Cultura

Un paseo por la música de Yucatán

Avecindados en la capital yucateca desde hace más de dos décadas, los músicos búlgaros Iliana Stefanova (violín), Veselin Dechev (violonchelo) e Irina Decheva (piano) integran desde hace años el Trío Académico, una de las agrupaciones de cámara más sobresalientes de la escena musical regional. Como homenaje a su ciudad adoptiva, el año pasado prepararon un programa de música yucateca con la colaboración de la cantante Maricarmen Pérez, el arreglista Pedro Carlos Herrera y el autor de estas líneas. En el marco del Otoño Cultural 2026 que organiza la Secretaría de la Cultura y las Artes, el Trío Académico presentará este programa el próximo martes 20 a las 8 de la noche en el Palacio de la Música, con entrada libre.

El programa, titulado Mérida en el tiempo: música y vida, es un recorrido por más de 150 años de música yucateca. Partiendo de una romanza creada por J. Jacinto Cuevas hacia 1870, incluye piezas de baile, obras de concierto y canciones populares de compositoras y compositores nacidos o avecindados en Mérida, unos famosos, otros no tanto. El punto de llegada es una pieza creada para el Trío Académico por el brillante compositor meridano Alejandro Basulto. Los arreglos de las canciones populares se deben a Pedro Carlos Herrera, y la selección y la información histórica son de quien esto escribe.

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El viaje comienza con una versión instrumental de “La tumba de mis ensueños”, composición de J. Jacinto Cuevas para mezzosoprano y piano publicada en la Ciudad de México en 1871. Esta partitura —proporcionada para este concierto por el musicólogo Emmanuel Pool— la cantaron, en privado, para el escritor Francisco Sosa la famosa soprano mexicana Ángela Peralta y el tenor italiano Tamberlick. Sosa escribió sobre ella: “La melodía de Cuevas […] es triste, tristísima. Ella conmueve hasta lo más íntimo del alma, y se necesitaría ser de piedra para no sentir emociones grandísimas al escucharla”.

El programa prosigue con dos obras publicadas en la última década del siglo XIX en el semanario musical J. Jacinto Cuevas: “A bordo del Washington”, danza para piano de María Cuevas —hija de J. Jacinto—, y “¡¡A ti!!”, romanza para violín y piano de la violinista Asunción Sauri. Ambas piezas son una muestra de la producción femenina de aquel tiempo en que el aprendizaje de un instrumento musical  —el piano por lo general— era punto menos que obligatorio para las jóvenes de la burguesía y la clase media.

Como ejemplo del amplio repertorio de piezas bailables para piano del Porfiriato, el programa incluye el alegre danzón “Aquí esta Satur” de Justo Cuevas —hijo también de J. Jacinto—. En contraste, como muestra de la creación romántica para el mismo instrumento, la “Mazurka” del malogrado virtuoso Ricardo Río Díaz. Y del mismo periodo, del trovador Chan Cil, reputado como “padre de la canción yucateca”, la danza “¿Te acuerdas?”, con versos de Rafael de Zayas, que llegó a cantarse en otras regiones de México, y la guaracha “Ko’oten xboox” (Vente, negra), que emplea la lengua autóctona de Yucatán.

La época inmediatamente posterior a la Revolución está representada, en lo que toca a música de concierto, por dos obras: el nacionalista “Aire yucateco” para piano de Gustavo Río, basado en los “Aires” que se tocan en las vaquerías, y “Tristes pensamientos” para violín, violonchelo y piano del joven Daniel Ayala, composición de corte romántico. En el ámbito popular, tres canciones representan esta llamada “época de oro de la trova yucateca”: el bolero “Pasión” de Guty Cárdenas, con versos de Luis Rosado Vega; el bambuco “Dos azules mariposas” de Ricardo Palmerín, con letra de Aurelio Velázquez, y la clave-jarana “Aires del Mayab” de Pepe Domínguez, con versos de Carlos Duarte Moreno.

A mediados del siglo XX, la presencia de Daniel Ayala en su patria chica alienta la creación musical a través de las dos agrupaciones que dirige: la Orquesta Típica Yukalpetén y la Orquesta Sinfónica de Yucatán. De estos años son las dos obras para violonchelo y piano que el programa recupera: el moderno “Nocturno” de Daniel Ayala, y la breve “Romanza” de Gustavo Río. Y dos canciones ilustran las muy distintas vías que transitó la canción popular yucateca entre los años cuarenta y cincuenta: la danza-clave “Botoncito de azahar” de Manuel Burgos Vallina, con versos de Ermilo Padrón López, y el bolero “Voy a apagar la luz” de Armando Manzanero.

El paseo finaliza con dos obras para trío de este siglo: “Paso a paso” de Patricia Moya, nieta del compositor Efraín Pérez Cámara, y “Este sur este” de Alejandro Basulto. La primera tiene el aire de una jovial tertulia en la que los instrumentos intervienen mostrando distintas facetas de su personalidad. “Este sur este” muestra el gusto del joven compositor por la recreación de géneros populares, en este caso la jarana yucateca, con sus ritmos propios y secciones contrastantes.

El recorrido musical se complementa con imágenes de época provenientes de la Fototeca Pedro Guerra de la UADY, la Biblioteca Yucatanense de la Sedeculta y el Museo de la Canción Yucateca. Por la calidad de los ejecutantes —tres búlgaros que tomaron agua de pozo y una yucateca que ha llevado a cuatro continentes nuestra trova— y por la oportunidad que brinda de escuchar fragmentos olvidados del patrimonio musical de Yucatán, vale la pena asistir a este concierto.

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