
Domingo a las 6:30 de la tarde. Me he ganado el derecho de descansar, es preciso que haya cambiado en medio de la gente en una soledad mental. Por desgracia me es frecuente realizar semejante esfuerzo por las buenas. Aunque estoy lejos de ser joven, no he aprendido a concentrarme y fijar mi atención largamente en un texto.
Pensándolo bien, la indicación de Poncho me ha dado una idea. He descuidado mucho mi barrio y sin embargo estuvo a mi cargo todo sector de la vida. En realidad, no tengo más relación que con Carlos y con José. Pero he sido compañero de muchos de los personajes de este café. En el parque, he jugado con casi todos ellos. Y continúo viendo a muchos. Hace un cuarto de hora he visto a Mario, es un sujeto al que no digo ni siquiera adiós. Y sabe Dios los compañeros que hemos sido.
Cuantos tirahules nos hemos fabricado y cuantas kimbombas. Y cuantas puertas hemos tocado huyendo después juntos. Precisamente con el al regresar de la primaria fume mis primeros cigarrillos y también los dos nos dejamos atrapar en el momento en que cambiamos de buzón las cartas de los buzones de los vecinos. Ahora él trabaja en las oficinas de CEDECULTA, talvez con compañeros de buenas familias. De hecho he prescindido y me he alejado de todos. La rotura se produjo de un modo insensible, desde que me rehusé entrar en el centro yucateco de escritores.
Como los demás no me preocupan en lo más mínimo. No los he tenido en consideración, trataré de reanudar las relaciones.
Primer objetivo: Manuel, ya que el esta más cerca de mí por el pasado. Jamás olvidaré las vaciladas y tonterías que hacíamos y que nos hacían reír hasta caer al suelo como locos.



