
Jueves triste, me he rehusado a todo lo que me ofrecían los amigos y la gente, saliendo solo para pasear sin rumbo y sin ningún propósito. Es un día gris, la niebla de la madrigada ha descendido suavemente, dificultando la respiración y sepultando la ciudad.
Ya no sé qué pensar, del abatimiento pasó de un salto a la mayor exaltación de ánimo y un momento después a la esperanza más loca.
Vivir solo estas alteraciones es algo atroz. Soy un prisionero de mi silencio. Mi soledad y nadie jamás sabrá de mi sufrimiento.
La gente continúa mirándome de igual forma, sin darse cuenta del drama que se desarrolla en mí. Los pocos amigos que me quedan deben pensar que estoy molesto por alguna tontería más. ¡Si ellos supiesen!
Por otra parte, ¿De qué me serviría que lo supieran?. No comprenderían. Estoy sola irremediablemente solo.
Han pasado ocho días sin haber escrito una sola palabra, y siempre la misma desidia. Me revuelco por las noches, hasta parece que mi mal es grave. Imagino una especie de cáncer que me corroe, y que va ganando progresivamente todo mi cuerpo. Todo mi ser, la muerte de mi hermano al marcharse a otro plano ha abierto en mí un enorme vacío y progresivamente ese vacío se ha agrandado. Jamás hasta ahora he sentido tan intensamente la nada de mi vida. ¿Por qué?



