
(San Juan 19:30).
¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TEN PIEDAD!
Padre Santísimo: nos sentimos muy pero muy seguros de que el perdón, la salvación , la sanidad, la conexión con lo divino, el reino celestial y Tus divinos favores, Cristo, Tu Hijo Amado y Salvador nuestro, desde el momento en que lo declara con toda la fuerza de Su divinidad, ya lo ha realizado, porque, ahora ya es una realidad, no una promesa a futuro y ni siquiera una profecía.
¡Cristo, Divino Salvador! ¡Gracias por consumar la salvación! Es la hora en que porTu llaga, por Tu sangre y por el poder de Tu Palabra de vida, quienes estamos postrados por la enfermedad, por los dolores, por las penas, por las ingratitudes, por nuestro desorden, por nuestra desobediencia a Tus mandatos, por el peso de los años y hasta por nuestra negligencia e irresponsabilidad, cuando comenzamos a creer, ¡comenzamos a sanar!
Ahora confesamos que ya está instalado Tu reino en nuestro interior. Tu reino no es a futuro, es y está presente, solo nos falta creerlo para saborearlo, para disfutarlo y para sentirnos que en verdad ya somos salvos, ya estamos sanos, ya estamos en conexión con lo divino, con lo sobrenatural y en el Nombre de Cristo, estamos facultados para imprimir poder a nuestras palabras. Desde ahora, nuestra inteligencia, reclama sabiduría para toda palabra que nuestros labios se atrevan a pronunciar.
Nuestros labios destilan palabras de alabanza, de gratitud, de perdón, de vida, de salud, de paz, de bienestar, de fortaleza, de placer, de alegría, de fraternidad, de consuelo, de generosidad y abundancia.
Padre Santísimo: ¡Que sea la dirección atinada del Espíritu Santo la que nos mueva a vivir plenamente ese reino ya instalado en nuestro interior y así Te glorifiquemos con toda la fuerza, con todo el entusiasmo de nuestra alma y con toda la gratitud que nos llena de júbilo! Amén.



