La lista de Luisa María

Querido diario:
El pasado trece de agosto, el programa Derecho de réplica, que de ordinario es ignorado por la mediosfera, generó una rebambaramba tal que su conductora Luisa María Alcalde, que también funge como consejera jurídica de la presidencia, tuvo que salir a dar la cara para intentar calmar las aguas, pues se acusó al gobierno de Claudia Sheimbaum de autoritario y censor, por decir lo menos.
¿Qué pasó ese día? La funcionaria hizo un análisis de cómo opera una supuesta sincronía entre medios, periodistas, políticos, comentócratas y redes sociales que tiene como objetivo común atacar o golpear a la 4T.
Para ejemplificar la operación de este ecosistema, Luisa María exhibió en pantalla una relación de nombres de conocidos comentaristas y/o conductores, políticos, especialistas en diversos asuntos, así como de portales de internet y cuentas virtuales, que casi inmediatamente después de concluida la transmisión ya cargaba con el sambenito de lista negra.
Para mala suerte de Luisa María, la mayoría de los medios mexicanos, con la notoria excepción de Televisa, desenterraron de sus archivos una entrevista que le hicieron a Claudia, cuando era jefa de gobierno, donde claramente condena la elaboración de listas, pues dice que solo las elaboran los fascistas, los macartistas y la ultraderecha.
Como era de esperarse, ante la avalancha mediática, la presidenta defendió a capa y espada a su colaboradora y enfatizó que en México no hay censura gubernamental y que se goza de total libertad de expresión.
El asunto tiene relevancia pues ocurre en el marco de la consulta para regular el anteproyecto de «Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias», que coordina la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) y concluye este 21 de agosto.
Este no es el primer desencuentro de la 4T con los medios de información, pero sí uno de los más encrispados por las circunstancias internas y externas que predominan en este momento, como los problemas en materia de violencia en varias entidades y la problemática relación bilateral con EE.UU., en especial con Trump y su equipo cercano, quienes parecen dispuestos a ir o venir por los narcoterroristas y los narcopolíticos.
Soy partidario de que el gobierno divulgue y defienda sus puntos de vista a través de las mañaneras, su propio ecosistema de periodistas y medios afines, lo mismo que los canales de radio y TV públicos, que a diferencia de lo que ocurre en Inglaterra o Francia, por ejemplo, nunca se han conducido como órganos de Estado sino como arietes de la administración en turno. Pero parece que no basta contar con ellos ni siquiera con la aprobación positiva que mantiene Claudia.
El análisis de Luisa María denota varias cosas: primera, que Morena, que controla el Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y predomina en los gobiernos estatales y municipales, no se siente invulnerable, con todo y la fortísima concentración del poder que, a juicio de propios y extraños, jamás se había visto en la política mexicana, ni siquiera en la época dorada del PRI hegemónico.
Segunda: que cuando eran oposición, las y los actuales mandamases, se sirvieron con la cuchara grande de la crítica contra el régimen, pero luego de que capturaron el poder, resultaron demasiado sensibles al escrutinio público.
Tercera: que atribuir una capacidad de concertación excepcional y sofisticada entre medios, periodistas, opinadores, políticos, redes, etc., más que inferir un nivel de abstracción y análisis nos lleva a sospechar que las cúpulas políticas de Morena son víctimas de un espíritu cospiranoico, muy al estilo, ¡ay!, del trumpismo.
Cuarta: que, ante la eliminación física de periodistas en el sexenio pasado y en el actual, satanizarlos de nueva cuenta como adversarios, enemigos del pueblo, entreguistas, antimexicanos, etc., etc., puede incentivar a uno que otro patriota a hacer méritos para congraciarse con los poderosos.
Quinta: que, en el imaginario de Claudia, Luisa María, Morena y demás, el gobierno todo lo hace maravillosamente bien, es decir, no comete errores en los hechos y, en consecuencia, los ciudadanos deberíamos hacer a un lado nuestro sano escepticismo y nuestras críticas y asumir la actitud propia de creyentes de un dogma.
Con excepción de los medios que posee Salinas Pliego, confrontado personalmente con Claudia y la 4T, que solo difunde lo malo de ese movimiento y de sus gobiernos, en lo general los periódicos, revistas, radiodifusoras y canales de TV, se esfuerzan por desplegar una difusión equilibrada, en la que se escuchen, al menos, dos versiones de un mismo hecho. Para fortuna nuestra, en nuestro país aún podemos cambiar de canal o de estación radiofónica si no nos gusta o nos aburre lo que estamos viendo o escuchando y como somos contreras, basta con que el gobierno prohíba algo (“No vean TV Azteca”, como dijo Claudia) para que los gobernados hagamos lo contrario.
En cuanto a las redes sociales, es posible, con base en lo que dijo Luisa María, que los trols y bots del gobierno estén perdiendo la batalla contra sus homólogos de la oposición, o así se percibe desde el poder, porque en ese rubro, a menos que la administración entre en componendas con los propietarios de las plataformas, no hay manera de meter en cintura a los usuarios. En lo personal no sigo a nadie ni nadie me sigue, así que no pierdo mi tiempo en escrutarlas.
En síntesis, valdría la pena que el gobierno se serene, ejerza la autocrítica, escuche con empatía las críticas propositivas de la oposición, dinamice más la economía, no polarice y finalmente cultive la confianza entre los ciudadanos. ¿Es mucho pedir?
P. D. En lo que va del mes he tenido la fortuna de platicar con mis amigos Sergio Quezada, Emiliano Canto Mayén y Jaime Méndez Mendoza, quienes hicieron gala de su generosidad y me obsequiaron libros, algunos de ellos de su autoría. Haré las fichas correspondientes antes de ingresarlos al acervo de mi biblioteca.



