Cultura

Viaje musical

La música tiene esa magia: te transporta en un segundo al momento exacto en que fuiste feliz. El otro día me quedé mirando el bajo guardado y, en lugar de nostalgia, lo que me vino a la mente fue una ráfaga de recuerdos de aquellos años de gloria, cuando uno subía al escenario y sentía el poder de las cuerdas gruesas retumbando en todo el cuerpo.

En mi época, tener un buen bajista era el alma de cualquier grupo, y honestamente, no me iba nada mal. Los amigos y los conocedores de la buena música todavía me recuerdan por ese ritmo sólido que le ponía sabor a las noches. Había un reconocimiento real, de ese que se gana nota a nota, cuando la gente se acercaba a felicitarte al terminar la tocada, porque habías logrado que todo el lugar vibrara en la misma frecuencia. Eran tiempos de pura adrenalina, de dominar el diapasón con una soltura que salía del pecho y se contagiaba a todos el público.

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Debo confesar, estimado lector, que hoy las manos ya no se mueven a esa velocidad de antaño, pero la verdad, es que nadie me quita lo bailado ni lo tocado. Esa satisfacción que le queda a uno de sentirse verdaderamente valioso, porque ha sido parte de la historia de la música en su Estado, sinceramente, se queda con uno para siempre.

No puedo más que terminar reconociendo lo afortunado que he sido y lo mucho que la música le ha dado a mis días. Hasta hoy, inclusive siendo un “don” de la tercera edad.

Fin.

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