
“Los proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel. Para entender sabiduría y doctrina, para conocer razones prudentes, para recibir el consejo de prudencia, Justicia, juicio y equidad; para dar sagacidad a los simples, y a los jóvenes inteligencia y cordura.” Proverbios 1:1-4)
¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TEN PIEDAD!
Padre Santísimo: vivir una vida en Tu presencia es tener una mente que sabe elevarse, sabe vivir con toda dignidad, sabe conducirse con rectitud, sabe amar y destilar sabiduría, sabe agradecerte a Ti, sabe controlarse en las situaciones más adversas, sabe equilibrarse en los momentos de la angustia y sabe que todo cuanto le suceda es para que su espíritu se desarrolle, se fortalezca y madure.
Una adolescencia, una juventud bien vivida y nutrida en su espíritu con la Sabiduría del Espíritu Santo, es garantía para sus padres del tremendo potencial que sus hijos están llamados a desarrollar.
Quienes en verdad aman a sus hijos, los alimentan a diario en las sabias enseñanzas de la Sabiduría para que, a diario, ellos vayan descubriendo en su interior cómo desde la mente divina fueron concebidos para ser seres inteligentes, sabios, capaces de destacar en mucho; capaces de demostrar su fortaleza en los momentos en los que se sienten acorralados y hagan que ese poder interno brote y sorprenda a los suyos por la magnificencia y el esplendor de todo lo sobrenatural.
Cuando los padres ven en sus hijos que hay poca inteligencia, poca sagacidad, poca prudencia y poca sensatez, es el momento de convocarlos y con ese amor de padres, clamen al Señor para que les dé sabiduría de lo alto y hagan de su existencia ese algo que solo la gracia divina puede hacer. La oración de los padres abre las puertas del cielo y en sus diarias bendiciones verán cómo de donde poco o nada se esperaba, de pronto, sus hijos son altamente bendecidos y la esperanza les trae alegría.
Espíritu Santo: ¡ven a iluminar a tantos padres cuyos hijos parece que no tienen lo que ellos esperaron! ¡Dales el consuelo de ver cómo su oración de padres puede tanto, que, Tú, oh Espíritu Santo, les cambia por completo el panorama y les hace contemplar cómo sus oraciones provocan una lluvia próspera, fecunda y maravillosa que hace florecer al desierto más árido!
¡Gracias, mil veces gracias, Padre Santísimo, porque seremos testigos de no morir hasta ver cómo los nuestros despiertan, se levantan, se elevan y son la viva expresión de Tu gran amor! Amén.



