Retos

Querido diario:
Me siento privilegiado porque tengo la oportunidad de convivir con personas de al menos dos generaciones, si consideramos que este criterio social abarca un lapso de treinta años o menos. Lo considero algo excepcional porque los grupos de edad generalmente tienden a excluirse por la incompatibilidad de gustos e intereses.
¿Cuál es el propósito de esta breve introducción? Contarte que, a invitación de una joven colega, como gusta que la llame, aunque no ejercemos ni la misma profesión ni el mismo oficio, he asistido a reuniones informales en las que el único requisito es estar dispuesto a asumir retos.
¿Qué tipo de desafíos? Aquí viene lo bueno: el criterio básico es que el participante renuncie del todo a su rutina, que haga algo nuevo, algo que jamás haya hecho antes en su vida por las razones que sean. Me dirás que eso tiene sus riesgos y estaré de acuerdo contigo… hasta cierto punto, ya que, a diferencia de otras dinámicas, como el juego de las prendas, por ejemplo, nadie te indica o te manda lo que debes hacer, sino que tú te lo autoimpones.
No voy a contar experiencias ajenas por respeto a la privacidad y la autonomía de cada quien, solo hablaré de mis propios retos que escribí en una hoja tamaño carta para tenerlos claros y presentes. Me gustaría alardear de que mi existencia ha sido agitada o algo por el estilo, pero, muy a mi pesar, debo confesar que no registra grandes sobresaltos ni salvajes aventuras. O sea, normal, como los de la mayor parte de los mortales.
Sin embargo, aunque parezca paradójico, el sosiego, la casi imperturbabilidad de mi historia personal me incentivó a buscar experiencias que exigieran más de lo acostumbrado a mi hemisferio derecho, donde ocurren las sinapsis que nos hacen ser más creativos, empáticos, holísticos, emotivos.
Mis retos
Me paré de cabeza. (Lo hice con mucha dificultad, me mareé horrible y luego no sabía cómo despararme)
Me puse un disfraz de Superman y fui al súper. (No me fijé en los rostros de los otros clientes porque mantuve la vista firme al frente, como cuando Clark Kent observa a Lois Lane)
Fui a un salón a que me hicieran manicure y pedicure. (Las damas presentes no dejaron de cuchichear durante toda la sesión, pues yo era el único del sexo masculino en el lugar)
Subí al escenario de un karaoke. (Pedí al DJ que pusiera el Chinito Koy Koy y me respondió que no la tenía; como no me sabía otra, enseguida me bajé)
Me vestí con una guayabera XXL. (En la parada del camión todos me miraron de reojo, pero solo uno cuchicheó: ¡Maaare, estaba más grande el difunto!)
Me calcé unas sandalias Crocs y fui a una conferencia pipiris nais al Country Club. (No me dejaron pasar porque se necesitaba una contraseña o al menos eso alegaron)
Agarré un hermoso caracol marino y lo soplé con fuerza. (No salió ningún sonido)
Me tomé tres caballitos de tequila. (Y acabé en urgencias del O´Horán)
Me subí a un monociclo. (No avancé ni metro y medio y me caí. Te lo dije, me dijo mi compañera)
Me puse una bermuda y una camisa floreadas estilo hawaiano. (Y rápido me salió chamba para una fiesta en San Crisanto)
Compré una manita para rascarse. (Pero nunca pude alcanzar el punto donde tenía urticaria)
Me tatué en una zona recóndita de mi cuerpo. (Más te vale no especular)
Coloqué cuatro bocinotas en mi coche. (Me detuvo la policía por alterar la paz pública)
Asistí a una batalla de farmear aura. (No entendí ni jota) https://www.tiktok.com/@sosa_telodice13/video/7676149189906124045
Le escribí una carta al rey Charles Philip Arthur George III para que me invitara al palacio de Buckingham. (No me ha contestado hasta ahora. Le diré a Andy que no pierda la esperanza de México)
P. D.
Solo para que conste: estoy considerando seriamente no aceptar más retos de esta naturaleza porque superan mi nivel de tolerancia al ridículo. Por otra parte, creo que para tener una vida digna de contar tendré que leer más libros.



