
El anuncio sobre la retirada de Telefónica del mercado mexicano tras 24 años de operaciones ha generado dudas entre sus consumidores. La compañía española de telecomunicaciones confirmó la venta de su filial al consorcio Melisa Acquisition, marcando el cierre de su ciclo comercial directo en el país.
A pesar de la magnitud de esta transacción corporativa, las más de 21 millones de líneas activas en el territorio nacional no serán canceladas ni sufrirán interrupciones. El cambio de dueños no afecta la operatividad de la red, por lo que los usuarios conservarán su número y su conectividad de manera habitual.
Ante la inquietud sobre posibles gestiones administrativas, se ha confirmado que los clientes no deben realizar ningún trámite, actualización de datos ni cambio de tarjeta SIM. Los contratos vigentes, los saldos de prepago y los beneficios de los planes tarifarios mantienen su validez bajo las mismas condiciones previas al acuerdo.
El pacto de compraventa estipula que la marca Movistar continuará operando en el país durante la etapa inicial de la nueva administración. Los análisis del sector proyectan que esta identidad comercial se mantendrá activa al menos hasta el año 2030, lo que asegura una transición transparente para el consumidor final.
¿Por qué Movistar se va de México?
La decisión de abandonar México responde al plan estratégico global de Telefónica para el periodo 2026-2029. La directiva determinó reducir su exposición en la región de Hispanoamérica para concentrar su capital y recursos en cuatro mercados prioritarios: España, Reino Unido, Alemania y Brasil.
El nuevo propietario de la operación es Melisa Acquisition, un grupo inversor conformado por la empresa tecnológica OXIO y Newfoundland Capital Management. Este consorcio asume el control de la cartera de clientes con el objetivo de transformar gradualmente la infraestructura hacia una plataforma basada en la nube.
La operación financiera recibió el aval de la Comisión Nacional Antimonopolio y se cerró por un monto de 450 millones de dólares. Esta cifra refleja el valor actual de una filial que, durante los últimos años, operó bajo un modelo de negocio distinto al de sus competidores directos.
El repliegue de Telefónica comenzó años atrás cuando devolvió su espectro radioeléctrico al Estado mexicano para sanear sus finanzas. Desde entonces, la empresa dejó de mantener antenas propias y pasó a operar arrendando la capacidad de la red de AT&T, funcionando en la práctica como un operador móvil virtual de gran escala.
En el entorno competitivo, Movistar ocupaba el tercer lugar del mercado nacional, enfrentando a un competidor dominante que concentra cerca del 59 por ciento de las líneas y a un segundo actor con el 16 por ciento. La falta de rentabilidad sostenida en este escenario fue un factor determinante para la desinversión.
El perfil del consumidor de la compañía en el país también influyó en la valuación del negocio. La base de usuarios está compuesta mayoritariamente por clientes de prepago con un nivel de consumo mensual promedio inferior a los 100 pesos, lo que representó un desafío para incrementar los márgenes de ganancia.
Con la entrada de OXIO, los especialistas anticipan que la gestión tecnológica podría optimizar los costos operativos. Esta eficiencia abre la posibilidad de que, en el mediano plazo, los paquetes de datos y las recargas ofrezcan una mejor relación de precio y capacidad de navegación en redes 4G y 5G.
La venta de la filial mexicana es el último paso de una retirada regional que incluyó la salida previa de mercados como Argentina, Chile, Colombia y Ecuador. Mientras el corporativo español reestructura sus finanzas globales, el usuario en México puede tener la certeza de que su comunicación móvil continuará sin alteraciones.



