El arribo masivo de sargazo volvió a encender las alertas en el Caribe mexicano al consolidarse como una amenaza recurrente para el equilibrio ambiental y la actividad turística. Monitoreos recientes en Quintana Roo revelan que, de 140 playas bajo vigilancia, 66 presentan una acumulación “excesiva” y 30 un nivel “abundante”, mientras sólo cinco permanecen libres del alga.
Esta contingencia ambiental no sólo impacta la postal turística, sino que expone las profundas carencias operativas en las zonas más vulnerables de la entidad, donde los esfuerzos locales son insuficientes ante la magnitud del arribo.
La salud dañada
Más allá del daño económico y la pérdida del azul turquesa, la descomposición de la macroalga en la orilla del mar ha detonado una crisis de salud pública de dimensiones preocupantes debido a la emisión de gases contaminantes. Investigaciones recientes confirman que el sargazo en estado de putrefacción libera altas concentraciones de ácido sulfhídrico y metano provocando afectaciones severas a trabajadores recolectores, habitantes y turistas.
Algunos dicen que se les caen las uñas de los pies, no tienen vello en las piernas, algunos tienen quemaduras… casi la mitad presentaban problemas de dermatitis, dolor de cabeza, de irritaciones”, alertó Rosa Elisa Rodríguez, investigadora del Instituto de Ciencias del Mar de la UNAM.
“Hubo personas que incluso quisimos regresar a preguntarles y nos decían que estaban descansando, porque se sintieron mal”, subrayó.
Para cuantificar el riesgo real de esta exposición, un estudio entre la Universidad de Sao Paulo, el Fondo Canadiense y la UNAM en Puerto Morelos implementó el uso de sensores especializados en una treintena de trabajadores de Mahahual, Puerto Morelos y Playa del Carmen.
Afectación por sargazo a la salud provoca éxodo de mano de obra
Los resultados en las jornadas de recolección manual confirmaron que los niveles de toxicidad en el aire rebasan por mucho los límites permitidos para la salud humana.
Encontramos valores bastante altos de sulfuro de hidrógeno… el pico mayor fue de 50 partes por millón”, detalló la investigadora de la UNAM, quien contrastó este dato con la normatividad oficial mexicana que estipula que, en jornadas laborales de ocho horas, “no puedes superar la concentración de una parte por millón”.
El impacto en la salud de quienes se encuentran en la primera línea de batalla contra la macroalga ha provocado un éxodo de mano de obra por temor a sufrir daños crónicos e irreversibles. Las extenuantes jornadas bajo el sol y la inhalación constante de vapores ácidos obligan a los trabajadores a considerar el retiro prematuro de estas actividades como única vía de autoprotección.
Me han dado medicamentos para fortalecer los pulmones, porque sí están un poco débiles, creo que por el gas tóxico que suelta esto, pero nada más voy a trabajar una temporada y me voy a retirar para no poner en riesgo más mi salud”, señaló María, recolectora de sargazo, un reflejo de esta catástrofe ambiental en el Caribe mexicano.
Vulnerabilidad exacerbada
La crisis actual del sargazo ha profundizado la desigualdad social y económica en los distintos destinos turísticos del estado, evidenciando quienes tienen la capacidad financiera para hacer frente a la contingencia. Mientras las grandes cadenas hoteleras de la zona hotelera de Cancún o la Riviera Maya logran mantener sus playas limpias mediante costosos sistemas de barreras y personal privado, los pequeños comerciantes de comunidades vulnerables enfrentan el desastre en total abandono.
Muy mal, bastante mal, nos faltan manos, nos faltan muchas herramientas, estamos prácticamente en el olvido, y hacemos lo que podemos pero necesitamos más apoyo de las autoridades”, denunció Jesús Hernández, gerente de un restaurante en Mahahual, quien urgió la llegada de maquinaria, personal y recursos económicos ante un sargazo que “se sigue colando y no hay manera de contenerlo”.
Las emisiones de carbono y el alto consumo contribuyeron al calentamiento global, cuyos efectos ya se reflejan en sequías, inundaciones e incendios más severos.
Ahora, las empresas temen que la factura por contrarrestar el impacto de sus operaciones en el ambiente sea tan alta que dañe al negocio.
El cambio climático eleva costos operativos, encarece seguros, interrumpe cadenas de suministro y pone en riesgo infraestructura crítica.
En México, Grupo México, América Móvil, Walmart y FEMSA reconocen en sus reportes anuales que los riesgos climáticos representan una amenaza para sus negocios.
FEMSA, encabezada por Jose Antonio Fernández Garza-Lagüera, advierte que el aumento de las temperaturas agrava la escasez de agua. La empresa reconoce que, en algunos territorios donde opera Coca-Cola FEMSA, el suministro disponible podría ser insuficiente para cubrir las necesidades futuras de producción. Además, cambios regulatorios y ambientales podrían limitar el acceso al recurso.
Grupo México, de Germán Larrea, señala que fenómenos meteorológicos extremos podrían afectar costos, producción, relaciones con clientes y proveedores, además de provocar retrasos en el transporte y el suministro de materias primas. La compañía también carga con antecedentes ambientales. En 2014, la mina Buenavista del Cobre derramó 40 millones de litros de sulfato de cobre acidulado en los ríos Sonora y Bacanuchi, afectando a más de 22 mil habitantes. En 2019, otro derrame de ácido sulfúrico en Guaymas alcanzó el Mar de Cortés. Asimismo, las operaciones de Asarco en Estados Unidos han acumulado más de 120 infracciones ambientales, de salud y seguridad.
Walmart de México, dirigida por Cristian Barrientos, advierte que el calentamiento global puede modificar los patrones de consumo y provocar desabasto entre proveedores.
América Móvil, de Carlos Slim, considera que los eventos meteorológicos extremos pueden dañar sus redes y afectar el suministro de equipos y servicios.
Las empresas también anticipan mayores exigencias regulatorias. En junio de 2023, el Consejo de Normas Internacionales de Sostenibilidad emitió las normas NIIF S1 y NIIF S2, mientras que la CNBV propuso cambios a las reglas de información con estándares ambientales, sociales y de gobernanza (ESG). Cumplir con estas disposiciones implicará mayores costos y riesgos reputacionales para las compañías que no alcancen sus metas de sostenibilidad.
Con información de Excélsior



