
Justo enfrente al parque se Santa Ana se encontraba en el barrio del mismo nombre el cinema de nombre “Encanto”, que efectivamente fue un encanto en lo que a mi vida respecta, es decir mi infancia, adolescencia, juventud. Dicho cine daba dos funciones diarias como todos los demás cines de los barrios de aquella Mérida, es decir, las funciones de la tarde y de la noche, se ubicaba en donde hoy existe un centro cultural de arte maya. Al lado derecho del cine estaba la peluquería-barbería, se encontraba el máximo templo de los salbutes y panuchos que ha existido hasta el día de hoy, seguido del expendio de regalos “Sobrino”, y del otro lado se encontraba la tintorería “Mérida” y la escuela “Andrés Quintana Roo”. Todos absolutamente desaparecidos hoy en día y convertidos en diversos comercios, o salas de arte.
Lo que arquitectónicamente era el “Encanto” era de una hermosa simplicidad, el lobby, la caseta de la taquilla, el boletero Don Gracs, un viejito que nos dejaba pasar gratis a toda la banda de chiquitos santaneros. Puedo decir con toda certeza que ésta ha sido una de las etapas más felices de mi vida. Ya adentro era una inmensa sala con butacas de madera, la infalible dulcería y los también inolvidables chamaquitos y durante toda la función, pregonaban en la obscuridad de los pasillos su producto: “sidras, chocolates larines, churros- deliciosos remojados en su refresco”.
Se proyectaban películas variadas en su mayoría filmes mexicanos, gringos, de Navidad de buena calidad y muchas películas europeas hoy día al parecer vetadas en los cines comerciales. Ahí vimos a los grandes de la época de oro del cine mexicano y extranjero como James Dean, Elizabeth Taylor, Romy Schneider, Bridget Bardot, Sofia Loren, Alain Delon, Marchelo Mastrollani, Marilyn Monroe y todos los astros de la cinematografía mundial. Ahí miré las tres películas del Tarzán original con todo y su compañera, el hombre lobo, y el hijo de Tarzán. Los vaqueros Roy Roger, el llanero solitario, así como las súper fresas películas de Rock Haudson Y Doris Dai.
Les platicaré para terminar este relato lo que un domingo significaba para un servidor. 8am misa de niños, 10 am matiné con películas para niños, parece que lo estuviera mirando ahora mismo, tal cual se apagaban las luces y quedarnos en la más completa obscuridad y escuchar los gritos, alaridos al aparecer en la pantalla, la figura de porky y el letrero de : Buenos días! Literalmente saltábamos de felicidad. Debo decir sin antes terminar que el domingo se daban cuatro funciones: la matiné, el cine de la 1pm al que en su mayoría acudía la clase trabajadora y las ayudantes del hogar, la función de la 5pm y la última que era la de la noche.
Otro recuerdo imposible no relatar que a esta última función generalmente acudía mi tía “Chata” con su eterno novio con el que llevaba 25 años y siempre me llevaban de chaperón. Tampoco se me olvida que en una película en la que iba de acompañante a éstos dos ya adultos mayores y mi tía exclamaba : “¡¡Uay!! ¡Que inmoral esta su calzonera de Tarzán!”.



