, estamos viviendo en México, parcial e injustamente la titularidad compartida en la organización de una Copa Mundial de Fútbol, la tercera para el país, en donde solo nos asignaron 13 partidos de los 104 que se realizarán, el mismo número que le encomendaron a Canadá y los restantes 78 se jugarán en Estados Unidos.

Con toda esa injusta realidad, es de aplaudir la actitud del pueblo mexicano. Un sector de la sociedad ha llenado los estadios, a pesar del alto precio de los boletos, los hoteles y comercios reporta buenos números, mejor que en los otros dos países coorganizadores y los extranjeros visitantes declaran sentirse atendidos con calidad y alegría.

Como siempre los mexicanos responden con resiliencia, con entrega, con el “felizometro” encendido a todo lo que da, disfrutando la mayoría de las veces no dentro de los estadios, sino ante pantallas y fiestas preparadas para vivir el mundial.

Hasta hoy los símbolos que se nos quedarán gravados de esta copa, no son las mascotas oficiales, ni los gastos millonarios de la FIFA, es un encantador patito con el uniforme de la selección que sigue a su dueño mientras éste vende aguas para los transeúntes y un hermoso niño mexicano llamado Santi que decidió buscar entre sus ropas las que consideró representaban a su selección y país. Lo que encontró fueron una camiseta navideña color verde con la figura de un Santa Claus, unos pantalones cortos blancos y unas botas rojas, los tres colores de la bandera mexicana y con todo orgullo salió así vestido a disfrutar la fiesta futbolera.

Como dice Villoro a la FIFA le gustan los dictadores mucho más que el pueblo que vive intensamente el futbol y eso lo motivó a entregarle al presidente Trump un premio inventado recientemente: “Premio de la Paz de la FIFA: El Fútbol une al Mundo” de manos del presidente de esa organización, Gianni Infantino, mientras el país al que representa, los Estados Unidos, estaba involucrado en diferentes conflictos y guerras en todo el mundo. A los presidentes(as) tanto de Canadá y de México ni una medalla de plata les concedió.

Esta preferencia no es algo nuevo, a través de los años se ha privilegiado a dictadores que en su momento vieron una oportunidad para mejorar su imagen organizando copas mundiales, tal es el caso de Benito Mussolini quien en 1934 la realizó para mostrar la grandeza y superioridad del su régimen fascista. A dicha copa se le recuerda por el control que ejerció en su organización, eliminándose la fase de grupos y pasando a un sistema de eliminación directa aunada a un criticado arbitraje que favoreció a la escuadra italiana que culminó como campeona del evento.

Otro caso más reciente es el del dictador Jorge Rafael Videla de Argentina, quien también organizó un mundial en el año de 1978, con el objetivo primordial de limpiar su imagen y ocultar las graves violaciones a los derechos humanos que ocurrían en su país, también en esa ocasión el campeón fue el país sede, Argentina.

En España Francisco Franco solicitó la organización de una de estas justas internacionales, la que le concedieron con muchos años de anticipación para el año de 1982, sin embargo, la muerte del dictador en 1975, no le permitió presenciarla ni ganarla, el campeón fue Italia.

Mientras tanto los mexicanos, responden, participan y gozan una copa del mundo más, aunque sea compartida y lleguemos o no al 5º. partido.  Solo algunos como yo, esperamos que no resulte campeón nuestro vecino del norte, que ha mejorado mucho en cuanto a su desempeño en las canchas y perdido mucho más en cuanto al respeto a los derechos humanos de todos los habitantes del mundo.

Lalis55@hotmail.com

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