
Se le puede conducir al animal hasta
el bebedero. Solo beberá si tiene sed.
Refrán popular.
Nos da pavor sentir que, en cierta dimensión del ser humano, somos animales racionales.
La racionalidad es otorgamiento de Dios. No por tener esta condición diremos que está garantizada toda la capacidad y potencial del raciocinio. Se implementa.
Es así, que podremos decir que hay de razones a razones. No porque algo sea razonable, ha de estar asentado en la verdad y como dice San Agustín respecto del amor:
-No solo es importante amar, sino ¿Qué es lo que amas? y qué lugar ocupa en tu corazón, lo que amas-.
Así es como hemos comenzado al proponer, que al animal no racional se le puede acercar al bebedero y que solo beberá si le apetece. No hay esfuerzo que valga si no hay verdad de buen raciocinio mas allá del mero instinto.
¿Cómo le hacemos los animales racionales para no perder la sed en la vida, de la vida y por la vida?
Ya cuando hablamos del homo sapiens, estamos en el camino de sanidad mental.
De entrada, el ser humano verdaderamente racional, sabe lidiar con los entuertos de las dimensiones controvertidas y ni qué decir de las adversidades. No se nos dio la razón para manejarla al antojo, ni tampoco para la pura conveniencia. Somos razonables para saber que vamos por el camino de las verdades y esto se nos propicia cuando sabemos observar la realidad. Razón y realidad han de ir de la mano, aun sabiendo muchas veces que esto no es lo más fácil.
La filósofa Mariluz Barrera lo dice muy claro:
-La realidad, sí que se puede desordenar-. Cuando en lo realista no se cumplen las acciones con la finalidad para lo que fueron creadas, aparece el desorden. Es decir, se dan con otro fin diferente a la esencia. Sí, hay cosas que pareciendo buenas llevan distorsión.
Ej.: Se puede querer ser muy racional al pretender ser un buen futbolista. Si en la naturaleza del ser que lo pretende, eso no está propuesto con todo lo necesario, el esfuerzo no encausará la finalidad y todo podría ser en vano. Es así como lo racional juega a favor o en contra.
En la postmodernidad (es la época que vivimos hoy día) se da mucha distorsión. En primera con los relativismos del orbe y las verdades se hace oportunistas perdiendo la esencia de origen.
La dimensión completa del pensamiento está en la realidad. Ésta, no se trastoca para que nos favorezca, eso es un actuar manipulado. Dándose así, puede cobrar tributo. La razón vista con los ojos de la verdad que se asienta en la realidad, permite que todo se logre mas fluido.
Esto del relativismo se entiende mejor cuando se observa en lo mundano. Cuando cada ser humano cree poder tener sus propias verdades en los actos mas nimios y se desdeña la fundamentación de fondo de una vida bien asentada en la realidad. Cuando se elige y hay que forzar los hechos, todo se puede quebrar. Hay dolor.
En el orden mundial o personal se debe saber el valor de la prioridad. No todo se puede llevar a cabo con las mismas razones y mucho menos con las mismas resoluciones. Todo ocupa un lugar que no se puede ni debe trastocar.
Algunos seres se preguntan cómo la filosofía nos puede conducir hacia Dios. Esto se da y lo habremos de tener claro, mas no como un argumento intelectual que uno descubre o que surge y nos da todas las respuestas. El acercamiento a Dios no va por ahí, conlleva una visión que se trabaja desde los argumentos espirituales. Porque la razón, no es lo mismo que la lógica.
A veces lo lógico no responde a todas las razones.
La realidad no está reducida a razonamientos que encajamos o vivimos a fuerzas. Si nos manejamos como piezas de un lego en donde todo encaja, podremos romper un buen razonamiento, la buena razón toma en cuenta todos los aspectos.
Sanidad mental, se nos diría en los ámbitos de la ciencia del comportamiento. Esa sanidad está inscrita en un tiempo y en un espacio únicos, que son parte de la época en que se vive y el cómo se razona desde el sentido interior.
Seguro que los adultos del siglo pasado que creían que algunas condiciones humanas de preferencias de vida eran enfermedades, hoy día ya comprenderían que con el buen razonamiento no todo es científico, existen razones verdaderas en las realidades de alternancia, de religión y creencias.
La realidad de tener una buena sanidad mental, reside en primera instancia en tener la mente abierta a lo que hay que aprender, razonar y comprender a la luz de la verdad. Los limites si se ponen con arbitrariedad, nos pueden romper.
A veces los tonos mentales que crean angustias que no comprendemos del todo (y menos la procedencia de estos sentires, que no piden permiso para llegar) simplemente entran a formar parte de los sentimientos que no se han sabido entender, encausar y mucho menos expresar. Es bueno observar las razones que nos mueven para poder comprender como a veces nosotros mismos trastocamos las verdades. Notar como es un hecho: sí que podemos ser los humanos, quienes compliquemos las realidades. Un ejemplo es cuando se quiere hacer y tener todo, o cuando forzando hacemos creer que hay bases fiables en ideologías de papel.
Es verdad que la vida de hoy se hace mas compleja con tantas propuestas del mundo, que creemos indispensables, por ej.: saber todo lo de la técnica o tener acceso a todo lo que se publica o peor aún a todo lo que se nos presenta como viable en las redes. No todo es para todos… ¡Cuánto cuesta comprenderlo!
Somos los guardianes de todo lo humano y eso es algo claro, mas no somos activos mas que en la parte que nos corresponde, hay que tenerlo mucho mas en mente.
Escuchando a la historiadora española Margarita Torres, en conferencia de lo que ella percibe está pasando en el mundo actual, nos dice que algunos países se han dormido en sus laureles aceptando ser manipulados por las grandes corporaciones. En aras de un desarrollo mal entendido, aparecen las camisetas de once varas (de las que tanto hablaron los adultos del siglo pasado) y nos las adjudicamos, sin más. Tendremos las cuentas claras y el chocolate bien espeso cuando nos damos cuenta del mundo geopolítico. A lo que nos está llevando la gobernabilidad actual, es a una especie de nuevo/feudalismo, es decir, que para algunos aspectos de la vida ya no podremos ser tan autónomos como se pensaría desembocaríamos en la modernidad. Los tiempos actuales son mucho mas manipulados.
Es por eso que la angustia a veces no se logra explicar. Se está haciendo endémica, porque no es solo miedo, sino que hay un sentir de que no sabemos ni de donde nos llega tal sentimiento. Y, ¿Cómo la sacamos al sol? Desde nuestra propia ventana pensante. Si se necesitan terapias, hacerlas.
¿Qué es lo que de pronto nos detona la inquietud?
Obviamente que el futuro. Por mas claro que quisiéramos el devenir, nos inquieta. Sabemos que tiene partes que están vetadas al entendimiento con todo el potencial, y tan solo al tenerlo claro, nos damos cuenta que es la mente a la que hay que mantener cuidada. Organizar la mente… ¡y el corazón! …Cuida tu corazón… nos dice la Biblia.
Eso de que se nos descoloca la vida es algo que todos llevamos como premisa de nuestro ser contingentes en Dios. Quienes no saben o no pueden tener esa premisa de la deidad que nos contiene, pues están mas a la deriva de un devenir que puede crear esos inconvenientes en la realidad. La presencia de Dios no es rezar, o temer, o tener que estar en todos los ritos. La presencia de la deidad, no es magia tampoco. Es saber de la inmensidad a la que hemos llegado y a eso mismo volveremos. Conlleva en el entramado medio, tener pensamientos trabajados con humildad para aceptarlo. Si a fin de cuentas no se quiere pensar en un Dios, esa libertad es la que se da hoy día, entonces hay que tener bien clara la cosmovisión.
La vida, en la centralidad mas profunda que da el sentido, es obvio que no es estática, siempre sabemos que se mueve mas de la cuenta.
Eso que se mueve… ¡es lo que inquieta!
Claro, que hay de inquietudes a inquietudes.
La vida, para empezar, no se puede percibir lineal. Tiene posturas, ondulaciones y demás formatos que se van presentando.
Las terapias ocupacionales son necesarias para que en el devenir nos encausemos, si es que estamos cerrando un ciclo de vida. Dan miedo los cierres, sin duda alguna, mas el miedo no es lo mismo que la inquietud. Si tenemos de frente el buen saber, el buen hacer viene casi por añadidura. Retomar las pospuestas que nos han resonado, volver a abrir las esperanzas de tener una vida digna y bien llevada.
En la época en que me vi con mas trastornos de salud, cuando la enfermedad me enseñó a mirar por nuevos ventanales de posibilidades y tener claro que hasta lo más sencillo cuenta si nos alegra e ilumina la realidad, fue cuando me atreví a darle su lugar al aspecto de haber encontrado quien me enseñase (con todas las de la ley) la técnica de los lápices de color. Había venido estando atenta a encontrar a esa persona, y llegó. Venía yo desde niña con mucho ánimo de aprender de fondo esa parte de la plástica y dejé el agua de color por un tiempo, para dedicarle tiempo a lo elegido. Vale la pena decidir qué hacer con el tiempo disponible, aunque para otros congéneres lo elegido se mire o se catalogue como si fuera perdedera de tiempo. Nunca hay tiempos perdidos. Y, no los hay, porque estando dentro de la inmensidad de la dimensión vital, lo que hagamos es parte o lo será siempre.
Aun esa parte del vivir a la que le dedicamos gran esfuerzo y que se cerró, es seguro que ha dado frutos. A veces éstos no se ven tan claramente.
Hay un texto que guardo de cabecera en mi mente, (no sé qué fue de él, no lo encuentro en mi librero). Me marcó para siempre. Es una obra del chino, Lin Yutang.
Titulado: -La Importancia de vivir-.
Hombre nacido en la costa sureste de China, en un lugar llamado Arnoy Fukien, fue hijo de un ministro presbiteriano.
Sus textos que también se pueden leer en varios libros, tiene uno titulado -Lo mejor de un viejo amigo- éstos en particular me encantan porque se basan en la razón. Nos muestra la integridad del ser humano y mas que nada el asombro de vivir con contemplación de la belleza.
El, se occidentalizó prácticamente del todo. Vivió mas que nada en los Estados Unidos de América en donde obtuvo una maestría en la universidad de Harvard.
Propone ser tolerantes cuando encontramos imperfección. ¿No nos queda claro aún que lo perfecto no existe? y lo que más me gusta de sus propuestas es que nos dice que, aunque el orden no necesariamente resulta emocionante ni crea ese vértigo en el vivir, el mismo que necesitan muchos jóvenes en la actualidad, es muy necesario para la vida digna y más realista. Hay que cuidar, lo que nos emociona.
Comprendí en el todo de sus textos, que a fin de cuentas ese afanarnos de mas… nos lleva a vivir de menos. Se pierde la piedra de toque original del ser que nos habita, que no es ni el que ven los demás en nosotros, ni el que nos creímos cuando la vida era algo tan apetecible en la juventud, que creímos que nos la podríamos comer de un solo bocado.
Este autor habla del valor del buen descanso. La parsimonia uno mismo la propone.
En la primera carta de Juan 4, 1-3 se nos dice:
-Queridos, no os fieis de cualquier espíritu… lo que nos hace cercanos a Dios no alardea, Es.-.
Es, de esta manera que se presenta la verdad que ha de mantenernos en buen talante: siendo.
La buena fe, sea ésta en Dios o en los asuntos vitales en los que sí creemos aun sin verlos, nunca es sencilla. Siempre habremos de tener en cuenta por esto mismo, que nunca deja de ser luz que guía. (Continuará)