La gobernadora Layda Sansores acude al Congreso del Estado en un intento por disipar las versiones sobre su salud y contener su supuesto «divorcio político» con el legislador Antonio Jiménez.

San Francisco de Campeche, Cam., 21 de septiembre. — En un escenario marcado por la incertidumbre y la estricta reserva sobre su estado de salud —tras trascender informaciones que apuntan a por lo menos tres ingresos hospitalarios recientes—, la gobernadora Layda Sansores San Román acudió este lunes al recinto del Poder Legislativo.
El motivo oficial: presenciar el informe de labores del presidente de la Junta de Gobierno y Administración del Congreso, Antonio Jiménez Gutiérrez. Sin embargo, más allá de la formalidad republicana, el acto escenificó el punto más crítico del encono oficialista.
La presencia de la mandataria pretendió proyectar una atmósfera de madurez y unificación que colisiona de manera flagrante con la realidad inmediata.
La opinión pública y los círculos políticos locales atestiguan lo que ya se califica como un divorcio político irreversible entre Layda Sansores y Antonio Jiménez. Este cisma, fraguado durante la ríspida discusión y posterior aprobación del presupuesto estatal, no solo dividió las posturas parlamentarias, sino que fracturó de forma estructural las bases de Morena en la entidad, deviniendo en una ruptura que se antojaba insalvable.
El rigor del acto protocolario, por tanto, resulta insuficiente para resarcir las profundas heridas institucionales. La obligada fotografía de la unidad republicana emerge como una simulación estética frente a la gravedad de los acontecimientos.
Ni la distancia real entre el Ejecutivo y el Legislativo se ha acortado, ni se han disipado las dudas sobre la opacidad con la que se conduce la salud de la titular del Ejecutivo. El encuentro de hoy no representa una tregua, sino la ratificación de un distanciamiento que la formalidad ya no alcanza a ocultar.



