
Apagas la luz, te metes a la cama y desbloqueas el celular. La habitación queda completamente oscura y la única fuente de luz termina siendo esa pantalla que tienes frente a la cara; entras a WhatsApp, revisas Instagram, ves un video «rápido» y, cuando vuelves a mirar el reloj, ya pasó media hora.
Es un hábito bastante común, pero el oftalmólogo Jorge Pradas tiene una advertencia bastante gráfica: mirar el celular en la oscuridad es parecido a apuntar una lámpara directamente hacia los ojos. Según explica a través de El Confidencial, cuando estamos en oscuridad total, la pupila se dilata para captar más luz y, al encender una pantalla, el ojo recibe directamente la luz que emite el dispositivo.
Pradas advierte además sobre sequedad ocular y un posible daño acumulativo en la retina que podría no dar síntomas inmediatos. La afirmación suena fuerte y precisamente por eso vale la pena ver qué dice realmente la evidencia.
No es solamente que haya una pantalla frente a tus ojos
Nuestros ojos están preparados para adaptarse continuamente a diferentes niveles de iluminación. Cuando estás en un lugar oscuro, la pupila se dilata para dejar entrar más luz. Cuando aumenta la iluminación, ocurre lo contrario.
Por eso una pantalla brillante destaca muchísimo más cuando todo lo demás está oscuro. Piensa en estar acostado con las luces apagadas y el teléfono mostrando un video con el brillo al máximo y la pantalla termina siendo prácticamente toda la luz que tienes enfrente.
La ciencia ha encontrado que esa combinación puede ser especialmente incómoda. Un estudio que comparó la lectura prolongada en un smartphone bajo distintas condiciones encontró más síntomas de fatiga visual al utilizar el teléfono que al leer en papel y mayores problemas de irritación y sequedad cuando la lectura se realizaba en una habitación oscura.
Así que aquí aparece el primer matiz importante: no es que oscuridad más celular equivalgan automáticamente a daño ocular permanente. La cuestión aparece especialmente cuando la exposición es prolongada y se convierte en un hábito repetido.
Un estudio de 2026 encontró algo todavía más concreto
La evidencia más reciente que podemos relacionar con esta historia fue publicada en Contact Lens and Anterior Eye en 2026. Los investigadores hicieron que 30 personas jóvenes leyeran durante 30 minutos en un smartphone bajo cuatro condiciones distintas: habitación iluminada con pantalla brillante, habitación oscura con pantalla oscura, habitación iluminada con pantalla oscura y, finalmente, habitación oscura con pantalla brillante.
Fue precisamente esta última combinación la que mostró los cambios más importantes. Los participantes presentaron mayores alteraciones en la estabilidad de la película lagrimal, más parpadeos incompletos y una mayor sensación subjetiva de fatiga visual frente a la situación en la que utilizaban una pantalla brillante en un ambiente iluminado.
Dicho de una manera más sencilla: pantalla brillante + habitación completamente oscura no parece ser una combinación especialmente amable con tus ojos, y a pesar de que la investigación observó cambios relacionados con fatiga y superficie ocular, no demostró que esa combinación produzca una lesión permanente de la retina.
México también aparece en esta investigación
Y aquí tenemos un detalle interesante para México. Investigadores del Departamento de Oftalmología de la Universidad Autónoma de Sinaloa participaron en un estudio que analizó dos estrategias para reducir el impacto de las pantallas de smartphones sobre el ciclo circadiano: los modos nocturnos de los teléfonos y los lentes que filtran luz azul.
El trabajo analizó 64 smartphones y calculó la cantidad de luz que llegaba al ojo bajo distintas configuraciones. El objetivo era comprobar hasta qué punto esas herramientas podían reducir la exposición nocturna a determinadas longitudes de onda.
Esto ayuda a poner el tema en contexto. No estamos hablando solamente de una advertencia que circula en redes sociales, sino de que la relación entre pantallas, luz nocturna, visión y sueño lleva años.
Lo más sencillo también es lo más útil
Aquí no hace falta tirar el celular por la ventana. Puedes empezar por algo bastante más sencillo: evitar que la pantalla sea la única fuente de luz de la habitación. Una iluminación ambiental tenue puede reducir el contraste entre la pantalla y el resto del entorno; también puedes bajar el brillo cuando el cuarto está oscuro y mantener el teléfono a una distancia cómoda, en lugar de pegarlo a la cara.
Y si llevas bastante tiempo mirando la pantalla, haz una pausa, parpadea, gira unos segundos a otra distancia, deja descansar los ojos. Parece demasiado simple, pero el objetivo es justamente evitar que una tarea visual prolongada termine pasando factura.



