Mercuriales

Querido diario:
Escena número 1
En el parque Eulogio Rosado, frente a la oficina de correos, un hombre de un metro sesenta aproximadamente y de complexión delgada alza la voz en un intento de imponerse al runrún de los que están en ese sitio y al ruido de camiones, combis y coches que transitan por las calles aledañas. Viste pantalones y camisa blanca y mocasines del mismo color. Luce un bigote minúsculo y tiene exceso de vaselina en el pelo. Con teatralidad abre una cajita de madera con aldaba, extrae de ella un paño de terciopelo rojo, lo extiende sobre la plancha de cemento y coloca encima numerosos frasquitos de cristal de color ámbar con etiquetas azules.
Señoras y señores, muy buenos días. Su atención por favor. Hoy les vengo a ofrecer un producto de suprema calidad y garantizado por eminentes médicos: un elíxir que cura todos los males que atacan a la humanidad desde que nuestros primeros padres Adán y Eva pecaron y nos convirtieron en seres imperfectos. Pregunto y espero que contesten con sinceridad: ¿Quién de ustedes no ha tenido molestos espasmos o retortijones que, de manera instintiva, nos hacen llevarnos las manos a la panza, nos obligan a inclinarnos contra nuestra voluntad y a mirar por todas partes para tratar de ubicar dónde hay un excusado a mano, por si las moscas? ¿Quién no ha tenido inoportunos dolores de cabeza, que no nos dejan pensar claro, que nos nublan la vista así haya un sol brillante que ilumina el planeta Tierra en esos momentos, que nos hacen concebir malos pensamientos e incluso que nos recuerdan los nombres de nuestros peores enemigos, comenzando con el de nuestra suegra? Que alcen la mano los que jamás han sentido picazón en las plantas de manos y pies, en la espalda, en las nalgas o en medio de ellas y, por educación y prudencia, no se rascan y cuando lo hacen tampoco logran el anhelado alivio. ¿Quién no ha escuchado de repente agudos y potentes zumbidos que retumban en nuestros tímpanos, nos aturden, nos aíslan por instantes al punto que nos impiden escuchar los llamados de auxilio de nuestra abuelita, el llanto de nuestros hijos pequeños o las mentadas de madre de nuestro vecino a quien hemos pedido que deshierbe el frente de su casa porque la maleza ya invade la acera de la nuestra? Interrogo nuevamente a todos los presentes: ¿Quién no se ha visto afectado alguna vez porque, de repente, sin qué ni para qué, se nos entiesa un dedo, el codo, la rodilla, el cuello e incluso toda nuestra humanidad hasta hacernos parecer estatuas de yeso, de mármol o de madera? ¿Y qué me dicen de ese espantoso calambre, de ese preocupante engarrotamiento, de ese molesto hormigueo como si, en efecto, recorrieran nuestra geografía humana la marabunta del Amazonas, esos temibles e implacables ejércitos de insectos depredadores con despiadas mandíbulas de los que se han hecho películas escalofriantes porque, más vale no dudarlo, pueden hacernos polvo en menos de lo que canta un gallo, polvo que se llevará una ventisca o un huracán, las aguas de un río revuelto, el aletear de pájaros prehistóricos o de vampiros terroríficos? ¿Y qué me dicen cuando se nos cierra la garganta lo que no solo no nos permite degustar nuestras sabrosas viandas, sino que también nos desmotiva a hablar, a comunicarnos con nuestros semejantes, a contarles nuestros deseos, nuestros problemas, nuestras angustias y que tratamos de reparar de manera ilusoria con unos tecitos caseros, cuando no con unas pastillitas que solo nos adormecen temporalmente la garganta pero que no curan el mal? Seguramente todos los presentes algún día nos hemos despertado y sentido desganados, abatidos, melancólicos, apáticos y hemos preferido no salir de nuestro lecho y dejarlo todo al destino. Les garantizo que de ahora en adelante ninguna de estas molestias sentirán o resentirán, si consumen este producto que solo hoy les ofrecemos a un precio realmente excepcional, al alcance de todos los bolsillos. Así que, estimados caballeros y finas damas, pídanle a mi asistente, que en este momento está entre ustedes, no uno ni dos sino tres, cuatro… todos los frasquitos que sean necesarios para que nadie de su familia se quede sin recibir las bondades y protección de este medicamento único, la octava maravilla del mundo, traído de las elevadas montañas del Tíbet, donde sabios y viejos monjes lo guardaron en secreto durante varios siglos. ¿Cómo dicen? No, ustedes disculpen, no damos fiado ni vendemos por abonos.
Escena número 2

Feria de Xmatkuil. Subida en la plataforma de un vehículo una mujer cincuentona, que lleva un delantal de flores, calza sayonaras y un micrófono atado al cuello, se dirige a los curiosos reunidos allí, que miran los artículos amontonados frente a ella.
Seño, señito, ahora sí que ya nos vamos, ya se acabó la feria, aquí se rompió una taza y cada quien para su casa, ¿no? Como todos ustedes saben y si no lo saben seguro que lo suponen, nos cuesta mucho dinero traer esta mercancía desde tan lejos y también llevarla de regreso y como no queremos ni podemos pagar más fletes hemos decido re-ma-tar-la para beneficio de todos ustedes y también para beneficio nuestro, pues pa´qué nos hacemos guajes. Entonces, comencemos: quién me da cinco pesitos por este precioso juego de pañuelos españoles, como los que usaba la Sarita Montiel en El último cuplé. ¿Quién dice yo, usted caballero, el de cabello rizado, usted dama, la de esos elegantes lentes, la señora que está justo aquí enfrente de mí, tiene usted permanente o su pelo es afro natural? Ándele, anímense, que no se van a arrepentir. Pueden acercarse con confianza para tocar la calidad del lino con el que están confeccionados estos pañuelos; durante la feria ofrecíamos gratis poner en cada uno de ellos las iniciales de sus nombres y apellidos, los de la novia o de la persona amada, pero la bordadora se fue ayer y … Quién se los quiere llevar a casita para sorprender a su esposa o esposo pues son unisex. ¿Nadie? ¡No lo puedo creer! ¡No sean tan agarrados! Bueno, se los dejo en cuatro pesitos, quién dice yo; para que vean que soy buena gente, que soy botarate, que soy su hada madrina, que soy su santaclós, se los dejo en tres, qué digo tres, ni ustedes ni yo: dos cincuenta pesos, ya no puedo bajarle más, de verdad, si no me va a regañar el dueño. ¿Quién quiere aprovechar esta oportunidad? Ah, van para allá los pañuelos españoles, muchas gracias. Aquí dicen que hace mucho calor durante todo el año, pero eso será en la ciudad de Mérida porque lo que es aquí en el escampado la humedad y los nortes no nos ha dejado dormir tranquilos. Gracias a Dios trajimos estos sarapes de Saltillo, como los que usaban los guapos de Pedro Infante, Abel Salazar y Víctor Manuel Mendoza en Los tres García. ¿Se acuerdan cómo los regañaba doña Sarita, como si fueran sus escuincles? Solo hoy se los daremos prácticamente regalados. ¿Quién me da cincuenta pesos por esa hermosa pieza hecha a mano para reírnos del frío? Es de lana pura o de pura lana, que para el caso es lo mismo. Si se cubre con este sarape no necesitará ponerse ninguna otra prenda para soñar con los angelitos, como mi viejo, y esto es una confidencia que les hago ahorita aprovechando que no está por aquí, que le gusta dormir en cueros dizque porque es muy macho. Por diez pesos más le entrego ahora mismo un sarape 25 centímetros más grande y por diez pesos adicionales otro 50 centímetros mayor, para que usted y la doña duerman juntos sin estarse tirando de la manta, pues, no me lo vayan a negar, cuando lo hacen a veces como que se les queda una pierna o una nalga descubierta, que corre el peligro de congelarse por la heladez, como dicen aquí. Así que no lo piensen ni lo duden más y saquen esos 70 pesitos y adiós a las noches polares. ¿Este sarape es para…? Para esa abuelita de hipil que hoy sí va a dormir calientita, como cuando su noche de bodas, verdad madrecita, verdad padrecito, cómo que ya no se acuerdan de su noche de bodas, no sean gachos, claro que se acuerdan, mírenles sus sonrisas de picarones, ya sabemos que el amor nunca pasa de moda y hasta donde alcanzo a ver ellos sí que saben pasársela bien juntos. ¡Que lo aprovechen! Ahora toco el turno a estos soberbios perfumes …..
Hasta la próxima.



