Decálogos

Querido diario:
Olvidar cosas es un claro indicio de que ya estamos viejos, según dicen los que saben. O al revés: repetir las cosas una y otra vez es síntoma de chochez (un verso sin esfuerzo). Pero como resulta chocante expresar eso ya me lo habías dicho, unos parientes muy queridos acordaron pronunciar una palabra clave para no incomodar al repetidor o repetidora. La palabra me gustó por su innegable sabor regional: Tikinxic.
Así que puse en práctica esta estrategia:
–El sábado tenemos comida con los Gerson.
–Tikinxic
–¿Eso van a dar de comer?
–No lo sé.
–Ah.
–Tus nietos van a venir a desayunar el sábado.
–Tikinxic.
–No creo que les guste; ellos solo comen waffles y hot cakes con miel de abeja y leche con Quick.
–Ah.
–El 28 de este mes es nuestra cita médica.
–Tikinxic.
–El 30 de octubre hay que ir para que nos hagan los análisis.
–Tikinxic.
–Hoy tienes que ir al banco por tu pensión.
–Tikinxic.
–Creo que los vecinos están de viaje porque no he oído ningún ruido desde hace varios días.
–Tikinxic.
–Quiero comprar un nuevo juego de sábanas porque las que tenemos ya están muy usadas.
–Tikinxic.
–Llama al técnico de la lavadora y el refrigerador porque están fallando.
–Tikinxic.
–¿Tomaste tus pastillas para dormir?
–Tikinxic.
–¿Ya está lista la comida, querida?
–Tikinxic.
Luego me quedé pensando en cómo entonces se va a dar cuenta la persona en cuestión si no hacemos énfasis en que está repitiendo las cosas. Creo que volveré al eso ya me lo habías dicho y veré en qué cocina económica venden tikinxic para devorármelo cueste lo que cueste.
Decálogos
Mi amiga Ethel Thumb, que trabaja en un ente denominado Consejo Institucional para la Elaboración de Díctums (CIED), me dejó ayer un sobre con estos materiales.
Decálogo del inconforme
1.- Cuestiona lo establecido.
2.- Rechaza la complacencia.
3.- Valora la incomodidad.
4.- Piensa por ti mismo.
5.- Propón soluciones.
6.- Abraza el error.
7.- Defiende tu autenticidad.
8.- Desafía a la autoridad.
9.- Mantén viva la curiosidad.
10.- Persigue la utopía.
Decálogo del conformista
1.- Sigue la tradición.
2.- Busca tu zona de confort.
3.- Dilúyete en la masa.
4.- Acata órdenes y ahórrate el trabajo de pensar.
5.- Resígnate ante lo inevitable.
6.- No te arriesgues a lo tonto.
7.- Procura la aprobación de los demás.
8.- Evita las sorpresas e imprevistos.
9.- No pretendas saber demasiado.
10.- Vive el realismo.
Ambos textos venían con este recado-instrucción:
[…] Tuuskeepito:
Escribe una palomita o una tacha al final de cada una de las expresiones de ambos perfiles, según los consideres pertinentes o no; eso nos ayudará a entrenar mejor a nuestra IA.
Besos (a la francesa)
Tuya (pero de mentiritas)
E.T. […]
Hasta la próxima.
P. D. Algarabía es una revista de divulgación mexicana que aborda temas relacionados con lenguaje, ciencia, arte, cultura e historia. En Algarabía Niños # 10, correspondiente a los meses de junio-julio de 2015, se publicó que la expresión ¡Vete al carajo! originalmente se refería al hecho de cuando un capitán mandaba a uno de sus marineros al carajo, es decir, a esa especie de canastilla que se colocaba en el mástil mayor de las embarcaciones que surcaron los océanos durante varios siglos. Sin embargo, esa afirmación carece de sustento, pues en la documentación colonial disponible no aparece por ninguna parte el término carajo para referirse a la mentada canastilla; en cambio, sí están presentes los de cofa, primero, y luego el de gavia. Esto lo afirma la investigadora Flor Trejo Rivera en su ensayo que forma parte de Hablar y vivir en América. Y añade:
[…] No obstante, existe una palabra con un sentido similar al que se atribuye a carajo [mandar muy lejos a los que se lo merezcan] y que sí está relacionada con los aparejos. Como explicaba líneas arriba, los mástiles desempeñaban la función de sostener las velas. El árbol era el sostén vertical, mientras que la pieza de donde se colgaba y sujetaba el trapo se llamaba verga. En término totalmente náuticos, verga es el palo donde se enverga la vela. Ahí sí mandaban a los marineros, pues era donde tenían que subir para recoger las velas cuando se daba la orden de izar alguna de ellas […] (p. 120)
Aquí tenemos un buen ejemplo de por qué siempre es importante llevar a cabo una crítica de fuentes para no irnos con la finta.



