México

Los videojuegos y las redes sociales son el nuevo gancho de los criminales en México

Diversas investigaciones alertan del peligro del uso de plataformas digitales entre menores de edad, quienes pueden ser víctimas en estos espacios de abuso sexual infantil en línea

La publicidad juega otro papel pues llega a las infancias a través de la televisión, internet, redes sociales, videojuegos y mediante los influencers, dice Profeco. Foto: Imagen ilustrativa creada con IA.

Ciudad de México, 26 de julio (SinEmbargo).– Ante el creciente uso de dispositivos móviles así como de plataformas digitales entre menores de edad, autoridades de diversos países están buscando fortalecer los mecanismos para que niñas, niños y adolescentes tengan un acceso restringido a estos espacios, como es el caso de Francia y como es el objetivo de la Secretaría de Educación Pública (SEP) en México, debido a los múltiples peligros a los que se exponen las infancias en estos sitios virtuales.

Uno de estos peligros que se pueden hallar en las plataformas digitales es la violencia sexual. Por ejemplo, el periódico The Guardian dio a conocer que, a nivel mundial, la denominada «explotación sádica en línea» registró un alarmante incremento, lo que ponía en riesgo la integridad de las infancias que hacen uso de plataformas virtuales. También un estudio de Disrupting Harm México reveló que cerca de 1.6 millones de adolescentes en México sufrieron abuso o explotación sexual en línea.

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En su informe sobre violencia sexual infantil en el entorno digital en México de 2023, la organización Te Protejo dio a conocer que en México se tenían registrados más de dos mil casos sospechosos de imágenes o videos con contenido de violencia sexual infantil, de los cuales el 52 por ciento correspondía a material autoproducido a través de dinámicas como el grooming y el sexting, en donde las principales víctimas eran niñas y adolescentes de sexo femenino.

La explotación en línea crece a nivel mundial

Un artículo publicado el pasado 20 de julio por The Guardian evidenció un alarmante incremento a nivel mundial de lo que los especialistas definen como «explotación sádica en línea», una forma de manipulación contra los menores, quienes son sometidos a violencia física, psicológica y abuso sexual. Sitios de videojuegos y redes sociales son utilizados por los depredadores para ganarse la confianza de los menores para después extorsionarlos con material íntimo con el cual ejercen un severo control para obligarlos a realizar actos progresivamente degradantes.

Protesta contra el abuso sexual. Foto: Archivo/Cuartoscuro

De acuerdo con el Centro Nacional para Niños Desaparecidos y Explotados (NCMEC), bajo esta modalidad de violencia, los depredadores manipulan a niños, niñas y adolescentes vulnerables para obligarlos a producir material de abuso sexual infantil; realizar actos de autolesión, como cortarse la piel o grabarse en el cuerpo el nombre de su agresor; consumir sustancias humillantes, como su propio vómito u orina; infligir daños físicos a sus familiares o sus mascotas; y, en casos extremos, atentar contra su propia vida.

Kathryn Rifenbark, directora del NCMEC, explicó que tras contactar a los menores e interactuar con ellos, los agresores empiezan a ganarse la confianza de los pequeños hasta que llega el momento en que les solicitan imágenes o videos explícitos iniciales. Una vez que obtienen dicho material, lo utilizan como chantaje para exigir que las víctimas realicen actos cada vez más degradantes y violentos, bajo amenaza de difundir el contenido entre sus familiares y amigos o en sus escuelas.

Tan sólo en 2025, el NCMEC recibió más de tres mil reportes por explotación sadista en línea en todo el mundo, un incremento del 125 por ciento con respecto a las denuncias que recibió en 2024. Sin embargo, los expertos advierten que estas cifras representan solo una fracción del problema real, ya que el NCMEC sólo recibe alertas cuando se detecta y denuncia el contenido de material explícito de abuso sexual infantil en las plataformas, por lo que otras formas de violencia se quedan fuera de los registros oficiales.

También se identificó que muchos de los agresores son adolescentes o adultos jóvenes aislados socialmente que con frecuencia forman parte de redes organizadas, por lo que para captar a sus víctimas se involucran en entornos virtuales populares entre los menores, como entornos digitales frecuentados por menores, como Minecraft, Roblox y Discord, así como en grupos de redes sociales dedicados a la salud mental o trastornos alimentarios. En estos espacios, ubican a menores en estado de vulnerabilidad para cooptarlos y después ejercer una manipulación contra ellos.

Los expertos alertaron que los depredadores centran su búsqueda en menores con dificultades emocionales o aislamiento social que se unen a plataformas virtuales en donde expresan sus problemas. Esta necesidad de apoyo y de ser escuchados es aprovechada por los agresores para ganarse la confianza de los menores. Una vez establecido el contacto, el agresor orilla al menor a continuar la comunicación fuera de las plataformas públicas, principalmente a servicios de mensajería cifrada como Telegram.

En estos canales de mensajería, caracterizados por una moderación limitada y un bajo nivel de reportes, los abusos pierden visibilidad. Allí, los agresores extorsionan a los menores y les exigen imágenes íntimas, que después utilizan para amenazarlos con difundir sus datos personales y fotografías.

Por ello, el Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) emitió alertas públicas advirtiendo sobre la proliferación de redes violentas en línea, entre las que destaca el grupo denominado «764». La agencia incluyó a estas comunidades dentro del Extremismo Violento Nihilista, un movimiento que busca generar caos social, destrucción y sufrimiento, motivado por la búsqueda de gratificación sexual, estatus en subculturas digitales y sentido de pertenencia.

El nivel de control coercitivo que ejercen los agresores sobre los menores genera una severa dependencia psicológica. Los expertos del NCMEC destacaron que, cuando los padres descubren la situación y retiran los teléfonos a sus hijos, en muchas ocasiones los menores buscan desesperadamente otros dispositivos en desuso dentro del hogar para reanudar la comunicación con sus victimarios, impulsados por el miedo a represalias o a que sus datos personales sean filtrados en la red.

El abuso sexual infantil crece en México, pero con leyes laxas no se ataca a fondo, dijo la ONU en 2019. Foto: DGCS UNAM

México enfrenta una crisis silenciosa

El pasado 23 de junio, Disrupting Harm México presentó un estudio que revela una preocupante problemática en plataformas virtuales. Según la investigación, uno de cada ocho adolescentes usuarios de internet en México sufre explotación o abuso sexual en línea cada año, lo que representa cerca de 1.6 millones de personas menores de edad. Esta forma de violencia representa una amenaza creciente que vulnera la integridad física, emocional y social de la niñez y juventud mexicana.

Este fenómeno ha alcanzado proporciones masivas debido a la acelerada expansión del acceso a redes sociales, aplicaciones de mensajería y plataformas de interacción virtual sin los esquemas de protección adecuados. La organización subraya que la hiperconectividad y el uso temprano de dispositivos móviles han transformado el espacio digital en un entorno donde los menores enfrentan riesgos continuos y dinámicas de victimización que trascienden las fronteras nacionales.

El informe destaca que la violencia sexual en línea se manifiesta a través de múltiples modalidades, entre las que destacan la extorsión sexual, la captación por parte de adultos, la coerción para la producción de material íntimo y la difusión no consentida de imágenes o videos explícitos. Aunque los delitos digitales impactan a menores de diversas edades y géneros, las adolescentes y niñas se ven desproporcionadamente afectadas por esquemas de acoso y manipulación psicológica.

Asimismo, el estudio, que se realizó de forma conjunta con la UNICEF, ECPAT International e INTERPOL, señaló que el uso de nuevas tecnologías e inteligencia artificial para crear o alterar contenidos explícitos sin consentimiento ha agravado esta problemática, la cual genera un impacto severo y duradero en el bienestar de los menores, quienes suelen desarrollar trastornos de ansiedad, depresión clínica, aislamiento social, pérdida de la autoestima y, en casos graves, conductas de autolesión o ideación suicida.

Según cifras de Disrupting Harm México, las víctimas de abuso sexual digital tienen 15 veces más probabilidades de autolesionarse y 12 veces más probabilidades de presentar pensamientos o conductas suicidas en comparación con quienes no han estado expuestos a este tipo de violencia. El 32 por ciento decidió no contarle a nadie lo sucedido, principalmente porque sintieron vergüenza, temor o por no saber a qué instancias acudir a denunciar los hechos de los que fueron víctimas.

Estos datos también señalaron que menos del 1 por ciento de los casos llega a reportarse ante las autoridades policiales. Esta falta de denuncia refleja cómo este tipo de violencia se encuentra altamente invisibilizada y, en muchos casos, normalizada entre la población joven, lo que se convierte en una enorme barrera en la búsqueda de ayuda y justicia, a pesar de la magnitud y gravedad de dicha problemática, que a su vez genera un proceso de revictimización que altera el desarrollo y deteriora el entorno del menor.

Otros hallazgos reveladores del informe señalan que en el 64 por ciento de los casos identificados por Disrupting Harm México las víctimas conocían a sus agresores, quienes eran principalmente sus amistades, parejas o personas de su entorno familiar. Además, el 67 por ciento de los incidentes ocurrieron a través de redes sociales, lo que evidencia la estrecha relación entre el plano digital y el entorno de las y los adolescentes, lo que puede dejar secuelas psicológicas graves para el bienestar mental de la juventud.

La UNICEF enfatizó que la proliferación de estos delitos está favorecida por serias deficiencias en el diseño y la regulación de las plataformas digitales, como la falta de mecanismos efectivos de verificación de edad, la escasez de filtros y moderación de contenidos en tiempo real, y un algoritmo diseñado para mantener la interacción prolongada sin salvaguardas. Frente a este panorama, el estudio resalta el rol crucial que deben desempeñar madres, padres, cuidadores, docentes y comunidades educativas como primera línea de contención.

Padres y madres de familia se manifestaron frente a las instalaciones de la entonces Procuraduría de Justicia de la Ciudad de México para exigir que detengan a los probables responsables del abuso sexual infantil en una escuela. Imagen para ilustrar la nota. Foto: Saúl López, Cuartoscuro.

El grooming y el sexting impulsan abuso sexual infantil

En 2023, la plataforma en línea Te Protejo registró más de dos mil reportes sospechosos de imágenes o videos con contenido de violencia sexual infantil en México. En su informe titulado “Violencia sexual infantil en el mundo digital”, el organismo destacó que aunque sus cifras son alarmantes por sí mismas, la magnitud real del problema podría ser mayor al tomar en cuenta los datos del NCMEC, que en 2021 contabilizó 793 mil 721 reportes sospechosos en territorio mexicano.

Uno de los hallazgos más graves del estudio de la organización, que opera desde Guadalajara, Jalisco, como una línea de reporte en colaboración con autoridades nacionales e internacionales y con el respaldo de gigantes tecnológicos como TikTok, Meta, X, YouTube, Google y Movistar, es el alto porcentaje de material generado por las propias víctimas, en muchos casos bajo engaño, presión o coacción, 52 por ciento, uno de cada dos. El 34 por ciento, uno de cada tres, es producido por terceros.

La organización explica que este fenómeno suele originarse a partir de la práctica del sexting, que incrementó notablemente tras la pandemia, o mediante estrategias de grooming. Esta última práctica consiste en un conjunto de técnicas mediante las cuales depredadores digitales emplean perfiles falsos y herramientas tecnológicas para engañar, coaccionar o chantajear a niños, niñas y adolescentes, manipulándolos para que realicen actos de índole sexual o produzcan y compartan imágenes.

Respecto al género de las víctimas, el informe detalló que nueve de cada 10 reportes corresponden a niñas y adolescentes de sexo femenino, lo que confirmó que el riesgo de sufrir este tipo de violencia digital es mayor para las mujeres. En cuanto a la edad de las víctimas, el 61 por ciento de los casos se concentró en menores de entre 4 y 13 años, lo que convierte a este grupo en el de mayor vulnerabilidad. Por su parte, el grupo de 14 a 17 años representó el 39 por ciento de los casos.

Por ello, Te Protejo hizo un llamado urgente a impulsar reformas legislativas integrales que trasciendan la simple regulación de contenidos. El informe demandó la implementación de normas que garanticen entornos de navegación digital verdaderamente seguros para la infancia, así como la creación de marcos legales eficaces para prevenir, combatir y erradicar el material de abuso sexual infantil.

Sin Embargo

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