Cultura

Los cronistas de Mérida y la Universidad de Yucatán

El antiguo Salón del Consejo de la Universidad Autónoma de Yucatán fue sede el día jueves de una mesa panel con tres de los cinco integrantes del Consejo de Cronistas de la Ciudad de Mérida, citados para una charla en el marco del «mes de la identidad universitaria». Cada uno de los tres cronistas presentes habló sobre sus propios vínculos con la universidad —en formación y docencia— y de las maneras en que sus símbolos han evolucionado con el paso de los años. El evento se difundió en un formato híbrido, con un público presente en la sala y transmisión en vivo por las redes de la UADY y la Radio Universidad.

Acudieron a la discusión las cronistas nombradas este año por el Ayuntamiento, María Teresa «Teté» Mézquita Méndez e Ileana Beatriz Lara Navarrete, junto con Jorge Cortés Ancona, distinguido colaborador de EstamosAqui.MX. El nombre de Jorge Victoria Ojeda apareció en la convocatoria, aunque el historiador no estuvo presente en el evento.

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Es notable la exclusión del quinto cronista en el Consejo, Gonzalo Navarrete Muñoz, que ostenta el título desde 2005 y quien entró en polémica en los últimos meses por su oposición pública al histórico nombramiento de Teté Mézquita. Desde el mes de abril, la alcaldesa Cecilia Patrón Laviada informó que la Comisión de Equidad de Género del Ayuntamiento revisaría la posibilidad de destituirlo por presunta violencia de género en sus comentarios tras una serie de denuncias.

Moderó Andrés Tinoco Ceballos, de Radio Universidad, quien de inmediato resaltó el «sello universitario» del actual Consejo de Cronistas: los tres cronistas reunidos son, además, docentes en la institución.

Tinoco solicitó a cada uno de los cronistas definir lo que para ellos significa la «identidad universitaria». Lara Navarrete consideró que el nivel licenciatura es el momento en que «la identidad personal se transforma en identidad profesional y ciudadana». Los tres acordaron en dos puntos básicos: el compromiso social y el respeto por la diversidad.

Al respecto, Cortés Ancona elucidó señalando al mural a espaldas de los hablantes, que muestra la integración educativa de diversos sectores sociales a cargo de varias figuras clave en la historia de la institución: «trabajadores, campesinos y personas del pueblo maya […] [es importante] que no solo sean estudiantes de zonas hegemónicas de Mérida, [sino de] otras poblaciones de la península y otras regiones». Subrayó también a la pluralidad y apertura ideológica que ha sido característica desde los primeros rectores, así como el laicismo distintivo «sin impedir estudios de la religión» y que se relaciona con la formación masónica de los primeros funcionarios. «Mucho tiene que ver la identidad con la tolerancia, el respeto y la diversidad, con la pluralidad de ideas y de estratos sociales», concluyó.

Perpetuar la identidad universitaria implica difundir sus símbolos y su historia. Sobre ésta, Cortés Ancona no dejó de destacar la herencia jesuita y sanjuanista de la educación superior en Mérida. Mézquita añadió que es necesario comunicar la historia de la institución y hasta del propio edificio de manera sistematizada y no solo por símbolos dispersos, pero también reconocer que las tradiciones cambian. Ofreció el ejemplo de la «tradicional» fotografía de egreso, que antes se tomaba junto al pozo del edificio central, pero que se ha trasladado a un nuevo espacio en un edificio administrativo porque ahí es donde se recogen los diplomas.

Lara opinó que parte de su labor como cronistas es la difusión de aquellos símbolos y elementos. Ella da clases de «Patrimonio» en que organiza viajes donde los alumnos «aprenden a amar más a su estado», y ve cambiar la actitud de quienes antes minimizaban la cultura local. Su labor en la Facultad de Ciencias Antropológicas le parece bien lograda, pues entre los alumnos «hay un reconocimiento pleno de sus raíces culturales» y observa una mejor convivencia intercultural e interclasista que en las instituciones privadas donde también da clases. «Todos van reconociéndose en este espacio».

Para Cortés es un elemento significativo la relación de la UADY con la literatura, una relación que «se debe seguir fomentando». Recordó que antiguos rectores como Eduardo Urzaiz Rodríguez y Enrique Aznar Mendoza tuvieron ilustres carreras literarias, que se han editado grandes volúmenes en la institución y que fue hogar por muchos años del famoso taller literario de Joaquín Bestard Vázquez. En tiempos recientes, le ha parecido sobresaliente el crecimiento de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY), a cargo de Mézquita, por la gran expectativa que genera y su alcance a los niños y los jóvenes.

En las familias de Jorge y Teté abundan las conexiones con la casa de estudios. El padre de Mézquita Méndez fue profesor en la Facultad de Contaduría. Cortés recordó a su padre y a un tío abuelo que, provenientes de la clase trabajadora, estudiaron en la UADY cuando uno tomaba clases completamente trajeado. En los tiempos del tío abuelo, incluso, las materias se enseñaban con libros en francés —aunque muchas veces el idioma no era hablado, solo leído—. «Uno puede ver ese ascenso social» en el rápido cambio de circunstancias entre sus familiares.

El hermano de Jorge, Carlos Cortés Ancona, fue director de la Facultad de Economía entre 1981 y 1982. Jorge Cortés recuerda que él alguna vez tuvo la intención de ingresar a la Facultad de Ciencias Antropológicas, pero se le advirtió que «tendría problemas» por el cargo de su hermano en un clima tenso de conflictos interuniversitarios, y finalmente optó por la carrera de Derecho.

Antes de concluir su participación, el cronista mencionó la recuperación de la memoria del destacado abogado sindical y líder estudiantil Efraín Calderón Lara «Charras», asesinado por el Estado en 1974, cuya memoria y homenaje antes ocurría por la vía independiente entre el alumnado, pero cuyo símbolo ahora se encuentra en diversos espacios oficiales a lo largo de la península. Por otra parte, celebró que ahora los conflictos se pudieran mediar y resolver dentro del marco normativo de la institución.

Ileana reflexionó sobre su legado y su principal esperanza póstuma: que sus alumnos la recuerden por su interés permanente en el impacto social de sus enseñanzas. «El aula es un pretexto para hablar de eso». Abrazó el enfoque social de la universidad, que se refleja en las áreas de enfoque de su facultad —«Antropología social», «turismo social»—. Aseguró que cuando sea el turno de sus alumnos de tomar decisiones importantes para la región, ella estará «con un bastón» reclamándoles porque hagan las cosas bien.

Si coincidimos con el posicionamiento de los cronistas sobre la necesidad de que los jóvenes conozcan la historia de su institución —y más aún, a sus profesores y entorno actual—, de que comprendan su influencia social y cultural, el interesante evento seguramente hubiera sido más atractivo para los estudiantes de haberse organizado dentro del calendario de actividades escolares. El tema da para un semestre entero como mínimo.

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