
A las 10:53 de la noche, Rodrigo envió un audio de despedida a su familia. Estaba atrapado entre cientos de personas en el cruce de Reforma y Florencia, en la colonia Juárez, a unos metros del Ángel de la Independencia. Minutos antes había caído sobre unas niñas. Después, hombres y mujeres cayeron sobre él hasta dejarlo sin poder levantarse. Escuchaba gritos, personas pidiendo ayuda y un sonido que aún no logra identificar. “Yo creo que eran huesos”, recuerda.
Minutos antes había terminado el partido entre México y Ecuador. La ciudad celebraba el pase de la Selección Mexicana a los octavos de final del Mundial. Esa noche, el Gobierno de la Ciudad de México estimó que más de un millón de personas se concentraron en distintos puntos de la capital.
Rodrigo no estaba ahí para celebrar. Llegó alrededor de las cinco de la tarde para cubrir los festejos en el Ángel. Durante horas recorrió Paseo de la Reforma, tomó fotografías, grabó videos y envió información. Cuando terminó el partido decidió esperar cerca de media hora antes de intentar salir. Pensó que la multitud comenzaría a dispersarse. Se equivocó.
Caminó hacia el cruce de Reforma y Florencia. En ese punto comenzaron a encontrarse personas que buscaban abandonar la zona de pantallas y otras que seguían llegando para celebrar el triunfo de México. En cuestión de minutos, el flujo dejó de avanzar.
“Llegó un punto en el que toda la gente quería avanzar. De repente quedamos apachurrados”.
Primero cayeron unas mujeres. Después cayó Rodrigo sobre ellas. Luego comenzaron a caer más personas.
“Ahí fue donde todo valió madre. Se cayeron y fue un efecto dominó. Yo también me caí encima de unas niñas y de mujeres”.
Rodrigo intentó levantarse una y otra vez. No pudo. Las piernas dejaron de responderle. Cada vez que intentaba incorporarse, alguien más caía sobre él. “Es una desesperación horrible. Te quieres levantar y no puedes”.
Calcula que permaneció atrapado cerca de dos minutos. Dice que para él fue una eternidad. “Yo ya estaba mentalizado para morirme”.
En ese momento, sacó, como pudo, su teléfono del bolsillo delantero de su mochila y grabó un audio. “Papá, los amo. Los amo, papá. Esto está muy feo. Los amo”.
Tras enviar el mensaje, Rodrigo se concentró en seguir respirando hasta que, entre la multitud, encontró una motocicleta de reparto de pizzas a la que se aferró.
“Me agarré de ella. Me empecé a arrastrar hacia la moto y puse mi pecho sobre la caja donde llevan las pizzas. Ahí quedó un hueco entre la caja y mi cuerpo. Con eso ya podía respirar”, relata.
Poco a poco logró subir el resto del cuerpo hasta quedar de pie sobre la caja de la motocicleta. “Todavía estoy en shock”.
Rodrigo terminó con golpes en el pecho y las piernas llenas de moretones. Logró abrirse paso hasta un puesto de hot dogs. Permaneció ahí varios minutos intentando recuperar el aliento. Después caminó hasta la estación Chapultepec, donde su familia pasó por él.
Tres personas no lograron levantarse
Rodrigo consiguió salir. Tres personas no.
Horas después, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, informó que los equipos de emergencia atendieron el reporte de tres personas inconscientes en distintos puntos de las inmediaciones de Paseo de la Reforma.
Y señaló que, aunque se activaron los protocolos de atención médica, las tres personas murieron.
Minutos antes, la Secretaría de Salud de la Ciudad de México había confirmado que dos personas, un hombre de 44 años y una mujer de 19, fallecieron por asfixia tras recibir maniobras avanzadas de reanimación.
Rastros de la estampida
A pesar de la muerte de tres personas, la fiesta sobre Paseo de la Reforma continuó hasta cerca de las cinco de la mañana.
Sin embargo, un contingente de policías resguardaba la calle Lancaster, donde un hombre había sido retirado por paramédicos después de ser aplastado y quedar inconsciente, de acuerdo con testimonios de comerciantes y personas que trabajaban en la zona.
Para trasladarlo, los paramédicos retiraron una mesa de un puesto ambulante y la utilizaron como camilla improvisada.
Los testigos relatan que, durante la estampida, hombres y mujeres levantaban a los niños en brazos para evitar que fueran aplastados. Otros los subían a los toldos de los automóviles para que pudieran respirar. Quienes intentaban correr volvían a caer y más personas caían sobre ellos. La ola de gente alcanzó la calle Hamburgo.
Después de las dos de la mañana, la calle Lancaster permaneció resguardada por decenas de elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC). No dejaban pasar a nadie y tampoco permitían que los comerciantes retiraran sus puestos y vehículos.
En dicha calle, los rastros de la estampida permanecían sobre el pavimento. Zapatos, ropa, botellas de alcohol, comida, lentes y hasta un cuchillo seguían en el piso. Además de varias manchas de sangre.
Todo esto ocurría mientras, a unos metros, miles de personas seguían bailando Payaso de Rodeo, celebrando y decenas de vendedores continuaban ofreciendo latas de cerveza pese a la ley seca vigente, frente a decenas de policías que permanecían sentados sobre la banqueta y las escalinatas de los edificios, mientras la celebración continuaba.



