Bienestar Espiritual

Oración: “… un hombre se acercó a Jesús y se arrodilló delante de Él”

(San Mateo 17:15).
¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TE PIEDAD!

Padre Santísimo: ¡qué conmovedor es contemplar cuando el dolor, la aflicción, la necesidad, el quebranto y la impotencia nos lleva a Cristo! Caer postrados ante Cristo, es acercarse a la misma fuente de la luz, del amor, de la vida y de la misericordia.

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El arrodillarnos ante el Rey, Señor y fuente de la luz, es palpar la inmensa piedad, la gran bondad y el gran amor que todo lo restaura, todo lo soluciona, todo lo que se desea se palpa, se obtiene y se manifiesta lo que tanto anhela el corazón que creyendo, comienza a mirar con toda nitidez cómo los ojos del espíritu ven, comprueban, constatan, viven en la certeza y confiesan con todas las fuerzas de su alma, que el Señor, Salvador y Redentor se ha compadecido de ellos y lo que hasta hace unos instantes les fue imposible, ahora, es una tremenda y maravillosa realidad.

Ya postrados ante Cristo, nos dirigimos con una petición y le reclamamos que, antes de traer nuestro sufrimiento ante Él, primero fuimos en pos de un ser humano, débil, frágil, quebradizo e inseguro. Pero ya ante Él, al reconocer que solo Él es el Soberano, el Señor, el Salvador y el omnipotente, nuestro corazón fue el primero en creerle y hasta en sentir que ante Su presencia divina, ya no hacía falta ni siquiera en pensar, porque la fe nos llena de certeza, disipa toda duda, toda incredulidad y toda desesperación.

Padre Santísimo: que sea la dirección del Espíritu Santo la que nos acerque a Cristo y, al encontrarnos ante Él, le adoremos en espíritu y en verdad y de esa adoración todo lo nuestro sufra una extraordinaria y profunda transformación para gloria Tuya. Amén.

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