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Oración: “Él envía su mensaje a la tierra, rápido se extiende Su palabra.”

(Salmo 147: 15).

¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TEN PIEDAD!

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Padre Santísimo: Tu palabra es un mensaje de vida que llega a nosotros más veloz que la misma luz.
Esa Palabra de Vida es la misma que dio forma al universo con el simple hecho de que Tus labios la pronunciaron. Esa voz tiene el poder de crear, de ordenar y de organizar el caos. Tú, Padre Santísimo, lo demostraste pronunciándolas con Tu firmeza y potencia divina. Ordenaste el caos, le diste vida, porque con ello demostrabas que, Tú tienes palabra viva y eficaz, mucho más filosa que una espada de doble filo, capaz de penetrar el alma y de transformar a las personas desde su interior.

Tu Palabra es una lámpara para nuestros pies, que nos permite caminar por sendas seguras y no tropezar en lugares tenebrosos. Esa garantía que nos brinda nos convierte en seres que, agradecidos, ante Ti doblamos nuestras rodillas, Te agradecemos y Te adoramos.

Pensar ante Ti, ese don de Tu Palabra se activa más y más y nos pone en comunión con el Espíritu Santo, quien mueve con gran potencia el tremendo e impactante poder de Su Palabra al proclamar: “¡Sécase la hierba, marchítase la flor, mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre!” (Isaías 40:8). No nos olvidamos cuando por la Palabra de Cristo la higuera se marchitó y se secó. Con ello nos ilustró el poder vivificador y destructor de Su Palabra. Él nos enseña que cada vez que pronunciemos algo, lo hagamos con plena responsabilidad, con amor, con fe y con certeza de lo que estamos diciendo.

¡Bendito seas, Padre Sapientísimo, por habernos dado el poder de la palabra con todo su esplendor, su dinamismo y su eficacia, para que al pronunciarla, logremos maravillas para glorificarte! Amén.

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