Opiniones

Una Libertad de zinc

Monumento a Los Héroes de la Guerra de Castas, Parque Eulogio Rosado, Mérida. [Fuente de la imagen: Wikipedia].

La revelación del historiador Emiliano Canto Mayén acerca de la Miss Liberty, escultura de zinc, obra del alemán-norteamericano William DeMuth y elaborada industrialmente en Estados Unidos por la compañía fundidora de J. W. Fiske (Estamos Aquí.mx, sección Cultura, viernes 14-agosto-26), da muchas pautas a comentar.

            Ese monumento dedicado a los “héroes de la Guerra de Castas” (los del bando gubernamental), que se encuentra en el Parque Eulogio Rosado, fue inaugurado el 6 de enero de 1884 y sobre un pedestal muestra a una mujer portando un escudo y una espada en las manos. Se creía que la efigie de ese monumento estaba hecha en bronce y que representaba a la Victoria, aunque también podía hacer pensar en Atenea en su versión de diosa de la guerra con su égida. Ahora sabemos que es una representación de la Libertad, producida en zinc fundido y en serie a partir de un original de 1875.

rel="nofollow"

            La simbolización de la Libertad era un tema flotante en Estados Unidos, como se ve en el comentario de José Martí en Nueva York con su peculiar puntuación: “(…) la Libertad, que en esta ciudad ha dado tal hija. La Libertad es la madre del mundo nuevo, —que alborea”. Esto lo escribió en 1883, casualmente unos meses antes de que se inaugurara el monumento del Eulogio Rosado. Y tres años después la Estatua de la Libertad de Bartholdi y Eiffel llegaría a Nueva York.

            Así que para homenajear a los caídos del bando, por decir así, urbano, los políticos de aquella época adquirieron una escultura hecha como original múltiple, en vez de encargar una ex profeso. Una escultura de procedencia norteamericana, dato curioso si tenemos en cuenta que para aquella larga guerra social se contrató a mercenarios nacidos en ese país o emigrados al mismo. Bastante tacañería y malinchismo, considerando que en el propio México había escultores egresados de la Academia de San Carlos que hubieran hecho una buena pieza artística específica. 

            La Miss Liberty está bien hecha, pero para los cánones de aquella época sería de poca consideración por su condición de producto industrial, así hubiera un autor de la pieza original. Bastante dice de nuestro simplificador pragmatismo yucateco, a veces efectivo, muchas veces desastroso.

Estatua de Lawrence el Indio, Shenectady, Nueva York, creada originalmente en madera por Samuel Anderson Robb y fundida por la compañía de William DeMuth [Fuente de la imagen: Wikimedia Commons, y de los datos: https://memorialdrinkingfountains.wordpress.com/2018/03/02/the-fountain-that-wasnt-a-fountain/%5D.

            La escultura del siglo XIX en Europa y América era pobre y con escasa creatividad hasta que Auguste Rodin marcó un nuevo rumbo para que el siglo XX fuera sumamente rico y creativo en esa disciplina. Y en la tradición escultórica occidental había jerarquías en los materiales, con el bronce entre los metales y el mármol entre las piedras como los de mayor prestigio. Además de las fabricadas en Estados Unidos, las esculturas de hierro se elaboraban en Europa en serie destinadas en buena medida al continente americano. Aun de menor valía eran las de zinc. En uno u otro material eran esculturas más que nada ornamentales para ubicarse en espacios públicos urbanos y grandes propiedades privadas.

            Si el zinc tiene escaso uso en el terreno artístico (de manera muy esporádica en el minimalismo), el hierro adquirió la condición de material escultórico respetable a partir del catalán Julio González, que sería una pauta para españoles de generaciones posteriores como Jorge Oteiza y Eduardo Chillida, pero con otro tipo de conformaciones, muy distantes de la Miss Liberty.

            Sin duda, el tiempo ha borrado las huellas históricas de aquella pieza y cobra valor por su antigüedad y por el contexto en que se colocó en esa concurrida área de Mérida, en plena zona comercial. No obstante, recordemos que unos 120 años después intentaron demoler el monumento al no reconocerle ningún valor, no por criterios artísticos o históricos, sino por ignorancia. 

            Como ironía, además de la Miss Liberty, tanto J. W. Fiske como William DeMuth elaboraron y comercializaron esculturas de indígenas norteamericanos, ya fuesen jefes o cazadores, de las cuales —como puede comprobarse en internet— algunas se ubicaron en plazas públicas de distintas ciudades de Estados Unidos y otras han estado a la venta en casas de subasta. Qué ideal hubiera sido que a pesar de su fobia los gobernantes yucatecos de aquel entonces les hubieran encargado una de algún caudillo maya también caído para así equilibrar el homenaje.

Jorge Cortés Ancona

Licenciado en Derecho, con Maestría en Cultura y Literatura Contemporáneas de Hispanoamérica. Es egresado del Doctorado en Literatura de la Universidad de Sevilla con una tesis sobre teatro y boxeo, y cuenta con un DEA (equivalente de maestría) de la misma institución. Ha impartido clases y cursos en diversas instituciones educativas y culturales sobre literatura e historia de las artes visuales. Ha escrito numerosos artículos y entrevistas sobre temas culturales y figura en varias antologías de poesía.

Deja un comentario

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba

Descubre más desde EstamosAquí MX

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo