
01 de noviembre/ Cancún, Q. Roo.- Las conexiones subterráneas que transportan el agua a través de la Península de Yucatán son objeto de estudio del proyecto científico MAYAS, una investigación que busca identificar las rutas de circulación del acuífero del que dependen millones de personas y diversos ecosistemas.
El proyecto cuenta con el respaldo de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) y es encabezado por el explorador y especialista en buceo de cuevas Robbie Schmittner.

La iniciativa parte de una hipótesis sobre el funcionamiento de los sistemas de ríos subterráneos y cavernas inundadas de la región, consistente en que las redes del acuífero hasta ahora conocidas —entre ellas Ox Bel Ha y Sac Actun— son manifestaciones secundarias de un sistema hidráulico mucho más extenso, cuyas principales estructuras de conducción todavía no han sido exploradas en su totalidad.
En la Península se han explorado y cartografiado aproximadamente 2 mil kilómetros de pasajes subacuáticos.
Sin embargo, MAYAS busca ampliar el conocimiento sobre las conexiones que podrían existir entre distintas formaciones geológicas y su influencia en el desplazamiento regional del agua.
La investigación concentra parte de sus trabajos en seis estructuras: el Anillo de Cenotes, la Sierrita de Ticul, Río Hondo, Holbox, Akumal y el Arco de La Libertad.
El objetivo es determinar cómo se relacionan y qué papel desempeñan en la circulación del agua subterránea.

Otra de las hipótesis que el equipo pretende evaluar atribuye a las corrientes marinas del Canal de Yucatán, entre el mar Caribe y el Golfo de México, un papel determinante en los movimientos subterráneos del agua, a partir de las condiciones de presión y corriente que generan.
Esta explicación será sometida a investigaciones y mediciones de campo, informó la Conanp.
Para estudiar estas conexiones, los investigadores combinan trabajos aéreos, terrestres y subacuáticos.
Por ejemplo, drones equipados con instrumentos geofísicos realizan mediciones para localizar fracturas ocultas, posibles estructuras de cuevas y rutas de circulación; en superficie, los equipos examinan formaciones geológicas y buscan cenotes y otros accesos naturales.
Debajo del suelo, espeleólogos especializados exploran y cartografían conductos inundados, miden caudales, corrientes y calidad del agua, además de recolectar muestras para analizar ADN y organismos como algas y bacterias.
La Conanp indicó que los resultados podrían tener implicaciones para la protección de los recursos hídricos de Quintana Roo y el resto de la Península.
El proyecto advierte que los contaminantes pueden recorrer grandes distancias a través del acuífero y afectar ecosistemas alejados de los puntos donde fueron introducidos.
La información generada busca identificar zonas vulnerables y aportar bases científicas para diseñar medidas de conservación.
Esto resulta relevante para actividades como el turismo, la agricultura y la pesca, que dependen de la disponibilidad de agua y de ecosistemas saludables, consideró el organismo.
Aunque el núcleo de MAYAS es investigar el origen, las conexiones y las rutas de circulación del sistema subterráneo, sus alcances también incluyen la colaboración con universidades y centros científicos, la publicación de resultados y actividades educativas dirigidas a escuelas y al público en general.

Los trabajos no se limitan a la Península de Yucatán, ya que también abarcan regiones de Veracruz y del sur de México, mientras que a largo plazo se contempla extender las investigaciones hacia Belice y Guatemala.
MAYAS cuenta con el respaldo de la iniciativa Rolex Perpetual Planet y la colaboración de instituciones nacionales e internacionales, entre ellas el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Conanp, además del acompañamiento del Consulado Honorario de Alemania en México.
